Contemplación, el silencio de la mirada perdida – Curso de comunicación con la naturaleza VII

Cuando me acuerdo de los años que pasaron hasta que fui capaz de aquietar la mente lo suficiente como para atisbar la voz de mi conciencia,… son tantos,…

Si, hasta que no fui capaz de creer, no escuché, pero algo fue sucediendo en las entretelas de mi relación con la naturaleza.

De pequeño pasaba horas y horas solo en el bosque escuchando los pájaros, viendo a los insectos relacionarse con las flores o como el polen de los pinos lo espolvoreaba todo al ser las ramas mecidas por el viento suave del noroeste. Cada estación distinta.

Entraba al bosque tan temprano como me era posible y a menudo los abuelos se enojaban conmigo por llegar tarde a la hora del almuerzo. Para mí era un rato, un paseo, un instante incontable. Para ellos habían transcurrido 4 o 5 horas.

Al estudiar botánica en la universidad los paseos se hicieron más largos porque mi razón entró en juego y se cultivó en mi interior el deseo de nombrar y nombrar especies botánicas. Nombres científicos en latín que construían listas interminables en mi mente. Si alguien hubiera escrutado mis pensamientos fácilmente hubiera podido pensar en mi como en un antiguo romano viajero del tiempo. Fue una etapa feliz, de aprender mucho, pero comprender poco y con el tiempo y la repetición llegó el hastío y las listas de especies se me antojaron aburridas. Por el camino convencional de la ciencia había perdido algo que en mi niñez y adolescencia hacía tan especial mi contacto con la naturaleza.

Pero no hay árbol sin raíz y de la inocente niñez de conexión inconsciente a la juventud científica de inocencia perdida, le sucedió una etapa de volver a una conexión más pura, desde el corazón, pero también consciente. Me di cuenta, con el tiempo, que podía cambiar mi registro interno y podía escoger el “modo” de relacionarme con la naturaleza. ¡Beeep! Modo Ciencia, y empezaba las listas botánicas y los estudios de polinización. ¡Beeep! Modo paseo, mi caminar se hacía más lento, mi respiración más profunda y mis ojos veían sin mirar.

Todo importante, todo necesario, todo parte de la evolución de mi ser. Y del tuyo. Y del de todas. Todo recordar. Recordarte a ti mismo en forma de pájaro, de flor, de hongo o de humano. Todo Consciencia.

La contemplación del niño, el aprendizaje del adolescente, la conciencia del que empieza a ver que solo dicha conciencia importa y ES.

En la contemplación eres aquello que ves. La naturaleza es el espejo de la conciencia Una y por eso en ella volvemos a casa.
¿Quieres conectar con la naturaleza? Contempla. Mira sin mirar. Mira sin juzgar. Maravíllate de la perfección del Todo. Si, también de ti y de tu cuerpo. Al contemplar sin juzgar aprendes como un niño pero con la conciencia del adulto.
No ves las olas del mar lamiendo la arena de la playa. Ves el grano de arena como ola tras ola avanza y retrocede y se pule con los embates de cada nuevo viaje. Y el guijarro largo tiempo puliéndose te cuenta de las vidas que son necesarias para aprender. Y te ves en él. Y eres él y todo lo que existe te habla.
Eres gota y eres mar. Te evaporas, te elevas a otro nivel de realidad solo para volver a caer, al mar, pero más sabio, más pleno. Y esa gota que eres es imprescindible pues su experiencia nueva forma parte de ese mar infinito que no deja de crecer con cada nueva toma de consciencia. Eres todo lo que contemplas, porque ERES TODO.
Mira sin juzgar. Siente la maravilla y belleza como te llena y en ese momento ya dejará de importarte conectar con tu entorno, pues no hay nada con que conectar. No hay nada fuera de ti. Tú Eres Todo. Tú Eres Yo. Yo Soy Tú. Y juntos formamos este nuevo mundo de conciencia expandida. Y juntos gritamos al eco de las montañas que Somos Uno.
Contempla la naturaleza, mi hermana, mi hermano, para recordar Quién Eres.

platja

One thought on “Contemplación, el silencio de la mirada perdida – Curso de comunicación con la naturaleza VII

  1. Gracias por que mientras leo mi alma vibra y mi corazón se abre al sentir el infinito amor de la naturaleza. Siento una inmensa felicidad y plenitud por ser parte de esta maravillosa y perfecta creación.

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