Hace muchos años que me dedico a las esencias florales. A cultivarlas, elaborarlas, estudiarlas, difundirlas y venderlas, y casi desde los inicios me hago la misma pregunta. Una pregunta que acude a mi mente de forma recurrente, ya que, además de mi pasión por las esencias florales, este interés siempre se ha enmarcado en mi necesidad de crecer como persona. A lo largo de los años, mi concepto de evolución espiritual se ha ido desarrollando, cambiando, ampliando, profundizando y, quizás, simplificando.
En este artículo voy a exponer dónde podemos situar a las esencias florales. Tanto a las flores de Bach como a otras esencias, como las que elaboro yo, las que incluyo en mi sistema floral El Jardí de les Essències. ¿En qué lugar situamos a las esencias en el marco de la evolución espiritual?
Esta pregunta que trato de responder también surge de algunas observaciones de alumnas y conocidos. Estos comentarios se han dado entre personas que son meditadores habituales, o profesores de yoga, expertos en “mindfulness”, etc., etc. que suelen pensar que las esencias no tienen la profundidad que tienen sus trabajos internos, sus disciplinas, y las valoran, pero como a las simples muletas que necesitamos ante una pierna rota y que tan pronto se restablece, las olvidamos en el armario.
Y tienen razón, … a medias.
Somos, los seres humanos, hijos de la Totalidad. Creados de esa misma Completitud y con la capacidad de ser completos al mismo tiempo. Seres con una capacidad creativa que ni por asomo hemos llegado a vislumbrar todavía.
En realidad, los humanos somos seres perdidos en nuestra mente, buscando soluciones a través de esa misma mente y olvidando que toda respuesta está en nuestro interior (pero más allá de la mente). La respuesta no requiere búsqueda alguna. Está y siempre ha estado en nosotros.
Pero, ¿es tan fácil como parece?
Si, … y no.
Para alcanzar la quietud necesaria para encontrarnos a nosotros mismos, no hace falta hacer nada, ni buscar nada, pero la quietud es esquiva porque nadie se atreve a creer que realmente sea tan fácil encontrarla, tan evidente. Entonces empieza la búsqueda de la verdad de quiénes somos, pero lo hacemos enfocando nuestra consciencia en el exterior. Y sí, meditar, a veces, también es buscar fuera, en nuestra mente. A lo que sí nos ayuda el meditar, o el buscar a través del yoga, tai-chi, chi-kung, mindfulness y un largo etc. es a calmar nuestro ego, a valorar de otra forma el silencio, ya que sin silencio, nada se muestra.
Pero, hermanas y hermanos de camino, eso también lo hacen las esencias florales tomadas con consciencia. Calman al ego que se expresa en desmedida, en la forma de nuestras emociones, o en nuestra forma de afrontar la vida, con sus miedos.
Si tuviéramos un maestro al que creyéramos a pies juntillas, sin ninguna sombra de duda y nos dijera “Aquiétate” y lo hiciéramos, no necesitaríamos nada más.
Como ese maestro no está para la mayoría, y si estuviera nosotros tampoco tendríamos la capacidad de aceptarlo sin dudar, terminamos buscando y buscando para encontrar pequeños vislumbres de calma en el proceso. Esos vislumbres nos hacen pensar que estamos en el camino correcto, y sin duda debemos estarlo, al menos hasta que ese trabajo interno ya no nos llena y buscamos otro, y otro y otro más.
Como hay tantos caminos para encontrar esa paz incipiente e impermanente, yo os propongo el camino de las flores, de las esencias de flores. En ese camino hay etapas diversas por las que vamos cruzando. Iniciamos la toma de esencias, habitualmente, para calmar nuestras emociones alteradas. Ese camino puede durar meses hasta que algún terapeuta avezado (si tenemos suerte) nos dice que podemos tratar de calmar no solo esa emoción, sino todo el cuadro que supone una personalidad determinada, que incluye emociones y formas de pensar que nos provocan dolor o se lo provocan a otros, (que, de hecho, es lo mismo). Cuando nuestras personalidades están calmas, terminamos dando con otras esencias florales que nos muestran trabajos más allá del ámbito de la personalidad. Empezamos a conectar con lo que podríamos llamar otras realidades que acompañan nuestro mundo, o aspectos que parecen trascender lo cotidiano. Tampoco esas realidades nos van a otorgar esa paz permanente que deseamos con tanto anhelo, pero nos llevarán a ver que hay más cosas bajo el Sol de las que se ven a simple vista.
Todos esos pasos florales son como una danza que te acerca a tu centro verdadero, aunque nunca llegues a asirlo del todo. Son pasos que te muestran que hay más cosas que tu personalidad herida. Que detrás de todo hay algo que siempre ha estado. Que siempre Es.
De hecho, parece que los humanos necesitamos desgastarnos con nuestras búsquedas hasta que nos agotamos, renunciamos y miramos más allá. Solo entonces, con un ego agotado y una mente cansada, podemos mirar más allá de todos los intentos frustrados.
La gran mayoría de esencias que conozco, tanto de Bach, como de otros sistemas y el mío propio, ayudan en esa primera etapa, en la calma de las emociones y en la comprensión de la personalidad. Las flores de Bach, usadas siguiendo los esquemas que el mismo Dr. Bach consignara, nos permiten una mayor profundización en nuestra personalidad y sus causas y una cierta liberación de las mismas.
Pero ir más allá de la personalidad es algo que las orquídeas, especialmente las orquídeas epifitas, nos ayudan a recorrer con maestría. Las vivencias que experimentamos al tomar esencias de orquídeas son un punto de partida que nos permite sentir que hay algo más que personalidad en nuestro ser.
Todavía estamos ojeando afuera, en apariencia. Todavía buscamos algo externo que nos despierte a quien somos, pero algunas de las esencias de orquídeas nos llevan a conectar con partes de universo que no imaginábamos (y que a pesar que parezcan externas, son, en realidad, internas). ¿Dónde están los maestros? ¿En el exterior o en nuestro interior? ¿Y las flores?
Muchas técnicas distintas nos acercan a la madurez que necesitaremos para un día, dejar de buscar. A mi me ha tocado seguir el camino floral, que para mí no es inferior a ningún otro camino de búsqueda y tampoco superior ya que en realidad todo son pasos en esa espiral eterna que es la evolución. Todos los caminos, y a menudo de formas distintas, pulen y adelgazan nuestro ego hasta que, traslúcido, deja ver al Ser que escondemos, sin saberlo, en nuestro interior. Siempre se ha tratado de lo mismo y siempre parece que la búsqueda nos ha alejado de lo que buscábamos. Por lo tanto todas las herramientas de búsqueda nos acercan a la par que nos alejan y en ese vaivén nos agotamos hasta reconocer que buscar lo que ya tenemos es una perdida de tiempo.
Mientras llega ese agotamiento iluminador, yo seguiré con las esencias florales en todas las facetas y profundidades de las que sea capaz de ahondar. ¿Me acompañas?

Gracias, Jordi por esta publicación. Me permite resignificar el agotamiento y también esta sensación de renuncia que me embarga. Tu texto me conecta con una fuerza de gratitud que de pronto, lo ilumina todo. Cuándo una vueltita por Buenos Aires, o Neuquén, o Bariloche así nos enseñás sobre las orquideas? Abrazo desde Argentina.
Estoy totalmente de acuerdo contigo… existen infinidad de disciplinas y fórmulas que nos ayudan y facilitan avanzar a lo largo del camino evolutivo. Ninguna es mejor que otra…son vías a las que nos acogemos cuando conectamos con su freqüencia vibratoria… y en muchas ocasiones variamos de una a otra según nuestro estado vibracional. Todas son herramientas en las que nos podemos apoyar y las esencias florales son una vía maravillosa para experimentar, interiorizar y redescubrir tu propio yo.