Curso de comunicación con la naturaleza XXIII – Las hojas – Fotosíntesis

 

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El tallo, decíamos en la comunicación anterior, permite que las hojas se sitúen en un lugar lo bastante elevado para acceder a la luz. Y he aquí la maravilla. Este juego entre la luz y las hojas que se ha perpetuado desde el origen vegetal, permite la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

¿Sabéis que la ciencia no ha sabido todavía imitar, ni tan siquiera un poco, las reacciones físico-químicas que se producen en la fotosíntesis?

Os voy a contar de forma sencilla los procesos que implican la fotosíntesis.

En primer lugar el agua, absorbida por las raíces asciende por el tallo, pasa por las ramas y llega a las hojas, que durante el día reciben la luz del Sol. Ahí la primera maravilla. La luz es captada por unos pigmentos verdes, las llamadas clorofilas. Hasta aquí seguro que lo sabíais, pero la luz sigue el camino interior por la hoja y otros pigmentos antena captan y agrupan la luz en un haz coherente que tiene la función de un láser biológico que corta la molécula de agua ( H2O) y la separa en hidrógeno (H2) y oxígeno (O).

Al mismo tiempo, sabemos que la hoja capta el dióxido de carbono (CO2) del aire y lo introduce en el interior de la célula donde se va a encontrar a la molécula de agua separada en sus componentes. De la mezcla de las tres moléculas nace una nueva afinidad que se traduce en la unión del carbono (C) con oxígeno (O) y con hidrógeno (H2), constituyendo una molécula llamada glucosa (C6H12O6). Es decir que cada 6 moléculas de agua que se junten con 6 moléculas de dióxido de carbono, forman una molécula de glucosa y además un componente sobrante que se llama oxígeno y que gracias  a las algas y a las plantas permite la vida animal en la Tierra.

Bien, esta es la explicación científica de la fotosíntesis. Veamos la explicación metafísica de lo que pasa en la hoja y de lo mucho que tenemos que aprender de los seres verdes.

Desde antaño el Agua se asocia a las emociones, el Aire al pensamiento y la Luz a la conciencia. Los tres son elementos que interviene en la fotosíntesis. Podríamos formular en términos metafísicos lo que sucede en este proceso como:

“La luz que pongamos en nuestras emociones y nuestros pensamientos dará lugar a la energía para materializar nuestros proyectos y el nivel de vitalidad y salud que tengamos”

Pongamos ejemplos:

Si nuestra conciencia es escasa (poca luz) y nos dejamos llevar por las emociones, sentimientos y pensamientos negativos, tendremos escasa energía para materializar nuestros proyectos (para la planta la glucosa es lo que a partir de agua y aire obtiene de solido y que le es necesario para el resto de funciones vitales) y nuestra vitalidad (el oxígeno obtenido como resultado de la reacción) estará en consonancia, derivando a una mayor probabilidad de enfermar.

Si en cambio somos seres conscientes, atentos a nuestras emociones, sentimientos y pensamientos y elevamos su frecuencia vibratoria cuando vemos que no son adecuados, obtendremos mayor energía para materializar nuestros proyectos (que ya seguro tendrán una mayor consciencia también y por lo tanto no solo no serán dañinos sino que seguramente revertirán en el beneficio de la totalidad) y mayor vitalidad, con lo que el riesgo de enfermar será mucho menor.

Los seres verdes nos cuentan de qué manera podríamos vivir los humanos. A través de la fotosíntesis nos dan pistas de como manejarnos en lo emocional y mental, unos estados que corresponden a niveles superiores de consciencia (sin la intervención del ego) que las plantas tienen tan integrados en su ser que los manifiestan en el orden físico. Sin desplazarse llegan a materializar vida, para ellos y para el resto de los seres. Su vida misma es una expresión de donación absoluta y siendo, solo siendo, sin hacer nada, contribuyen a la totalidad.

¿Podrá ser que nosotros, solo siendo, pero con plena conciencia en nuestras emociones, sentimientos y pensamientos, podamos, solo así, cambiar nuestro mundo para bien, o aunque sea, no dañarlo?

Ya es hora que los seres rojos, (nosotros con nuestra hemoglobina), podamos aprender de los seres verdes (con su clorofila) entendiendo que por sí solo el movimiento no da la sabiduría y la capacidad para alterar nuestro entorno no significa que debamos hacerlo. Con la conciencia natural que llevamos de fabrica en nuestro interior deberíamos tener la capacidad de hacer lo adecuado, pero por si acaso, la evolución nos ha regalado unos hermanos de los que aprender si dejamos nuestro antropocentrismo y nos volvemos más geocéntricos (o Gaiacéntricos), pues la vida en la Tierra tiene mucho que enseñarnos todavía.

Un fuerte arbrazo

Una arbreçada

 

Curso de comunicación con la naturaleza XXII – Tallos y troncos

P1050996Como decíamos en la comunicación anterior la semilla que germina empieza desarrollando su raíz, pero el tallo la sigue a las pocas horas, un tallo que en los árboles deviene tronco. El tallo parece comportarse de forma antagónica a la raíz, mientras ella busca la oscuridad, el tallo persigue la luz, ascendiendo para copar el espacio necesario para alimentarse de la vibración luminosa. El tallo se eleva para permitir el acceso de las hojas al Sol.

El tallo tiene unos receptores en su extremo que leen la luz y orientan el crecimiento en su dirección. Se llama a este efecto fototropismo positivo, y a su vez tiene geotropismo negativo (huye de la gravedad), al contrario, polarmente, que la raíz.

El tallo, en la mayoría de las especies, se sitúa en el centro del ser vegetal y por su interior fluyen los líquidos. El agua con los minerales asciende hacia las hojas, que con la fotosíntesis obtienen azúcares, que descenderán para alimentar a todas las células de la planta, también claro está, a las de las raíces. Por lo tanto, podemos visualizar un gran flujo de líquidos que se mueve en ambas direcciones por el interior del tallo.

En los troncos el fluir de los líquidos se da solamente muy cerca de la corteza protectora, justo por debajo de ella. El resto, en su interior, es la madera, formada por células ya muertas y lignificadas (endurecidas). Es en el tronco que leemos los anillos de crecimiento, que como en un mapa de vida nos cuenta que tal estuvieron los años en los que medró ese gigante vegetal. Cada anillo un año. Si sufrió sequía, poca amplitud, si fue de abundancia, mayor extensión. Alguna herida por incendios, la cicatriz quedó, aunque el incendio fuera pequeño al igual que el daño y fuera muy antiguo. Como una marca indeleble nos cuenta de su sufrimiento pasado.

Viendo estas generalidades de los tallos y troncos, nos queda una interpretación de las mismas, siguiendo la analogía con la que ya vestimos las raíces.

Si la búsqueda de la oscuridad en las raíces se asociaba a lo inconsciente, la búsqueda de luz de los tallos tendrá relación con lo consciente. Además, estamos hablando de la parte más central del ser, desde donde todo lo demás crece: hojas, flores y frutos.

Esta centralidad nos conduce a pensar que el tallo podría asociarse al centro del ser humano, a su forma de ser, a su personalidad y al igual que el agua se mueve por dentro del tallo, las emociones se mueven por el centro de la personalidad y son la causa de los cambios en la misma. El tallo corresponde al Como Somos.

A su vez, la corteza que protege a la planta es equivalente a la máscara que todos tejemos en nuestra vida para enfrentar las situaciones que nos cuestan o son nuevas. Una corteza gruesa manifiesta mucha necesidad de protegerse, o escasa confianza en la propia fortaleza (sería el caso de Larch); cortezas delgadas como las de Holly y Beech, nos cuentan que las personalidades equivalentes se enojan fácilmente cuando algo se les acerca o les molesta. Hasta Aspen, con su corteza llena de agujeros nos habla de su porosidad etérica.

Troncos rectos, rectitud en la forma de ser, puede que hasta de una forma exagerada (sería el caso de Pine y Larch). Troncos que tienen las ramas creciendo en un solo plano (ramificación dística se llama a esta forma de crecer), como en el caso de Elm, indicaría que se ve el mundo también de una única manera y las hojas (que veremos en la próxima entrega) nos indicarían que la manera de ver el mundo es casi exclusivamente desde un polo masculino o yang (acción, aspectos racionales, poca emoción y escasa intuición).

También las plantas nos enseñan que al igual que ellas buscan la luz con afán, nosotros vamos en la búsqueda de una mayor conciencia de ser. Recordemos que desde la antigüedad el agua se asocia a las emociones, el aire a los pensamientos y la luz a la consciencia. Usamos estos conocimientos ancestrales para traducir la naturaleza.

Es la suma de todas las partes del ser vegetal que nos dan las pistas que asociamos a las personalidades. Al igual que una persona no se puede conocer con solo uno de sus aspectos, para entender el vegetal y extrapolarlo a lo humano necesitamos conocer el máximo de aspectos posibles del árbol o la planta.

Decíamos que la madera, con sus anillos, nos mostraba la vida del árbol, lo que ha sucedido en su año a año. Esa es la parte que correspondería al pasado en la vida actual del ser humano que asociamos al árbol. No confundir con el pasado que nos contaba la raíz, que tiene más de un pasado remoto, ancestral, intrauterino o hasta kármico, podríamos decir y habitualmente inconsciente.

Nos vemos en las hojas

Un abrazo

 

Curso de comunicación con la naturaleza XXI – Raíces

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Cuando una semilla decide germinar es la raíz lo primero que emerge. Tocar la madre tierra e integrarse a ella y empezar a absorber el elemento imprescindible de toda vida en nuestro planeta: el agua. Sin el agua las hojas no podrían realizar la fotosíntesis y es seguramente por ese motivo que la raíz es primera y el tallo la sigue poco tiempo después.

La raíz ayuda a la fijación de la planta, le permite absorber agua y minerales, almacena en su interior substancias de reserva y sirve para conectar plantas entre sí, de la misma y también de distintas especies.

La raíz tiene pasión por la oscuridad y por la gravedad, que la atrae sin remedio hacia el centro planetario. Al reflexionar sobre la raíz y tratar de relacionarla por analogía a algún aspecto humano, no tanto del cuerpo sino de la mente, me fijo en la oscuridad en la que prefiere vivir y realizar sus funciones. Oscuridad.

Si de forma habitual se ha relacionado a la luz con la consciencia, la oscuridad debería ser la falta de ella. A eso podríamos llamarlo también inconsciente. Una parte de nosotros tanto individual como colectiva, a la que no tenemos acceso sino es a través de los sueños pero que conforma enormemente el cómo somos.

Julian Barnard en “Forma y Función”, comenta que las raíces pueden simbolizar el pasado. Tiene mucho sentido pues hasta los humanos cuando hablamos de nuestros orígenes decimos “nuestras raíces”. Sí, en la planta el suelo y las raíces son el origen que permitirá un tallo alto, una corteza fuerte o muchos frutos. Lo mismo que una familia nutricia dará lugar a unos hijos maduros y autónomos, o una de ausente, o disfuncional dará hijos con grandes carencias afectivas.

No somos tan distintos seres verdes y seres rojos. Lo que nosotros vivimos a nivel de los sentimientos y emociones, las plantas lo han materializado. Quizás por ese motivo las esencias florales trabajan tan bien las personalidades, formadas por emoción, sentimiento y pensamiento. En su esencia han materializado aquellos aspectos positivos que nosotros necesitamos. La armonía de cada aspecto de nuestro ser está tallada en los pétalos de una flor, en sus estambres y pistilos o en los colores que emanan junto a los aromas. Cada flor es una virtud universal cristalizada. Una emoción armónica hecha color, un pensamiento sutil y creativo se expande desde ella en el aroma que desprende.

La ramificación de las raíces le permite la capacidad de absorber más agua y minerales. Así una planta con raíces muy extendidas y ramificadas dispondrá de mayor cantidad de nutrientes y una con raíces cortas y poco ramificadas los tendrá más limitados. Podemos, mediante la analogía, extrapolar lo que agua y minerales significan como base de la vida vegetal. Podríamos asociarlo a energía, entendida como vitalidad.

En resumen, las raíces nos hablan de las relaciones con el inconsciente, personal y colectivo, de nuestro pasado reciente, la familia de origen y de la capacidad de tener una energía para vivir más o menos abundante.

 

Con esta hipótesis me pregunté como eran las raíces de las flores de Bach y si las personalidades asociadas respondían a las características señaladas anteriormente. A modo de ejemplo algunas flores que lo ilustran:

Impatiens, la primera de las flores de Bach, tiene raíces poco profundas, lo que indicaría que la personalidad correspondiente no está centrada o afectada por el inconsciente, ni el pasado en gran medida. Sabemos que Impatiens tiende siempre a proyectarse hacia el futuro y nada le aporta el pasado, al contrario, parece que el pasado lo distrae de sus proyectos y no le gusta. Le hace perder el tiempo.  A la vez, sus raíces superficiales están extremadamente ramificadas para poder absorber al agua y los minerales en cantidad. Lo que nos hablaría de una personalidad con mucha energía disponible. Todos los que conocemos a algún Impatiens podemos dar fe de ello. Van energéticamente sobrados.

Pine y Larch, son árboles que tienen raíces más profundas y que cuentan relaciones importantes con el inconsciente y con el pasado. A mayor profundidad de raíces, mayor profundidad temporal e inconsciente. El lugar donde se oculta el problema (la culpa y el sentimiento de inferioridad en estos dos ejemplos respectivamente) está en el pasado y es mayormente inconsciente.

Clematis, tiene un sistema de raíces poco desarrollado, suficiente cuando la planta es pequeña pero casi insuficiente cuando ella proyecta sus tallos en forma de liana hacia arriba y crece y crece superando los 10-12 m con facilidad. Las raíces poco profundas nos hablan de relaciones escasas con aspectos inconscientes y con el pasado. Clematis siempre está en un limbo temporal que si se pudiera clasificar de alguna manera se diría que es un futuro hipotético que poco probablemente se va a realizar. Al mismo tiempo los niños Clematis tienen mucha energía, pero a medida que crecen parecen ir languideciendo (en la planta se ve porque buena parte de sus tallos lianoides parecen muertos, y su parte verde y flores solo están en los extremos del tallo, tan alto como los soportes a los que se fijan les hayan permitido crecer). A más altura crece la planta, las raíces no crecen en proporción y por lo tanto la planta parece que no puede verdear en todo su tallo. Tiene que destinar la energía a solo una parte de su ser. Extrapolando, vemos que las personalidades Clematis están ausentes gran parte de su vida. Toda la energía escasa de que disponen está centrada en aspectos mentales.

Cada flor de Bach y cada planta de nuestra amada Tierra tiene raíces con una forma, profundidad y ramificación que le son propias y la definen. Unas características que nos pueden dar pistas sobre el trabajo que la esencia puede aportar.

Es un lenguaje simbólico, pero no por ello menos real y útil.  Para ir entendiendo bien este lenguaje deberemos profundizar también en el tallo, las hojas, las flores y los frutos. Solo el cuerpo entero del vegetal nos señala enteramente sus dones. Seguimos en unos días

Afianza bien tus raíces, porque vamos a despegar

Un abrazo

Curso de comunicación con la naturaleza XX – Otra forma de comunicar y aprender

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Hace ya algunos meses que no realizaba ninguna entrada en este blog, en este curso para aprender a comunicar con la naturaleza. Aunque ha sido por motivos personales, la verdad es que este silencio viene bien para reiniciar el curso con otra mirada que hace años empecé a cultivar y que se ha demostrado útil para comprender lo que cada especie vegetal tiene para contar, su don como especie que forma parte de la vida de Gaia.

Este lenguaje que os voy a mostrar en el curso es conocido como signatura vegetal. El termino fue dado a conocer por Paracelso para indicar que a través de distintos signos externos que mostraban determinadas especies vegetales se podían deducir sus funciones terapéuticas. El usaba la alquimia y la astrología, de las cuales era un gran maestro, como ayuda en este conocimiento silencioso que los vegetales expresaban con su simple crecimiento.

Pero ya antes que él los primeros seres humanos usaban la signatura vegetal para conocer qué plantas servían de alimento y cuales podrían ser remedio.

Un ejemplo, la cola de caballo, una planta que vive al lado de los cursos de agua, siempre cerca de la humedad y que tiene una estructura muy conocida, con unas hojas lineares y un tacto muy áspero.

Para la gente, el hecho de crecer en cursos de agua limpia y no tanto en lugares de aguas estancadas, era la analogía de que serviría para de mover el agua en su interior y limpiarla. Hoy día a esta propiedad la llamamos diuresis. Por otro lado, su tacto áspero y su aspecto parecido al cabello o a los pelos de un caballo (de ahí su nombre) le confería la analogía de ser una planta que ayudara a reforzar el cabello. Sabemos por los análisis que esa remineralización del cabello se da (y no solo del cabello sino también de las uñas y dientes) por la gran abundancia de ácido silícico que contiene.

Sin ningún análisis bioquímico, nuestros ancestros eran capaces de conocer para qué les servían muchas de las plantas de su entorno. Aquí estamos nosotros, supervivientes de esta forma de pensamiento ancestral, para demostrar su éxito evolutivo.

Pero estas formas de conocimiento ancestral que se basaban en la signatura comparaban estructuras, tactos, colores y formas de crecimiento de una planta para saber sus propiedades como alimento o medicina, siempre desde un punto de vista físico y químico.

Al conocer las flores de Bach, siempre me pregunté como hizo el Dr. Bach para saber para que servía cada esencia de cada una de sus plantas. Como no dejó nada escrito al respecto, indagué por mi cuenta para buscar alguna hipótesis. La diferencia de los hallazgos del doctor con nuestros antepasados es que fuera lo que fuese que encontró Bach, no era para nuestro cuerpo físico, sino que era para sanar nuestros cuerpos etérico, emocional, mental y de sentimientos. O sea que contemplando la planta sabía deducir qué aspectos sutiles trabajaría su esencia en nuestro interior. Ya no se trataba de aspectos bioquímicos.

Usando la analogía, mis conocimientos como botánico y la pasión por las flores de Bach tracé algunas hipótesis que 10 años después de la publicación de mi primer libro “Cuaderno botánico de flores de Bach” se han demostrado muy útiles para deducir los usos terapéuticos de plantas de las que hasta ahora no se había elaborado ninguna esencia. Y casi (insisto en lo de casi) puedo deducir buena parte de los usos de la esencia floral de la mayoría de las plantas estudiando su signatura vegetal, sus formas, colores, lugar de crecimiento, estructuras, geometrías, números, etc. De la Forma a la Función, parafraseando el gran libro de Julian Barnard, “Forma y Función” del cual bebí como orientación inicial a mi trabajo.

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Vaya por delante mi profundo agradecimiento a este gran maestro floral, el primero en dar a las plantas la importancia que merecen dentro del sistema Bach y de proponer el gesto de la planta (que es lo mismo que decir su signatura) como el recurso que permite conectar lo que vemos del vegetal con sus funciones terapéuticas.

A cada nueva entrada de este blog avanzaremos en este conocimiento, que si deseáis podréis complementar con el curso de signatura gratuito de la web. A través de más de 20 vídeos podréis ver la signatura de cada flor de Bach usando los códigos de traducción planta-humano que identifiqué. Os dejo aquí el enlace: https://eljardidelesessencies.com/curso-gratuito-de-signatura-de-las-flores-de-bach/

Es un placer para mi reemprender el curso de comunicación con la naturaleza y deseo que estos nuevos aportes os ayuden a ver la belleza y armonía del orden natural que está en todo.

Un fuerte abrazo y gracias por vuestra atención

Jordi Cañellas

Fecundaciones Cósmicas – Curso de comunicación con la naturaleza XIX

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Imaginad un óvulo humano, o animal o vegetal.  Una esfera de vida esperando la caída del espermatozoide, o del grano de polen que active la formación de un nuevo ser. Si ampliamos la imagen de esa esfera y la hacemos crecer tan grande como un planeta, como nuestra Tierra, ¿qué serian los espermatozoides?

“Como es arriba es abajo” reza el texto del Kybalion. Lo que está al alcance de nuestra vista no solo nos permite aprender de lo que alcanzamos a vislumbrar sino también de lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande.

Hoy sabemos que en nuestra amada Tierra hubo una época de grandes movimientos en los que la caída de grandes meteoritos (espermatozoides cósmicos) sembró de moléculas orgánicas el útero terrestre. Cimientos de una vida que todavía no había tomado posesión del planeta.

Al igual que un espermatozoide fecunda un óvulo, los cuerpos celestiales fecundaron la Tierra de precursoras de vida.

También nuestro Sol lo hace, a diario, con sus rayos que transmiten calor, luz e información multidimensional, mucha de la cual no sabemos aún descodificar. Esa fecundación diaria de la Madre Tierra por el Padre Sol, origina la formación y el mantenimiento de sus hijos y también de nuestra evolución gracias a la información sutil que fecunda nuestra mente, femenina, ávida de conocimiento.

A nivel microscópico esa fecundación se da entre átomos de polaridades distintas. Iones positivos (cationes) que se unen a los negativos (aniones) por el principio de atracción. Se atraen para unirse y formar una nueva vida en forma de molécula, mayor y distinta en propiedades a sus progenitores. La polaridad se expresa por doquier y conociendo la parte que nos es accesible, podemos comprender el Universo entero.

Si nosotros somos una consciencia evolucionante que recorre los caminos de la vida para aprender y amar más y más, quién nos dice que los astros y planetas no serán también consciencias vivas y evolucionantes que recorren el Cosmos para aprender y amar más y más.

Nuestros ancestros ya conocían esta realidad de un planeta vivo, una conciencia planetaria de la que formamos parte. Para ellos siempre ha sido evidente que cabalgamos el cosmos en un ser vivo y con consciencia. Y si también el Sol sería un ser cósmico, sembrador de vida en cada planeta al que sus rayos acceden.

¿Qué somos nosotros en ese ser inmenso? Vayamos de nuevo a lo pequeño para comprender lo grande, a nuestro cuerpo, especialmente a los intestinos, donde más de 400 especies de microbios distintos conviven en una simbiosis fluida. Esta flora intestinal es la responsable de la fabricación de diversos neurotransmisores como la serotonina, de la que fabrica mucha más que la que se produce en el cerebro. Este microbioma en equilibrio, nos aporta salud y regeneración, en desequilibrio una flora alterada es poblada de organismos que modifican nuestra química corporal y puede llevarnos a enfermar física, mental o emocionalmente.

En esta Tierra, en esta Gaia nosotros somos esos microorganimos, que de estar en equilibrio entre nosotros y con nuestro entorno contribuimos al bienestar de Gaia, o de lo contrario somos como parásitos que alteran el entorno para su bien, pero llevan al planeta por el camino de la enfermedad. Una infección que Gaia tratará de combatir con fiebre (calentamiento global), temblores, etc. Al igual que los microbios de nuestra flora están conectados con nosotros e influyen en nuestro cuerpo y mente (de hecho podríamos decir que somos uno con nuestros microbios), los humanos somos consciencias evolucionantes conectadas a la conciencia de la Madre. Somos neuronas de ese cerebro cósmico y por ese motivo somos tan importantes en la cadena de vida planetaria y cósmica. La suma de muchas consciencias pueden fortalecer o alterar la conciencia de ese ser que en su viaje por el universo nos lleva consigo para evolucionar conjuntamente.

Como siempre digo “Todo está vivo, todo tiene conciencia y todo evoluciona”[1]

[1] Para más información al respecto podrás encontrarla en mi libro “La conciencia de Gaia” que se puede adquirir en nuestra tienda online www.tiendaeljardidelesessencies.com

Algunos fenómenos naturales y lo que simbolizan – Curso de comunicación con la naturaleza XVIII

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Cuando paseamos por la vida, a veces, llueve, otras el viento sopla sus mensajes en nuestros rostros, y con suerte, cae algún que otro copo de nieve. A menudo ni nos damos cuenta. Es todo tan “normal”. Pero detrás de cada acto del Cielo y la Tierra hay un mensaje profundo y espiritualidad de la Totalidad cuidando las totalidades que también los humanos encarnamos. Os cuento algunos de los meteoros y el simbolismo que aprecio en ellos. Aunque os cuente solo de unos pocos de estos fenómenos naturales, ya nos ayudaran a comprender que vivimos en un mundo especial y maravilloso.

Nieve

La nieve purifica con su blanco manto. Es un color de paz que produce un efecto de silencio por la amortiguación del sonido y por la quietud del frío que la acompaña. Cae un manto de paz. El cielo lo trae.

Pero, ¿Cómo es cualquier copo de nieve? Contemplad su geometría hexagonal. Cada copo distinto en sus diseños, pero siempre estrellas hexagonales unidas unas a otras formando el copo visible. El hexágono, si estudiáramos sus utilidades según la geocromoterapia descubierta por Marta Povo y más específicamente las del hexágono blanco, veríamos que se trata de un arquetipo de renacimiento, del “volver a empezar”. Según Marta Povo, el hexágono blanco aporta información para el cambio, la pureza y la renovación. Así la nieve ayuda a reiniciar el sistema natural. Es un agua que no es agua, que está teñida de geometría sagrada y permite reiniciar, también, el sistema humano.

Muchos adultos de zonas poco acostumbrados a ver nieve, sentimos alegría y ganas de jugar como niños, de pisar el blanco y suave cojín que la naturaleza confiere a nuestras ilusiones y dejar una huella impermanente.

Todo en la naturaleza es lo que parece y al mismo tiempo, todo tiene un sentido trascendente, que no se suele observar, pero que si somos capaces de estar atentos a sentir, nuestros sentimientos, emociones y pensamientos cambian con estos actos tan humildes como una pequeña nevada.

Lluvias

La lluvia es un fenómeno más común, habitual en muchas más regiones de la Tierra. La lluvia es agua en movimiento y el agua, desde antaño, ha sido asociada a las emociones. También a la energía (especialmente cuando se mueve) y a la vida (sobre todo se la percibe más así donde escasea).

El agua mueve nuestras emociones. Una lluvia suave y constante, duradera, te sumerge en un estado tranquilo, a menudo teñido de melancolía. Emociones que afloran y que en cada uno se teñirán de sus matices diferentes en función también del estado interior. Por lo tanto aquello que el agua nos sugiera o nos haga experimentar no es sino una resonancia con nuestra emociones.

Una lluvia intensa, torrencial activa nuestra energía, casi como si te sumergieras en una cascada. El agua que cae fuerte vivifica y remueve, suelos y personas, levanta nuestros barros más apegados, diluyendo y arrastrando.

Sucede, a veces, que la lluvia diurna trae un fenómeno por todos admirado,

El Arco Iris

Para mí siempre un mensaje de reconexión con el Espíritu. Recuerda lo que Somos. Somos un Todo elaborado con los colores de la Vida y después de la purificación y movimiento de la lluvia aparece la infusión de color. Cada gota, un prisma, y toda luz blanca descompuesta en 7 frecuencias para armonizar nuestros 7 chakras principales y recomponer las vibraciones que el ajetreo diario descompone. Pura magia sanadora el Arco Iris, frugal, etérea y potente. Pero hay que estar atento a las maravillas de la naturaleza y saber que traen regalos invisibles que solo podremos recibir con la intención de la atención.

Viento

Como el que sopla intenso hoy en el Jardí. El aire en movimiento es el viento. Y también desde la antigüedad al aire se lo ha asociado a los pensamientos, supongo por que tienen en común su capacidad tan alta de expansión. Los pensamientos, asociados al aire, corren. El Aire limpia la atmosfera de contaminantes. Creo que también de egregors, de las nubes mentales que creamos al asociarse pensamientos individuales afines en vibración, creando estructuras más complejas y auto-sostenidas por la fuerza mental que hemos generado. Dispersa, o a veces los conduce a otros lares, en los que, quizás, podrán  usar, o sufrir dichos pensamientos ajenos.

Cuando el tiempo anticiclónico prosigue por largos períodos, la calma del aire pude llenarse de contaminantes químicos o mentales. Que un viento fuerte se active en estos sitios movilizará lo estancado, limpiara la bruma de nuestras mentes y se llevará aquello que no podía circular.

Un exceso de viento, se ha demostrado, puede llevar a la locura. Sabemos que en zonas de vientos fuertes y frecuentes mucha gente sufre de dolores de cabeza y fuerte cambios de humor. Pero también en esas zonas algunos seres humanos sensibles y creativos pueden encontrar ideas que viajan e insuflan su influencia en sus mentes. Ideas nuevas, de otros mundos, otras gentes, que usaran para crear obras originales.

Cada meteoro que observamos llena o vacía pero nunca su influencia deja de ser.

Rayos y relámpagos

Los rayos tiene la función física de equilibrar las cargas eléctricas de cielo y tierra. La tensión y la fricción del viento sobre la tierra genera iones positivos (de polaridad, no me refiero a bueno o malo) y el cielo, en sus nubes a menudo está cargado con iones negativos. La polaridad debe ser equilibrada y el rayo y el relámpago, son las formas en que todo se ordena de nuevo.

Es algo parecido al efecto de quitarnos determinada ropa sintética por la noche y las pequeñas descargas luminosas que se produce o también el pinchazo eléctrico del contacto con la puerta metálica de un coche. Polaridades distintas que se equilibran mediante la descarga.

Esta descarga de los rayos después de una tormenta deja al aire y la tierra en perfecto equilibrio y por ese motivo la sensación de perfección y pureza son tan acusadas. El aire recién equilibrado cambia de olor y todo parece fresco y nuevo.

La naturaleza, y nosotros como parte de ella, estamos en continuo equilibrio y cambio y sería interesante saber que a veces, determinados estados internos nuestros obedecen a los estados de los elementos de la naturaleza que están trabajando a un nivel superior para equilibrar el sistema Tierra.

Un abrazo de nieve

 

Las 4 estaciones de la Vida – Curso de Comunicación con la naturaleza XVII

El lenguaje de la naturaleza es muy claro, o debería serlo, pero nos hemos cerrado a sus mensajes, a lo que el simple fluir de los días tiene que aportar. Lo que tiene que decirnos cada estación era claro no hace tantos años, pero ahora no hay estaciones, ni días y noches y el ego humano con su tecnología cree dominar la naturaleza. Cuando llega el frío calentamos la casa y con el calor la enfriamos, cuando oscurece encendemos la luz y eso nos da tiempo, pero cambia nuestros ciclos vitales. La ilusión de dominar la naturaleza, cuando nosotros mismos somos naturaleza. Dominar, pero no comprender. Vivir sin mirar al espacio que nos rodea y que nos hizo como somos como especie. No me comprendáis mal, la tecnología puede ser muy útil y la comunicación que ahora leéis no sería posible sin ella. Pero que la herramienta no se convierta en el objetivo. La herramienta tiene que facilitarnos la vida, pero en exceso lo que hace es embotarla, sustituirla. Ya no miramos al cielo, a la noche estrellada, a las hojas que caen suaves en otoño. No escuchamos con atención al arroyo que habla a cada salto, al pájaro que trina saludando al Sol, al agua que repiquetea en el tejado cuando la lluvia cae abundante. Creyendo protegernos, nos aislamos. Cada vez necesitamos mayor comodidad y eso conduce a nuestro aislamiento y nuestra parte animal duerme el sueño de la hibernación esperando despertar.

Si, hasta en la ciudad más cosmopolita la naturaleza sigue hablando, aunque a veces cueste ver el cielo, pero siempre habrá un árbol en un parque, una plantita que resistente sale entre el asfalto. Un insecto subiendo por la ventana o un pájaro en el alfeizar.

Solo hay que volver a dejarse sentir. ¿Que tiene cada estación que a todos nos afecta y llama, a pesar de nuestro intento de aislarnos?

El invierno, con su frío, ayuda a nuestra contracción, que no es solo física, sino sobre todo mental y emocional. Contraerse no es dejar de estar activo, solo que la actividad se vierte al interior. Los árboles caducos están sin las hojas, ramas y troncos desnudos resisten el embate del viento hibernal y el árbol vive hacia dentro, en su inconsciente, soñando. Las hojas simbolizan su relación con el exterior, los intercambios con el entorno, que ahora son limitados. El invierno es el mejor momento para estar en el interior, en la casa, en el interior de uno mismo. La actividad externa se enlentece, pero la interna debería estar más viva que nunca. Reflexión, interiorización, preparación de los proyectos a un nivel mental, no ejecutivo aún. El frío te contrae y parece enlentecer los movimientos, pero es para que nuestra atención se vuelva hacia el interior, a nuestro mundo interno que espera que lo reguemos con nuestro tiempo y nuestra conciencia.

Cuando el invierno es poco frío muchos frutales producen poca fruta en las siguientes estaciones. Necesitan del frío para enriquecerse por dentro y preparar una buena floración y fructificación. Sin el frío, sin el reposo hibernal, la energía se quema cuando debería ahorrarse y escaseará después en primavera y verano.

Reposa, descansa, planifica, observa, pasea. Hiberna no como el oso que duerme, sinó como el maestro que espera al momento propicio para dar sus frutos.

Y llega la primavera, la luz se incrementa lentamente a medida que las plantas brotan su verdor. Es el momento del apareamiento, de la polinización, de la fecundación de la vida. Una energía pujante asciende intensamente por nuestra columna, pero claro, esa fuerza ascendente es proporcional al descanso invernal. Si este no se produjo, la energía de la primavera será menor y hasta mucha gente no sentirá la pujanza, que por otro lado es seductora y agradable. El baile de la energía que asciende y se expresa hacia el exterior. Plantas y animales visten sus mejores galas. Es vibrante la energía de la primavera. Hay música por doquier y la velocidad en todo crece, como la sabia de los árboles que se mueve intensamente para llegar a los brotes nuevos y a las incipientes flores. Aquí el proyecto pensado en el invierno se pone en marcha.

Y el calor asciende como la energía y la velocidad de la vida crece hasta llegar al verano. Máximas horas de luz, máximas temperaturas. Menos ropajes, más relaciones. Nuestra energía está en su punto de madurez. El calor y el sudor nos hablan de que aquí es la energía de la expansión la que domina. La energía de actividad es tan grande que a veces cuesta sentarse a reflexionar. Ahora es momento de acción. Más horas de luz, más horas para actuar. En el verano la naturaleza está con todas sus hojas y flores, los frutos empiezan a cuajar y algunos ya están madurando. Los cereales se cosechan. Se obtiene el fruto de la energía conservada en invierno.

El otoño y sus hojas nos cuenta el principio del fin. Siempre me ha fascinado ver la puesta de sol en las hojas que mutan de color en los árboles. El verde empieza a amarillear, y el naranja a expresar su brillo, que con el paso de los días y el descenso de la luz, se enrojece hasta que se amarrona y cae. La vibración del verde (4rt chakra) pasa al amarillo (3r chakra), de este al naranja (2º chakra) y finalmente al rojo (1r chakra). El color de menor frecuencia del espectro del arco iris. El marrón es ya un color que denota que la hoja murió, se desprendió completamente de la vida del árbol. La vibración desciende por el río de la vida hasta esconderse bajo la superficie de la tierra, donde la vida sigue en otra forma. Es la energía de una progresiva materialización, densificación, enlentecimiento.

En la primavera el emerger de colores sigue un ciclo parecido pero inverso. Del negro o marrón de la yema hibernal se pasa al verde pero a menudo en los brotes jóvenes hay un tinte rojizo que recuerda, por unos días, la energía del otoño. Primavera y otoño son parecidos en cierta manera en el centro de sus respectivas estaciones, pero en una la energía tiende a ascender, en la otra a descender.

Miremos la estación, observemos lo que hace la naturaleza en cada etapa y tratemos de acomodar nuestra vida a la Vida Una que bulle por doquier. El ser natural que hay en nosotros nos lo agradecerá.

Humanos en exploración tecnológica, dejad un tiempo para vosotros mismos, para contemplar lo que siempre ha sido y eso equilibrará vuestras antenas, que ya no solo captaran las microondas de los móviles sino que captaran la gran variedad de frecuencias de nuestra Madre Tierra. Podemos serlo todo, pero tenemos que querer serlo.p1050666

Un abrazo