Fecundaciones Cósmicas – Curso de comunicación con la naturaleza XIX

meteoritos

Imaginad un óvulo humano, o animal o vegetal.  Una esfera de vida esperando la caída del espermatozoide, o del grano de polen que active la formación de un nuevo ser. Si ampliamos la imagen de esa esfera y la hacemos crecer tan grande como un planeta, como nuestra Tierra, ¿qué serian los espermatozoides?

“Como es arriba es abajo” reza el texto del Kybalion. Lo que está al alcance de nuestra vista no solo nos permite aprender de lo que alcanzamos a vislumbrar sino también de lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande.

Hoy sabemos que en nuestra amada Tierra hubo una época de grandes movimientos en los que la caída de grandes meteoritos (espermatozoides cósmicos) sembró de moléculas orgánicas el útero terrestre. Cimientos de una vida que todavía no había tomado posesión del planeta.

Al igual que un espermatozoide fecunda un óvulo, los cuerpos celestiales fecundaron la Tierra de precursoras de vida.

También nuestro Sol lo hace, a diario, con sus rayos que transmiten calor, luz e información multidimensional, mucha de la cual no sabemos aún descodificar. Esa fecundación diaria de la Madre Tierra por el Padre Sol, origina la formación y el mantenimiento de sus hijos y también de nuestra evolución gracias a la información sutil que fecunda nuestra mente, femenina, ávida de conocimiento.

A nivel microscópico esa fecundación se da entre átomos de polaridades distintas. Iones positivos (cationes) que se unen a los negativos (aniones) por el principio de atracción. Se atraen para unirse y formar una nueva vida en forma de molécula, mayor y distinta en propiedades a sus progenitores. La polaridad se expresa por doquier y conociendo la parte que nos es accesible, podemos comprender el Universo entero.

Si nosotros somos una consciencia evolucionante que recorre los caminos de la vida para aprender y amar más y más, quién nos dice que los astros y planetas no serán también consciencias vivas y evolucionantes que recorren el Cosmos para aprender y amar más y más.

Nuestros ancestros ya conocían esta realidad de un planeta vivo, una conciencia planetaria de la que formamos parte. Para ellos siempre ha sido evidente que cabalgamos el cosmos en un ser vivo y con consciencia. Y si también el Sol sería un ser cósmico, sembrador de vida en cada planeta al que sus rayos acceden.

¿Qué somos nosotros en ese ser inmenso? Vayamos de nuevo a lo pequeño para comprender lo grande, a nuestro cuerpo, especialmente a los intestinos, donde más de 400 especies de microbios distintos conviven en una simbiosis fluida. Esta flora intestinal es la responsable de la fabricación de diversos neurotransmisores como la serotonina, de la que fabrica mucha más que la que se produce en el cerebro. Este microbioma en equilibrio, nos aporta salud y regeneración, en desequilibrio una flora alterada es poblada de organismos que modifican nuestra química corporal y puede llevarnos a enfermar física, mental o emocionalmente.

En esta Tierra, en esta Gaia nosotros somos esos microorganimos, que de estar en equilibrio entre nosotros y con nuestro entorno contribuimos al bienestar de Gaia, o de lo contrario somos como parásitos que alteran el entorno para su bien, pero llevan al planeta por el camino de la enfermedad. Una infección que Gaia tratará de combatir con fiebre (calentamiento global), temblores, etc. Al igual que los microbios de nuestra flora están conectados con nosotros e influyen en nuestro cuerpo y mente (de hecho podríamos decir que somos uno con nuestros microbios), los humanos somos consciencias evolucionantes conectadas a la conciencia de la Madre. Somos neuronas de ese cerebro cósmico y por ese motivo somos tan importantes en la cadena de vida planetaria y cósmica. La suma de muchas consciencias pueden fortalecer o alterar la conciencia de ese ser que en su viaje por el universo nos lleva consigo para evolucionar conjuntamente.

Como siempre digo “Todo está vivo, todo tiene conciencia y todo evoluciona”[1]

[1] Para más información al respecto podrás encontrarla en mi libro “La conciencia de Gaia” que se puede adquirir en nuestra tienda online www.tiendaeljardidelesessencies.com

Algunos fenómenos naturales y lo que simbolizan – Curso de comunicación con la naturaleza XVIII

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Cuando paseamos por la vida, a veces, llueve, otras el viento sopla sus mensajes en nuestros rostros, y con suerte, cae algún que otro copo de nieve. A menudo ni nos damos cuenta. Es todo tan “normal”. Pero detrás de cada acto del Cielo y la Tierra hay un mensaje profundo y espiritualidad de la Totalidad cuidando las totalidades que también los humanos encarnamos. Os cuento algunos de los meteoros y el simbolismo que aprecio en ellos. Aunque os cuente solo de unos pocos de estos fenómenos naturales, ya nos ayudaran a comprender que vivimos en un mundo especial y maravilloso.

Nieve

La nieve purifica con su blanco manto. Es un color de paz que produce un efecto de silencio por la amortiguación del sonido y por la quietud del frío que la acompaña. Cae un manto de paz. El cielo lo trae.

Pero, ¿Cómo es cualquier copo de nieve? Contemplad su geometría hexagonal. Cada copo distinto en sus diseños, pero siempre estrellas hexagonales unidas unas a otras formando el copo visible. El hexágono, si estudiáramos sus utilidades según la geocromoterapia descubierta por Marta Povo y más específicamente las del hexágono blanco, veríamos que se trata de un arquetipo de renacimiento, del “volver a empezar”. Según Marta Povo, el hexágono blanco aporta información para el cambio, la pureza y la renovación. Así la nieve ayuda a reiniciar el sistema natural. Es un agua que no es agua, que está teñida de geometría sagrada y permite reiniciar, también, el sistema humano.

Muchos adultos de zonas poco acostumbrados a ver nieve, sentimos alegría y ganas de jugar como niños, de pisar el blanco y suave cojín que la naturaleza confiere a nuestras ilusiones y dejar una huella impermanente.

Todo en la naturaleza es lo que parece y al mismo tiempo, todo tiene un sentido trascendente, que no se suele observar, pero que si somos capaces de estar atentos a sentir, nuestros sentimientos, emociones y pensamientos cambian con estos actos tan humildes como una pequeña nevada.

Lluvias

La lluvia es un fenómeno más común, habitual en muchas más regiones de la Tierra. La lluvia es agua en movimiento y el agua, desde antaño, ha sido asociada a las emociones. También a la energía (especialmente cuando se mueve) y a la vida (sobre todo se la percibe más así donde escasea).

El agua mueve nuestras emociones. Una lluvia suave y constante, duradera, te sumerge en un estado tranquilo, a menudo teñido de melancolía. Emociones que afloran y que en cada uno se teñirán de sus matices diferentes en función también del estado interior. Por lo tanto aquello que el agua nos sugiera o nos haga experimentar no es sino una resonancia con nuestra emociones.

Una lluvia intensa, torrencial activa nuestra energía, casi como si te sumergieras en una cascada. El agua que cae fuerte vivifica y remueve, suelos y personas, levanta nuestros barros más apegados, diluyendo y arrastrando.

Sucede, a veces, que la lluvia diurna trae un fenómeno por todos admirado,

El Arco Iris

Para mí siempre un mensaje de reconexión con el Espíritu. Recuerda lo que Somos. Somos un Todo elaborado con los colores de la Vida y después de la purificación y movimiento de la lluvia aparece la infusión de color. Cada gota, un prisma, y toda luz blanca descompuesta en 7 frecuencias para armonizar nuestros 7 chakras principales y recomponer las vibraciones que el ajetreo diario descompone. Pura magia sanadora el Arco Iris, frugal, etérea y potente. Pero hay que estar atento a las maravillas de la naturaleza y saber que traen regalos invisibles que solo podremos recibir con la intención de la atención.

Viento

Como el que sopla intenso hoy en el Jardí. El aire en movimiento es el viento. Y también desde la antigüedad al aire se lo ha asociado a los pensamientos, supongo por que tienen en común su capacidad tan alta de expansión. Los pensamientos, asociados al aire, corren. El Aire limpia la atmosfera de contaminantes. Creo que también de egregors, de las nubes mentales que creamos al asociarse pensamientos individuales afines en vibración, creando estructuras más complejas y auto-sostenidas por la fuerza mental que hemos generado. Dispersa, o a veces los conduce a otros lares, en los que, quizás, podrán  usar, o sufrir dichos pensamientos ajenos.

Cuando el tiempo anticiclónico prosigue por largos períodos, la calma del aire pude llenarse de contaminantes químicos o mentales. Que un viento fuerte se active en estos sitios movilizará lo estancado, limpiara la bruma de nuestras mentes y se llevará aquello que no podía circular.

Un exceso de viento, se ha demostrado, puede llevar a la locura. Sabemos que en zonas de vientos fuertes y frecuentes mucha gente sufre de dolores de cabeza y fuerte cambios de humor. Pero también en esas zonas algunos seres humanos sensibles y creativos pueden encontrar ideas que viajan e insuflan su influencia en sus mentes. Ideas nuevas, de otros mundos, otras gentes, que usaran para crear obras originales.

Cada meteoro que observamos llena o vacía pero nunca su influencia deja de ser.

Rayos y relámpagos

Los rayos tiene la función física de equilibrar las cargas eléctricas de cielo y tierra. La tensión y la fricción del viento sobre la tierra genera iones positivos (de polaridad, no me refiero a bueno o malo) y el cielo, en sus nubes a menudo está cargado con iones negativos. La polaridad debe ser equilibrada y el rayo y el relámpago, son las formas en que todo se ordena de nuevo.

Es algo parecido al efecto de quitarnos determinada ropa sintética por la noche y las pequeñas descargas luminosas que se produce o también el pinchazo eléctrico del contacto con la puerta metálica de un coche. Polaridades distintas que se equilibran mediante la descarga.

Esta descarga de los rayos después de una tormenta deja al aire y la tierra en perfecto equilibrio y por ese motivo la sensación de perfección y pureza son tan acusadas. El aire recién equilibrado cambia de olor y todo parece fresco y nuevo.

La naturaleza, y nosotros como parte de ella, estamos en continuo equilibrio y cambio y sería interesante saber que a veces, determinados estados internos nuestros obedecen a los estados de los elementos de la naturaleza que están trabajando a un nivel superior para equilibrar el sistema Tierra.

Un abrazo de nieve

 

Las 4 estaciones de la Vida – Curso de Comunicación con la naturaleza XVII

El lenguaje de la naturaleza es muy claro, o debería serlo, pero nos hemos cerrado a sus mensajes, a lo que el simple fluir de los días tiene que aportar. Lo que tiene que decirnos cada estación era claro no hace tantos años, pero ahora no hay estaciones, ni días y noches y el ego humano con su tecnología cree dominar la naturaleza. Cuando llega el frío calentamos la casa y con el calor la enfriamos, cuando oscurece encendemos la luz y eso nos da tiempo, pero cambia nuestros ciclos vitales. La ilusión de dominar la naturaleza, cuando nosotros mismos somos naturaleza. Dominar, pero no comprender. Vivir sin mirar al espacio que nos rodea y que nos hizo como somos como especie. No me comprendáis mal, la tecnología puede ser muy útil y la comunicación que ahora leéis no sería posible sin ella. Pero que la herramienta no se convierta en el objetivo. La herramienta tiene que facilitarnos la vida, pero en exceso lo que hace es embotarla, sustituirla. Ya no miramos al cielo, a la noche estrellada, a las hojas que caen suaves en otoño. No escuchamos con atención al arroyo que habla a cada salto, al pájaro que trina saludando al Sol, al agua que repiquetea en el tejado cuando la lluvia cae abundante. Creyendo protegernos, nos aislamos. Cada vez necesitamos mayor comodidad y eso conduce a nuestro aislamiento y nuestra parte animal duerme el sueño de la hibernación esperando despertar.

Si, hasta en la ciudad más cosmopolita la naturaleza sigue hablando, aunque a veces cueste ver el cielo, pero siempre habrá un árbol en un parque, una plantita que resistente sale entre el asfalto. Un insecto subiendo por la ventana o un pájaro en el alfeizar.

Solo hay que volver a dejarse sentir. ¿Que tiene cada estación que a todos nos afecta y llama, a pesar de nuestro intento de aislarnos?

El invierno, con su frío, ayuda a nuestra contracción, que no es solo física, sino sobre todo mental y emocional. Contraerse no es dejar de estar activo, solo que la actividad se vierte al interior. Los árboles caducos están sin las hojas, ramas y troncos desnudos resisten el embate del viento hibernal y el árbol vive hacia dentro, en su inconsciente, soñando. Las hojas simbolizan su relación con el exterior, los intercambios con el entorno, que ahora son limitados. El invierno es el mejor momento para estar en el interior, en la casa, en el interior de uno mismo. La actividad externa se enlentece, pero la interna debería estar más viva que nunca. Reflexión, interiorización, preparación de los proyectos a un nivel mental, no ejecutivo aún. El frío te contrae y parece enlentecer los movimientos, pero es para que nuestra atención se vuelva hacia el interior, a nuestro mundo interno que espera que lo reguemos con nuestro tiempo y nuestra conciencia.

Cuando el invierno es poco frío muchos frutales producen poca fruta en las siguientes estaciones. Necesitan del frío para enriquecerse por dentro y preparar una buena floración y fructificación. Sin el frío, sin el reposo hibernal, la energía se quema cuando debería ahorrarse y escaseará después en primavera y verano.

Reposa, descansa, planifica, observa, pasea. Hiberna no como el oso que duerme, sinó como el maestro que espera al momento propicio para dar sus frutos.

Y llega la primavera, la luz se incrementa lentamente a medida que las plantas brotan su verdor. Es el momento del apareamiento, de la polinización, de la fecundación de la vida. Una energía pujante asciende intensamente por nuestra columna, pero claro, esa fuerza ascendente es proporcional al descanso invernal. Si este no se produjo, la energía de la primavera será menor y hasta mucha gente no sentirá la pujanza, que por otro lado es seductora y agradable. El baile de la energía que asciende y se expresa hacia el exterior. Plantas y animales visten sus mejores galas. Es vibrante la energía de la primavera. Hay música por doquier y la velocidad en todo crece, como la sabia de los árboles que se mueve intensamente para llegar a los brotes nuevos y a las incipientes flores. Aquí el proyecto pensado en el invierno se pone en marcha.

Y el calor asciende como la energía y la velocidad de la vida crece hasta llegar al verano. Máximas horas de luz, máximas temperaturas. Menos ropajes, más relaciones. Nuestra energía está en su punto de madurez. El calor y el sudor nos hablan de que aquí es la energía de la expansión la que domina. La energía de actividad es tan grande que a veces cuesta sentarse a reflexionar. Ahora es momento de acción. Más horas de luz, más horas para actuar. En el verano la naturaleza está con todas sus hojas y flores, los frutos empiezan a cuajar y algunos ya están madurando. Los cereales se cosechan. Se obtiene el fruto de la energía conservada en invierno.

El otoño y sus hojas nos cuenta el principio del fin. Siempre me ha fascinado ver la puesta de sol en las hojas que mutan de color en los árboles. El verde empieza a amarillear, y el naranja a expresar su brillo, que con el paso de los días y el descenso de la luz, se enrojece hasta que se amarrona y cae. La vibración del verde (4rt chakra) pasa al amarillo (3r chakra), de este al naranja (2º chakra) y finalmente al rojo (1r chakra). El color de menor frecuencia del espectro del arco iris. El marrón es ya un color que denota que la hoja murió, se desprendió completamente de la vida del árbol. La vibración desciende por el río de la vida hasta esconderse bajo la superficie de la tierra, donde la vida sigue en otra forma. Es la energía de una progresiva materialización, densificación, enlentecimiento.

En la primavera el emerger de colores sigue un ciclo parecido pero inverso. Del negro o marrón de la yema hibernal se pasa al verde pero a menudo en los brotes jóvenes hay un tinte rojizo que recuerda, por unos días, la energía del otoño. Primavera y otoño son parecidos en cierta manera en el centro de sus respectivas estaciones, pero en una la energía tiende a ascender, en la otra a descender.

Miremos la estación, observemos lo que hace la naturaleza en cada etapa y tratemos de acomodar nuestra vida a la Vida Una que bulle por doquier. El ser natural que hay en nosotros nos lo agradecerá.

Humanos en exploración tecnológica, dejad un tiempo para vosotros mismos, para contemplar lo que siempre ha sido y eso equilibrará vuestras antenas, que ya no solo captaran las microondas de los móviles sino que captaran la gran variedad de frecuencias de nuestra Madre Tierra. Podemos serlo todo, pero tenemos que querer serlo.p1050666

Un abrazo

 

Los 4 Elementos y las flores de Bach – Curso de comunicación con la naturaleza XVI

El Cercle del Jardí.JPGImagina que ya sabes qué elemento  tienes en exceso o cual en defecto, bien porque has mirado tu carta natal, bien porque leyendo las descripciones de los 4 Elementos aportadas en las anteriores entradas del blog, has podido asociarlos con tu forma de ser o de funcionar en tu día a día.

Decíamos en la entrada anterior que una forma de compensar era buscar el elemento que te faltaba e incrementarlo o aumentar el elemento complementario al que tenías en exceso. Por ejemplo, una persona hiper-emocional  y por lo tanto con exceso de Agua, buscaría el elemento Fuego que la aportara la capacidad racional que necesitaba para frenar el exceso de emoción. O bien alguien muy imaginativo, distraído, al que le cuesta concretar las ideas en proyectos materializados, o dicho de otro modo, que le falta Tierra, busca el elemento que necesita y lo añade a su “dieta elemental”, como cultivar un huerto, tocar tierra etc.

Esa es la forma natural de abordarlo, usando los mismos Elementos para corregir nuestros desequilibrios. Pero a los que os gustan las flores de Bach y las esencias florales en general, tenéis otra herramienta para conseguir dicho equilibrio “elemental”. Una herramienta inestimable que aporta, entre sus muchas cualidades, la del equilibrio de nuestros elementos, seamos o no conscientes de ello.

Pongamos flores de Bach en los dos ejemplos anteriores: la persona hiper-emocional, bien podría tratarse de una personalidad Mimulus, en la que domina un exceso de Agua y faltaría Fuego. La esencia de Mimulus, tiene la capacidad de aportar ese Fuego equilibrador. El Fuego evapora el Agua. La racionalidad que aporta la esencia es ese Fuego que contribuye a iluminar a la personalidad anegada por el Agua de las emociones y poner a la razón al cargo de la emoción para matizarla en su justa medida.

A la persona imaginativa pero que no concreta, a la que se distrae fácilmente, parece sobrarle el Aire o faltarle Tierra. Clematis de Bach es una de las esencias que más capacidad tiene para aportar Tierra. Cada una de las 12 personalidades tipológicas de Bach tiene unas características negativas que en parte se pueden relacionar con el exceso o falta de uno de los 4 Elementos. Su esencia aporta, entre otras muchas cosas, el Elemento que compensa dicho desequilibrio.

¿Qué como sabemos que elemento corresponde a cada esencia floral? Por el estudio del lenguaje simbólico de la planta y de las características tanto de la personalidad y sus aspectos negativos, como por los dones que ya dejó escritos Bach para cada una de sus esencias. De esta manera hemos confeccionado esta lista del elemento o elementos que aporta cada una de las esencias florales de Bach. Si quieres más información para enriquecer estos aspectos y aportar matices a tu formación, puedes adquirir mis libros: “Las Flores de Bach para la personalidad, chakras, principios cósmicos y evolución espiritual” (que aporta mucha información de las primeras 19 flores de Bach y “Las Flores de Bach + espiritualizadas. Los chakras, los esquemas de Bach y sus aplicaciones terapéuticas” (la información aquí es de las segundas 19 flores de Bach). Solo se pueden encontrar en nuestra tienda online: www.tiendaeljardidelesessencies.com .

Veamos el listado de las 38 flores de Bach y el elemento que aportan.

Los 12 sanadores

Impatiens aporta Agua (para frenar el exceso de Fuego)

Mimulus aporta Fuego (para evaporar el exceso de Agua)

Clematis aporta Tierra (para evitar un exceso de Aire)

Agrimony aporta Fuego (para iluminar el Agua subterránea)

Chicory aporta Aire (para elevar el exceso de Tierra)

Vervain aporta Agua (para el exceso de Fuego)

Cerato aporta Tierra (para el exceso de Aire)

Scleranthus aporta Tierra (para el exceso de Aire)

Water Violet aporta Agua (para el exceso de Fuego)

Gentian aporta Aire y Agua (para el exceso de Tierra)

Rock Rose aporta Fuego (para iluminar emociones muy inconscientes, o sea Agua subterránea)

Los 7 Ayudantes

Gorse, aporta Fuego

Oak, aporta Tierra

Heather, aporta Aire

Rock Water, aporta Agua

Olive, aporta Fuego

Vine, aporta Aire

Wild Oat, aporta Tiera

Las 19 + espiritualizadas

Cherry Plum, aporta Tierra

Elm, aporta Tierra

Aspen, aporta Tierra

Chestnut bud, aporta Tierra

Larch, aporta Aire y Fuego

Hornbeam, aporta Tierra

Willow, aporta Aire y Fuego

Beech, aporta Tierra

Crab Apple, aporta Agua

Walnut, aporta Tierra

Holly, aporta Tierra y Agua

Star of Bethlehem, aporta Aire

White Chestnut, aporta Aire

Red Chestnut, aporta Aire

Pine, aporta Aire y Fuego

Honeysuckle, aporta Aire

Wild Rose, aporta Fuego y Aire

Mustard, aporta Fuego

Sweet Chestnut, aporta Fuego

Espero que esta información os sea de utilidad y también otra posibilidad en la administración de las esencias siguiendo los criterios de los  4 elementos. En caso de dudar de qué flor tomar o recomendar, porque hay muchas que aportan un mismo elemento, conviene siempre priorizar cuál de ellas, en su descripción, tiene más que ver con nuestra forma de ser, con nuestra personalidad.

Un abrazo, Feliz Navidad y que los 4 Elementos se combinen adecuadamente en vuestra vidas

Jordi

Equilibrando mis 4 Elementos – Curso de comunicación con la naturaleza XV

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En las cuatro últimas comunicaciones hemos visto como conocer mejor las características de los 4 Elementos. Uno por uno hemos analizado qué simbolizan en general y en nosotros, en nuestros cuerpos, en nuestra vida.

Leyendo atentamente éstas comunicaciones podemos aprender a conectar con ellos a visualizarlos en nuestro día a día, a verlos en nosotros y en los demás y a buscar aspectos de la naturaleza que nos ayuden a incrementar la presencia de determinado Elemento en nuestra vida o a regularlo, amplificando la presencia de su complementario.

Veamos algunos ejemplos: pensemos en una persona muy imaginativa, con muchas ideas, con facilidad para la visualización pero que en realidad no suele completar esta ideación con una concreción. Todo queda en el terreno de la mente. Podríamos pensar que tiene un exceso de Aire y que probablemente lo que necesite sea incrementar su Tierra, que parece escasa. A esta persona la animaría a conectar con el elemento Tierra, directamente comunicando con rocas, plantando algún ser verde con sus propias manos, caminar a menudo descalzo en el campo o la playa, y aceptar la vida material como parte de la espiritualidad de nuestro planeta.

Otro ejemplo: una persona que se enoja muy fácilmente, que siente que dicho enojo está justificado y vive la vida con ese exceso de Fuego, necesitará del Agua para que disminuya ese Fuego. Nadar, bañarse en el mar tan a menudo como pueda, comer alimentos frescos, con abundancia de vegetales y disminución de animales de tierra o carne roja. Ir a menudo a la naturaleza a contemplar los ríos y arroyos en sus fases más lentas. Beber más agua, todo para frenar un poco el Fuego.

Así con todas las combinaciones de elementos. Os recomendaría releer cada elemento y haceros una lista de las características de cada uno para que podáis analizar con cual os sentís más identificados, cual es más fuerte en vosotros, cual debería incrementarse, que otro refrenarse. Eso requiere de la capacidad de auto-observación y de un cierto tiempo para hacerlo. También este conocimiento nos puede ayudar como padres a tratar de inclinar a nuestros hijos hacia el Elemento que pueda necesitar y mostrarles las posibilidades que dicho Elemento, puede ejercer en sus vidas.

Aclaremos, vehementemente, que no existe, como ya imaginaréis, ningún elemento mejor o peor que otro. Solo el exceso o defecto nos lleva al desequilibrio. Esta observación nos conduce a conocernos cada vez mejor.

Alguno preguntará: ¿no hay alguna forma más concreta de averiguar qué Elemento está en exceso o cual en defecto? La respuesta es sí, (y es muy posible que quien haga esta pregunta sea alguien en el que domina el Aire y/o el Fuego, que les dan la urgencia en muchas facetas de su vida) aunque lo que ahora os voy a contar nunca tendría que ser una sustitución de la auto-observación y el auto-conocimiento, auténticas puertas de la maduración emocional y mental.

La carta natal

Con la fecha de tu nacimiento, la hora y el lugar del mismo, entra en alguna página web en la que hagan cartas natales o astrales gratuitas que sea fiable (yo uso www.astro.com, pero hay muchas webs en las que puedes consultar) e introduce tus datos. Obtendrás tu carta astral o de nacimiento que te dice en que signo estaba cada planeta en el momento de nacer. Tendrás tu Sol, tu Luna, tu ascendente, etc. Cada uno de los signos está asociado a uno de los 4 Elementos. Mira el cuadro que te adjunto para ahorrarte de buscarlos:

Tierra Agua Fuego Aire
Capricornio, Tauro, Virgo Cáncer, Escorpio, Piscis Aries, Leo, Sagitario Libra, Acuario, Géminis

Veras un recuadro en tu carta en la que saldrá el Sol, la luna, pero también Marte, Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón y también el ascendente. En total 11. Cada planeta está en un signo y conociendo el elemento de cada signo puedes contar el nº de planetas que tienes en Tierra, Agua, Fuego o Aire.

Imaginemos una carta con los siguientes porcentajes de los 4 Elementos (para hacerlo más realista os doy los porcentajes de los 4 Elementos en mi carta):

4 Fuego, 1 Tierra, 3 Agua y 3 Aire

Mucho Fuego y déficit de Tierra. ¿Qué puede convenir para mi equilibrio? Incrementar ligeramente el Agua para refrescar mi Fuego (no mucha porque ya hay 3 de Agua) y potenciar mucho el elemento Tierra, que está en franco déficit. Por eso el hecho de ser jardinero y tocar Tierra muy a menudo, es algo que me gusta y equilibra, aunque a veces me de pereza y prefiera la parte mental-espiritual del Fuego y el Aire.

Esto es solo un ejemplo y de alguien como yo que no conoce casi nada de astrología, pero que he podido comprobar que solo con eso ya tenemos mucha información general de nuestras tendencias. Si además sois conocedores de la auténtica astrología, podéis afinar muchísimo más porque sabréis cada elemento en que planeta trabaja y lo que ello simboliza.

Ahora os toca probar con vosotros y vuestros seres queridos. No olvidéis que se trata de un curso práctico y que para aprovecharlo debéis eso, practicar.

En la próxima entrega, como ya habréis practicado, hablaremos de las flores de Bach y los 4 Elementos y qué flores ayudan a incrementar o reducir dichos elementos. Os daré un listado de las 38 esencias y que elemento (o elementos) aporta cada una.

Un  Abrazo

 

Yo Soy Aire – Curso de comunicación con la naturaleza XIV

Sopla el viento meciendo los árboles. Cálido o frío el viento siempre mueve. El viento crea torbellinos que devienen tornados o se expande en forma de huracán. Es también capaz de soplar como brisa refrescante en una tórrida tarde al lado del mar.

El aire representa al Aire, ese elemento que tiene el don de la expansión y al que la gravedad parece afectar escasamente.

Recorramos de nuevo los 4 elementos: la Tierra estática y vinculada a la gravedad, solida y fuerte. El Agua, que aun siendo atraída hacia el punto más bajo en cualquier espacio tiene el don del movimiento y sin la rigidez de una forma estática se convierte en fluido. El Fuego, que transforma todo lo que toca extrayendo la esencia y liberando de la forma.

¿Y el Aire? El Aire tiene el don de la expansión. En una habitación cerrada abre un frasco de perfume y vuelve a cerrarlo de forma inmediata. En unos segundos el olor se extiende a todos los rincones del habitáculo. ¿Por qué no solo se expande hacia arriba, como hace el Fuego?

El Aire, al igual que el aire que respiramos debe tener la facilidad de llenar todos los espacios para que no queden lugares en los que su ausencia provoque el caos. ¿Te imaginas que el aire solo llenara la parte alta de una habitación y que para respirar debiéramos caminar de puntillas o que la gente bajita no pudiera hacerlo y muriera al igual que todos los animales que se arrastran? Inconcebible, ¿verdad? Inconcebible gracias a una propiedad del Aire (y el aire) como es la expansión, la tendencia a ocupar todo el espacio disponible por igual. Facilidad para difundir y extenderse.

El aire, gracias a estas propiedades, forma parte de nuestra vida y penetra en nosotros hasta el nivel celular, circulado en forma de oxigeno o dióxido de carbono por la sangre que corre en nuestras venas.

Desde la antigüedad al Aire se lo ha asociado con la mente, tanto como las emociones al Agua y la Luz a la Conciencia. El Aire siempre se mueve, se expande, difunde y difícilmente se aquieta. Observa una habitación cerrada en la que entre un rayo de luz entre los espacios de una ventana. Quédate quieto un rato, respira muy suave y observa que a pesar de la quietud las motas de polvo siguen su danza siguiendo los movimientos de un aire tranquilo. Siempre se mueve. El aire caliente asciende, el frío baja y eso crea un movimiento circular constante que todo lo abarca.

El Aire es imprescindible para que el Fuego, que está quemando Tierra (leña, carbón, etc.,) pueda prender y seguir su combustión transformadora. El Aire es el menos denso de los 4 elementos y quizás por ese motivo en su relación con los chakras, se vincula al 4º chakra, el chakra del corazón (y los pulmones, claro), un chakra bisagra que comunica a los 3 chakras inferiores o de la personalidad con los chakras superiores o más transpersonales.

Los pensamientos necesitan expandirse, como el Aire. Por eso los humanos tenemos necesidad compartir aquello que pensamos, descubrimos, sentimos. Lo llevamos a la mente y creamos y expandimos nuestro ser a través de nuestra música, poesía, escritos, y el arte en general, etc. El pensamiento, como el Aire, requiere de la expansión, porque, de hecho, forma parte de su naturaleza.

A las personas con mucho Aire les cuesta tocar con los pies en el suelo, les suele faltar Tierra. Los que se enojan por demasiado Fuego, carecen del Agua necesaria. En una próxima entrega ahondaremos en sus relaciones mutuas y os hablaremos de como aprovechar nuestros conocimientos de los 4 Elementos para nuestro equilibrio.

Gracias por permitir que mi Aire se expanda y llegue hasta vosotros para, quien sabe, contribuir a su vez a seguir esta expansión eterna de la conciencia.

Yo Soy Tierra, Yo Soy Agua, Yo Soy Fuego, Yo Soy Aire

Un abrazoP1050601

 

Yo Soy Fuego – Curso de comunicación con la naturaleza XIII

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Me estremece la visión del volcán en erupción, con ese fuego que emerge del interior de la Tierra. Me entristecen los bosques quemados, como los que hace poco han afectado a mis hermanos gallegos, en el noroeste de España, o en Portugal, en el oeste peninsular, o la devastación que el fuego provocó en diversas regiones de Chile este año.

Pero cuando miro más allá de la catástrofe no puedo sino ver al elemento trascendente, al Fuego que está tras el fuego y sin valorar los porqués, siento el poder que el Fuego simboliza.

Fuego es transformación, como la que en nuestro estomago se da cuando digerimos los alimentos ingeridos. La zona se calienta, la sangre acude para enriquecerse con el fruto de la digestión. Los ácidos, masculinos, fragmentan, transforman, usando el poder del Fuego.

Si tomáis en vuestras manos un tronco ardiendo y tratáis de hacer que la llama crezca hacia abajo, enseguida percibiréis la imposibilidad de tal intento. Probad con una cerilla. El fuego siempre crece hacia arriba, siempre intenta elevarse hacia el cielo. Quizás de ese intento y de la forma que toman las llamas su símbolo siempre ha sido el del triángulo porque realmente parece que tienda a vencer la gravedad, a ascender. El fuego siempre va hacia arriba.

Cuando veo una gran llama y recuerdo su representación triangular viene a mi mente el acto de la sublimación, la combustión de la dualidad, representada por los dos vértices inferiores del triángulo, o de la base de la llama. Esa dualidad es quemada, calcinada, transformada, elevando lo que queda hacia el vértice superior, la punta de la llama. Un solo vértice representación de la Unidad que queda cuando lo dual ha sido quemado, transformado. Por eso el Fuego es un elemento tan potente, peligroso y transformador.

El fuego está en mi células cuando usan el oxigeno para obtener su energía. En la digestión de los alimentos. Está en la llama de una vela y también en el Sol que calienta la tierra y permite la vida, una vida que no existiría sin esa llama cuasi eterna.

La luz que desprende el fuego ha sido, desde antiguo, asociada a la conciencia, porque en la Luz vemos, comprendemos.

Este elemento, como todos, tiene que estar en equilibrio. Sabemos algunos que cuando nos enojamos nuestro fuego ha crecido o que a veces la energía del fuego es apagada por el agua del miedo, una emoción de talante más acuoso.

Las épocas de mucho fuego en nuestras vidas son épocas intensas, quizás como las de ahora. Hay que cuidar que el Fuego no nos queme, pero al tiempo, es muy posible que agradezcamos ser el crisol de tal transformación.

Recordemos que la Tierra era muy estática y que la gravedad no permitía su movimiento y tampoco grandes cambios. Con el Agua el movimiento si existía, pero aún queriendo no nos era posible ir más allá de la prisión de la gravedad. Cuerpo y emociones mandaban en nuestra vida. Con la entrada en juego del Fuego las emociones se pueden quemar, como se quema a veces nuestra vida en los fuegos del karma que nos toca vivir. Ese calor que nos hace arder, también puede transformar nuestra vida y llevarnos en dirección a la unidad. Después del fuego solo queda lo incombustible, ese Amor en mayúscula. El Fuego es un elemento menos denso, más fluido, que asciende y no puede cesar en su poder transformador. Si solo somos Fuego nos quemaremos y quizás antes de tiempo dejaremos esta dualidad. Pero el Fuego, con el enfriamiento del Agua y la serenidad de la Tierra nos hará mejores. Es un paso más hacia la transformación interior.

Siéntate delante de las llamas. Sea una vela o una chimenea. Observa su movimiento, incesante, como lame la madera, como los colores cambian de rojo intenso, naranja, amarillo y blanco. Hasta plateado. Observa sin prisas y siente su calor. Un calor vivo que penetra en ti. Acerca las manos sin quemarte y como si ellas pudieran respirar, absorbe el calor de la llama. Absorbe y cuando las sientas llenas, lleva las  manos a donde te duela. Lleva el fuego transformador a tu cuerpo, tus emociones o tu espíritu y pide al fuego que te ayude a quemar la dualidad de tus días y te conecte con la Unidad que eres en realidad. Todo Luz, desde siempre y para siempre.

Yo Soy Tierra, Yo Soy Agua, Yo Soy Fuego

Para siempre,

Jordi