Curso de comunicación con la naturaleza XXV – Sanación en la Naturaleza

El viento sopla fuerte y nuestra mente se agita.

El agua corre riachuelo abajo, llevando nuestras emociones al gran mar.

El calor del Sol calienta la roca y nos pegamos a ella como lagartijas.

La luz penetra entre las ramas de la secuoya para alcanzar la oscura tierra.

Y entre el viento, acontece la calma.

Y el agua se remansa en la suave orilla.

Y el calor del Sol nos cierra los ojos, para abrir corazones.

La luz está en cada rincón, meciendo el silencio.

Y escapamos buscando consuelo y sanación en el gris cemento cuando deberíamos recordar de dónde venimos, qué Somos.

Yo Soy Agua, y Aire, Y Fuego. También Tierra. En mi están los vientos más huracanados y las brisas más suaves. En mi el agua fluye, sale, entra, se evapora y enfría. El fuego calienta mi cuerpo con su sol interior y la tierra resiste el embate de los elementos desgastándose con los años y cediendo su rigidez, redondeando sus asperezas.

Y el árbol me dice como debo respirar, y la primavera me habla de florecer en mi mente, y las raíces de compartir lo que me sobra para que no falte nada a nadie, y en el tallo sostengo a muchos. Y doy frutos y frutos como para dar más frutos.

¿Como puedo sanar? Pregunto al viento:

-Recuerda quién eres, Señor de los Elementos, -me sopla una brisa en el oído.

Y al recordar sano

Y me lo dice a mí, como humano, pero te lo dice a ti, mi hermana, mi hermano. Señores de los Elementos.

El ego en su complicada búsqueda para permanecer, nos aparta de la sencillez que lo anularía.

Pensamos que solo una complicada química aliviará nuestros sufrimientos. Que solo aquello que requiera de mil filosofías elevará nuestro ser. Que sanaremos solo tras encontrar la piedra filosofal, que por otro lado nunca hallaremos.

El agua del arroyo canta al agua de nuestro cuerpo y le recuerda que debe fluir y la resonancia de ambas consigue su equilibrio.

El árbol que lleva miles de años como especie penetrando con sus raíces la tierra nos lleva la ventaja de la edad y del silencio que nosotros, como la más recién especie, al igual que un niño pequeño solo sabe correr de aquí para allá, explorando sin conciencia aún su entorno.

Silencio nos dice, mientras las hojas caen al suelo en otoño para callar para siempre.

La roca, permanece para señalar la fortaleza que llevamos dentro, pero a pesar de la tozudez de las edades cede ante el viento y el agua y nos cuenta de la flexibilidad que es la vida, aunque sea inorgánica.

¿Qué puedo deciros que no sepáis ya? ¿Que no nos contara nuestro maestro, el Dr. Edward Bach? Decía él: “Salgamos al Sol”.

Y hablaba de como serían los hospitales del futuro, situados en plena naturaleza, rodeados de verdor y vida. Os digo, hermanos, que ese futuro ya ha llegado.

Acercaos a la mar, la gran maestra de las emociones de la Tierra que en su infinito Amor, disuelve y libera emociones y sentimientos y los purifica con la sal, el Sol, y sus corrientes. Como dice un ser muy especial que llena mi vida: “La Mar a todos les da lo que necesitan a cada momento”. Qué razón tiene.

Acercaos al bosque a celebrar la vida que bulle. Echados en el suelo veréis cuanta vida diminuta hay por todas partes y toda, toda ella, es animada por la misma luz que nos anima a nosotros.

Subid al monte más alto de vuestra zona y mirad los valles. Esta es la vista que tienen los pájaros con su mirada distante de otros reinos. Subid para pedir consejo a las alturas de vuestro ser. Viendo el paisaje como una maqueta, así veréis vuestra vida. Y desde el alejamiento, podréis acercaros al centro de vosotras mismas.

La naturaleza sana porque nosotros somos naturaleza. Sana porque las vibraciones de un mar, un bosque, una montaña, un desierto, una estepa, un glaciar, etc, en equilibrio, resuenan con nuestros mares, glaciares, montes y bosques interiores y les devuelven el equilibrio que perdieron antaño por un uso excesivo de la mente y un dominio del ego desenfrenado.

La naturaleza sana, sobre todo, porque nos lleva más allá del ego y nos recuerda Quienes Somos.

Un abrazo de Oso

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Curso de comunicación con la naturaleza XXIV – Las hojas, 2ª parte

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Si habéis leído la entrada anterior, que espero que sí, al hablar de la fotosíntesis, la función principal de las hojas es, en esencia, el intercambio. En la hoja se produce la entrada de luz y de dióxido de carbono, y la salida de oxígeno y, cuando hace calor, de vapor de agua.

En la hoja suceden los principales intercambios con el exterior del ser vegetal. Por lo tanto y extrapolando a lo humano, los intercambios serían también las relaciones, tanto del humano con el mundo, como entre humanos. Es como el ser se manifiesta en el mundo.

¿Como podemos obtener más información del tipo de relación que simboliza cada tipo de hoja? Observando los colores sería una manera, aunque en realidad solo nos serviría para las especies que tienen hojas distintas del verde, que con matices son la inmensa minoría. Un ejemplo sería el Cherry Plum-red, un ciruelo silvestre que a veces es confundido con el Cherry Plum de Bach pero que tiene las hojas granates o rojizas. La intensidad del color señala la intensidad por encima de la media, de las relaciones y como las vive la personalidad o el ser que se encuentra en este estado.

Mayor información que el color nos la da la forma de la hoja, sus márgenes y la distribución de sus nerviaciones. Veamos algunos ejemplos dentro del sistema Bach.

Las hojas compuestas como las de Clematis, Wild Rose, Agrimony o Walnut tienen unos folíolos más o menos separados entre sí. Si la hoja es la expresión en el mundo y ésta tiene partes en las que es inexistente (los espacios entre folíolos, que podéis ver buscando fotografías online) significa que en determinadas épocas se da una carencia de relaciones, una disminución de éstas, un aislamiento, etc.

Por otro lado, si los márgenes de la hoja son espinosos, como en Holly, el símbolo es claro. Agresividad defensiva.

O dos hojas fusionadas que parecen una sola y que abraza al tallo. Muestra de inseguridad y de necesidad de afianzarse al centro de la personalidad. Sería el caso de Honeysuckle.

Otra muestra de información nos la da la hoja de Elm, que tiene el limbo asimétrico, destacando siempre por ser mayor la parte superior de dicho limbo y mas pequeña su parte inferior. En la filosofía china de entender el mundo aquello que está encima es considerado Yang y lo que está por debajo Yin. En el caso de Elm, su hoja nos cuenta que vive sus relaciones con el mundo de una forma excesivamente yang o escasamente yin. Un exceso de actividad y de racionalidad y poca intuición. Estructura compensada por la esencia floral.

Las nerviaciones de la hoja también nos cuentan cosas. Siguiendo con Elm y sus nerviaciones muy simétricas y bien estructuradas nos manifiestan de la importancia del orden en este estado, llegando a ser excesivo.

Cuando las nerviaciones están excesivamente marcadas en la hoja nos pueden indicar el exceso de tensión del sistema nervioso, como en el caso de Elm, Hornbeam, White Chestnut, Sweet Chestnut y Red Chestnut, entre otros.

La disposición de las hojas en la ramita también desvela secretos, como las hojas alternas de Cerato, que cambia a menudo de actividad, interés, y enfoque. O las hojas de Scleranthus, opuestas y que le hacen preguntarse cual de las dos opciones a elegir será la buena, la de la derecha o la de la izquierda. Siempre debatiéndose entre opuestos.

Yendo más allá de Bach solo hace falta ver la Sensitiva (Mimosa púdica) que cierra sus hojas al menor contacto para darse cuenta de la extrema sensibilidad del ser a las relaciones con los demás.

También muchas plantas insectívoras (las mal llamadas carnívoras) son seres que han transformado algunas de sus hojas en trampas para insectos y por lo tanto son forma de asimilación nuevas de diferentes aspectos de la vida (cada planta según sea su trampa nos hablará de lo que ayuda a asimilar).

Hay algunas espècies de plantas que crecen sin hojas, como Gorse, que apenas tiene, siendo la mayoría transformadas en espinas, símbolo de agresión o de lucha para subsistir. En cada caso el total de características del ser indicará si la espina señala agresividad defensiva, protección o lucha para subsistir (como los cactus, que protegen al agua de la vida de su interior).

También hay hojas que se modifican para agarrarse a un soporte y ascender, como el caso de Vine, que desarrolla unos zarcillos flexibles que rodean los tallos de otras especies, a veces tan fuertemente que ahogan al ser que los sostiene, indicando que todo vale en su ascenso hacia la luz.

La diversidad de hojas es muy grande y por lo tanto los significados lo serán también. A medida que profundicemos en dichos conocimientos sabremos que tipo de relación nos cuenta cada especie y que virtudes poseerá su esencia.

¿A que no sabéis cual es la hoja de contorno más suave y redondeado del sistema Bach? Hecho que ilustra unas relaciones en extremo fáciles con este ser. Pues sí, lo habéis adivinado, se trata de Centaury ¿Casualidad o causalidad?

Un abrazo y que vuestras hojas sean suaves (y si se requiere con algún pincho de vez en cuando 😉)

 

Curso de comunicación con la naturaleza XXIII – Las hojas – Fotosíntesis

 

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El tallo, decíamos en la comunicación anterior, permite que las hojas se sitúen en un lugar lo bastante elevado para acceder a la luz. Y he aquí la maravilla. Este juego entre la luz y las hojas que se ha perpetuado desde el origen vegetal, permite la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

¿Sabéis que la ciencia no ha sabido todavía imitar, ni tan siquiera un poco, las reacciones físico-químicas que se producen en la fotosíntesis?

Os voy a contar de forma sencilla los procesos que implican la fotosíntesis.

En primer lugar el agua, absorbida por las raíces asciende por el tallo, pasa por las ramas y llega a las hojas, que durante el día reciben la luz del Sol. Ahí la primera maravilla. La luz es captada por unos pigmentos verdes, las llamadas clorofilas. Hasta aquí seguro que lo sabíais, pero la luz sigue el camino interior por la hoja y otros pigmentos antena captan y agrupan la luz en un haz coherente que tiene la función de un láser biológico que corta la molécula de agua ( H2O) y la separa en hidrógeno (H2) y oxígeno (O).

Al mismo tiempo, sabemos que la hoja capta el dióxido de carbono (CO2) del aire y lo introduce en el interior de la célula donde se va a encontrar a la molécula de agua separada en sus componentes. De la mezcla de las tres moléculas nace una nueva afinidad que se traduce en la unión del carbono (C) con oxígeno (O) y con hidrógeno (H2), constituyendo una molécula llamada glucosa (C6H12O6). Es decir que cada 6 moléculas de agua que se junten con 6 moléculas de dióxido de carbono, forman una molécula de glucosa y además un componente sobrante que se llama oxígeno y que gracias  a las algas y a las plantas permite la vida animal en la Tierra.

Bien, esta es la explicación científica de la fotosíntesis. Veamos la explicación metafísica de lo que pasa en la hoja y de lo mucho que tenemos que aprender de los seres verdes.

Desde antaño el Agua se asocia a las emociones, el Aire al pensamiento y la Luz a la conciencia. Los tres son elementos que interviene en la fotosíntesis. Podríamos formular en términos metafísicos lo que sucede en este proceso como:

“La luz que pongamos en nuestras emociones y nuestros pensamientos dará lugar a la energía para materializar nuestros proyectos y el nivel de vitalidad y salud que tengamos”

Pongamos ejemplos:

Si nuestra conciencia es escasa (poca luz) y nos dejamos llevar por las emociones, sentimientos y pensamientos negativos, tendremos escasa energía para materializar nuestros proyectos (para la planta la glucosa es lo que a partir de agua y aire obtiene de solido y que le es necesario para el resto de funciones vitales) y nuestra vitalidad (el oxígeno obtenido como resultado de la reacción) estará en consonancia, derivando a una mayor probabilidad de enfermar.

Si en cambio somos seres conscientes, atentos a nuestras emociones, sentimientos y pensamientos y elevamos su frecuencia vibratoria cuando vemos que no son adecuados, obtendremos mayor energía para materializar nuestros proyectos (que ya seguro tendrán una mayor consciencia también y por lo tanto no solo no serán dañinos sino que seguramente revertirán en el beneficio de la totalidad) y mayor vitalidad, con lo que el riesgo de enfermar será mucho menor.

Los seres verdes nos cuentan de qué manera podríamos vivir los humanos. A través de la fotosíntesis nos dan pistas de como manejarnos en lo emocional y mental, unos estados que corresponden a niveles superiores de consciencia (sin la intervención del ego) que las plantas tienen tan integrados en su ser que los manifiestan en el orden físico. Sin desplazarse llegan a materializar vida, para ellos y para el resto de los seres. Su vida misma es una expresión de donación absoluta y siendo, solo siendo, sin hacer nada, contribuyen a la totalidad.

¿Podrá ser que nosotros, solo siendo, pero con plena conciencia en nuestras emociones, sentimientos y pensamientos, podamos, solo así, cambiar nuestro mundo para bien, o aunque sea, no dañarlo?

Ya es hora que los seres rojos, (nosotros con nuestra hemoglobina), podamos aprender de los seres verdes (con su clorofila) entendiendo que por sí solo el movimiento no da la sabiduría y la capacidad para alterar nuestro entorno no significa que debamos hacerlo. Con la conciencia natural que llevamos de fabrica en nuestro interior deberíamos tener la capacidad de hacer lo adecuado, pero por si acaso, la evolución nos ha regalado unos hermanos de los que aprender si dejamos nuestro antropocentrismo y nos volvemos más geocéntricos (o Gaiacéntricos), pues la vida en la Tierra tiene mucho que enseñarnos todavía.

Un fuerte arbrazo

Una arbreçada

 

Curso de comunicación con la naturaleza XXII – Tallos y troncos

P1050996Como decíamos en la comunicación anterior la semilla que germina empieza desarrollando su raíz, pero el tallo la sigue a las pocas horas, un tallo que en los árboles deviene tronco. El tallo parece comportarse de forma antagónica a la raíz, mientras ella busca la oscuridad, el tallo persigue la luz, ascendiendo para copar el espacio necesario para alimentarse de la vibración luminosa. El tallo se eleva para permitir el acceso de las hojas al Sol.

El tallo tiene unos receptores en su extremo que leen la luz y orientan el crecimiento en su dirección. Se llama a este efecto fototropismo positivo, y a su vez tiene geotropismo negativo (huye de la gravedad), al contrario, polarmente, que la raíz.

El tallo, en la mayoría de las especies, se sitúa en el centro del ser vegetal y por su interior fluyen los líquidos. El agua con los minerales asciende hacia las hojas, que con la fotosíntesis obtienen azúcares, que descenderán para alimentar a todas las células de la planta, también claro está, a las de las raíces. Por lo tanto, podemos visualizar un gran flujo de líquidos que se mueve en ambas direcciones por el interior del tallo.

En los troncos el fluir de los líquidos se da solamente muy cerca de la corteza protectora, justo por debajo de ella. El resto, en su interior, es la madera, formada por células ya muertas y lignificadas (endurecidas). Es en el tronco que leemos los anillos de crecimiento, que como en un mapa de vida nos cuenta que tal estuvieron los años en los que medró ese gigante vegetal. Cada anillo un año. Si sufrió sequía, poca amplitud, si fue de abundancia, mayor extensión. Alguna herida por incendios, la cicatriz quedó, aunque el incendio fuera pequeño al igual que el daño y fuera muy antiguo. Como una marca indeleble nos cuenta de su sufrimiento pasado.

Viendo estas generalidades de los tallos y troncos, nos queda una interpretación de las mismas, siguiendo la analogía con la que ya vestimos las raíces.

Si la búsqueda de la oscuridad en las raíces se asociaba a lo inconsciente, la búsqueda de luz de los tallos tendrá relación con lo consciente. Además, estamos hablando de la parte más central del ser, desde donde todo lo demás crece: hojas, flores y frutos.

Esta centralidad nos conduce a pensar que el tallo podría asociarse al centro del ser humano, a su forma de ser, a su personalidad y al igual que el agua se mueve por dentro del tallo, las emociones se mueven por el centro de la personalidad y son la causa de los cambios en la misma. El tallo corresponde al Como Somos.

A su vez, la corteza que protege a la planta es equivalente a la máscara que todos tejemos en nuestra vida para enfrentar las situaciones que nos cuestan o son nuevas. Una corteza gruesa manifiesta mucha necesidad de protegerse, o escasa confianza en la propia fortaleza (sería el caso de Larch); cortezas delgadas como las de Holly y Beech, nos cuentan que las personalidades equivalentes se enojan fácilmente cuando algo se les acerca o les molesta. Hasta Aspen, con su corteza llena de agujeros nos habla de su porosidad etérica.

Troncos rectos, rectitud en la forma de ser, puede que hasta de una forma exagerada (sería el caso de Pine y Larch). Troncos que tienen las ramas creciendo en un solo plano (ramificación dística se llama a esta forma de crecer), como en el caso de Elm, indicaría que se ve el mundo también de una única manera y las hojas (que veremos en la próxima entrega) nos indicarían que la manera de ver el mundo es casi exclusivamente desde un polo masculino o yang (acción, aspectos racionales, poca emoción y escasa intuición).

También las plantas nos enseñan que al igual que ellas buscan la luz con afán, nosotros vamos en la búsqueda de una mayor conciencia de ser. Recordemos que desde la antigüedad el agua se asocia a las emociones, el aire a los pensamientos y la luz a la consciencia. Usamos estos conocimientos ancestrales para traducir la naturaleza.

Es la suma de todas las partes del ser vegetal que nos dan las pistas que asociamos a las personalidades. Al igual que una persona no se puede conocer con solo uno de sus aspectos, para entender el vegetal y extrapolarlo a lo humano necesitamos conocer el máximo de aspectos posibles del árbol o la planta.

Decíamos que la madera, con sus anillos, nos mostraba la vida del árbol, lo que ha sucedido en su año a año. Esa es la parte que correspondería al pasado en la vida actual del ser humano que asociamos al árbol. No confundir con el pasado que nos contaba la raíz, que tiene más de un pasado remoto, ancestral, intrauterino o hasta kármico, podríamos decir y habitualmente inconsciente.

Nos vemos en las hojas

Un abrazo

 

Curso de comunicación con la naturaleza XXI – Raíces

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Cuando una semilla decide germinar es la raíz lo primero que emerge. Tocar la madre tierra e integrarse a ella y empezar a absorber el elemento imprescindible de toda vida en nuestro planeta: el agua. Sin el agua las hojas no podrían realizar la fotosíntesis y es seguramente por ese motivo que la raíz es primera y el tallo la sigue poco tiempo después.

La raíz ayuda a la fijación de la planta, le permite absorber agua y minerales, almacena en su interior substancias de reserva y sirve para conectar plantas entre sí, de la misma y también de distintas especies.

La raíz tiene pasión por la oscuridad y por la gravedad, que la atrae sin remedio hacia el centro planetario. Al reflexionar sobre la raíz y tratar de relacionarla por analogía a algún aspecto humano, no tanto del cuerpo sino de la mente, me fijo en la oscuridad en la que prefiere vivir y realizar sus funciones. Oscuridad.

Si de forma habitual se ha relacionado a la luz con la consciencia, la oscuridad debería ser la falta de ella. A eso podríamos llamarlo también inconsciente. Una parte de nosotros tanto individual como colectiva, a la que no tenemos acceso sino es a través de los sueños pero que conforma enormemente el cómo somos.

Julian Barnard en “Forma y Función”, comenta que las raíces pueden simbolizar el pasado. Tiene mucho sentido pues hasta los humanos cuando hablamos de nuestros orígenes decimos “nuestras raíces”. Sí, en la planta el suelo y las raíces son el origen que permitirá un tallo alto, una corteza fuerte o muchos frutos. Lo mismo que una familia nutricia dará lugar a unos hijos maduros y autónomos, o una de ausente, o disfuncional dará hijos con grandes carencias afectivas.

No somos tan distintos seres verdes y seres rojos. Lo que nosotros vivimos a nivel de los sentimientos y emociones, las plantas lo han materializado. Quizás por ese motivo las esencias florales trabajan tan bien las personalidades, formadas por emoción, sentimiento y pensamiento. En su esencia han materializado aquellos aspectos positivos que nosotros necesitamos. La armonía de cada aspecto de nuestro ser está tallada en los pétalos de una flor, en sus estambres y pistilos o en los colores que emanan junto a los aromas. Cada flor es una virtud universal cristalizada. Una emoción armónica hecha color, un pensamiento sutil y creativo se expande desde ella en el aroma que desprende.

La ramificación de las raíces le permite la capacidad de absorber más agua y minerales. Así una planta con raíces muy extendidas y ramificadas dispondrá de mayor cantidad de nutrientes y una con raíces cortas y poco ramificadas los tendrá más limitados. Podemos, mediante la analogía, extrapolar lo que agua y minerales significan como base de la vida vegetal. Podríamos asociarlo a energía, entendida como vitalidad.

En resumen, las raíces nos hablan de las relaciones con el inconsciente, personal y colectivo, de nuestro pasado reciente, la familia de origen y de la capacidad de tener una energía para vivir más o menos abundante.

 

Con esta hipótesis me pregunté como eran las raíces de las flores de Bach y si las personalidades asociadas respondían a las características señaladas anteriormente. A modo de ejemplo algunas flores que lo ilustran:

Impatiens, la primera de las flores de Bach, tiene raíces poco profundas, lo que indicaría que la personalidad correspondiente no está centrada o afectada por el inconsciente, ni el pasado en gran medida. Sabemos que Impatiens tiende siempre a proyectarse hacia el futuro y nada le aporta el pasado, al contrario, parece que el pasado lo distrae de sus proyectos y no le gusta. Le hace perder el tiempo.  A la vez, sus raíces superficiales están extremadamente ramificadas para poder absorber al agua y los minerales en cantidad. Lo que nos hablaría de una personalidad con mucha energía disponible. Todos los que conocemos a algún Impatiens podemos dar fe de ello. Van energéticamente sobrados.

Pine y Larch, son árboles que tienen raíces más profundas y que cuentan relaciones importantes con el inconsciente y con el pasado. A mayor profundidad de raíces, mayor profundidad temporal e inconsciente. El lugar donde se oculta el problema (la culpa y el sentimiento de inferioridad en estos dos ejemplos respectivamente) está en el pasado y es mayormente inconsciente.

Clematis, tiene un sistema de raíces poco desarrollado, suficiente cuando la planta es pequeña pero casi insuficiente cuando ella proyecta sus tallos en forma de liana hacia arriba y crece y crece superando los 10-12 m con facilidad. Las raíces poco profundas nos hablan de relaciones escasas con aspectos inconscientes y con el pasado. Clematis siempre está en un limbo temporal que si se pudiera clasificar de alguna manera se diría que es un futuro hipotético que poco probablemente se va a realizar. Al mismo tiempo los niños Clematis tienen mucha energía, pero a medida que crecen parecen ir languideciendo (en la planta se ve porque buena parte de sus tallos lianoides parecen muertos, y su parte verde y flores solo están en los extremos del tallo, tan alto como los soportes a los que se fijan les hayan permitido crecer). A más altura crece la planta, las raíces no crecen en proporción y por lo tanto la planta parece que no puede verdear en todo su tallo. Tiene que destinar la energía a solo una parte de su ser. Extrapolando, vemos que las personalidades Clematis están ausentes gran parte de su vida. Toda la energía escasa de que disponen está centrada en aspectos mentales.

Cada flor de Bach y cada planta de nuestra amada Tierra tiene raíces con una forma, profundidad y ramificación que le son propias y la definen. Unas características que nos pueden dar pistas sobre el trabajo que la esencia puede aportar.

Es un lenguaje simbólico, pero no por ello menos real y útil.  Para ir entendiendo bien este lenguaje deberemos profundizar también en el tallo, las hojas, las flores y los frutos. Solo el cuerpo entero del vegetal nos señala enteramente sus dones. Seguimos en unos días

Afianza bien tus raíces, porque vamos a despegar

Un abrazo

Curso de comunicación con la naturaleza XX – Otra forma de comunicar y aprender

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Hace ya algunos meses que no realizaba ninguna entrada en este blog, en este curso para aprender a comunicar con la naturaleza. Aunque ha sido por motivos personales, la verdad es que este silencio viene bien para reiniciar el curso con otra mirada que hace años empecé a cultivar y que se ha demostrado útil para comprender lo que cada especie vegetal tiene para contar, su don como especie que forma parte de la vida de Gaia.

Este lenguaje que os voy a mostrar en el curso es conocido como signatura vegetal. El termino fue dado a conocer por Paracelso para indicar que a través de distintos signos externos que mostraban determinadas especies vegetales se podían deducir sus funciones terapéuticas. El usaba la alquimia y la astrología, de las cuales era un gran maestro, como ayuda en este conocimiento silencioso que los vegetales expresaban con su simple crecimiento.

Pero ya antes que él los primeros seres humanos usaban la signatura vegetal para conocer qué plantas servían de alimento y cuales podrían ser remedio.

Un ejemplo, la cola de caballo, una planta que vive al lado de los cursos de agua, siempre cerca de la humedad y que tiene una estructura muy conocida, con unas hojas lineares y un tacto muy áspero.

Para la gente, el hecho de crecer en cursos de agua limpia y no tanto en lugares de aguas estancadas, era la analogía de que serviría para de mover el agua en su interior y limpiarla. Hoy día a esta propiedad la llamamos diuresis. Por otro lado, su tacto áspero y su aspecto parecido al cabello o a los pelos de un caballo (de ahí su nombre) le confería la analogía de ser una planta que ayudara a reforzar el cabello. Sabemos por los análisis que esa remineralización del cabello se da (y no solo del cabello sino también de las uñas y dientes) por la gran abundancia de ácido silícico que contiene.

Sin ningún análisis bioquímico, nuestros ancestros eran capaces de conocer para qué les servían muchas de las plantas de su entorno. Aquí estamos nosotros, supervivientes de esta forma de pensamiento ancestral, para demostrar su éxito evolutivo.

Pero estas formas de conocimiento ancestral que se basaban en la signatura comparaban estructuras, tactos, colores y formas de crecimiento de una planta para saber sus propiedades como alimento o medicina, siempre desde un punto de vista físico y químico.

Al conocer las flores de Bach, siempre me pregunté como hizo el Dr. Bach para saber para que servía cada esencia de cada una de sus plantas. Como no dejó nada escrito al respecto, indagué por mi cuenta para buscar alguna hipótesis. La diferencia de los hallazgos del doctor con nuestros antepasados es que fuera lo que fuese que encontró Bach, no era para nuestro cuerpo físico, sino que era para sanar nuestros cuerpos etérico, emocional, mental y de sentimientos. O sea que contemplando la planta sabía deducir qué aspectos sutiles trabajaría su esencia en nuestro interior. Ya no se trataba de aspectos bioquímicos.

Usando la analogía, mis conocimientos como botánico y la pasión por las flores de Bach tracé algunas hipótesis que 10 años después de la publicación de mi primer libro “Cuaderno botánico de flores de Bach” se han demostrado muy útiles para deducir los usos terapéuticos de plantas de las que hasta ahora no se había elaborado ninguna esencia. Y casi (insisto en lo de casi) puedo deducir buena parte de los usos de la esencia floral de la mayoría de las plantas estudiando su signatura vegetal, sus formas, colores, lugar de crecimiento, estructuras, geometrías, números, etc. De la Forma a la Función, parafraseando el gran libro de Julian Barnard, “Forma y Función” del cual bebí como orientación inicial a mi trabajo.

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Vaya por delante mi profundo agradecimiento a este gran maestro floral, el primero en dar a las plantas la importancia que merecen dentro del sistema Bach y de proponer el gesto de la planta (que es lo mismo que decir su signatura) como el recurso que permite conectar lo que vemos del vegetal con sus funciones terapéuticas.

A cada nueva entrada de este blog avanzaremos en este conocimiento, que si deseáis podréis complementar con el curso de signatura gratuito de la web. A través de más de 20 vídeos podréis ver la signatura de cada flor de Bach usando los códigos de traducción planta-humano que identifiqué. Os dejo aquí el enlace: https://eljardidelesessencies.com/curso-gratuito-de-signatura-de-las-flores-de-bach/

Es un placer para mi reemprender el curso de comunicación con la naturaleza y deseo que estos nuevos aportes os ayuden a ver la belleza y armonía del orden natural que está en todo.

Un fuerte abrazo y gracias por vuestra atención

Jordi Cañellas

Fecundaciones Cósmicas – Curso de comunicación con la naturaleza XIX

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Imaginad un óvulo humano, o animal o vegetal.  Una esfera de vida esperando la caída del espermatozoide, o del grano de polen que active la formación de un nuevo ser. Si ampliamos la imagen de esa esfera y la hacemos crecer tan grande como un planeta, como nuestra Tierra, ¿qué serian los espermatozoides?

“Como es arriba es abajo” reza el texto del Kybalion. Lo que está al alcance de nuestra vista no solo nos permite aprender de lo que alcanzamos a vislumbrar sino también de lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande.

Hoy sabemos que en nuestra amada Tierra hubo una época de grandes movimientos en los que la caída de grandes meteoritos (espermatozoides cósmicos) sembró de moléculas orgánicas el útero terrestre. Cimientos de una vida que todavía no había tomado posesión del planeta.

Al igual que un espermatozoide fecunda un óvulo, los cuerpos celestiales fecundaron la Tierra de precursoras de vida.

También nuestro Sol lo hace, a diario, con sus rayos que transmiten calor, luz e información multidimensional, mucha de la cual no sabemos aún descodificar. Esa fecundación diaria de la Madre Tierra por el Padre Sol, origina la formación y el mantenimiento de sus hijos y también de nuestra evolución gracias a la información sutil que fecunda nuestra mente, femenina, ávida de conocimiento.

A nivel microscópico esa fecundación se da entre átomos de polaridades distintas. Iones positivos (cationes) que se unen a los negativos (aniones) por el principio de atracción. Se atraen para unirse y formar una nueva vida en forma de molécula, mayor y distinta en propiedades a sus progenitores. La polaridad se expresa por doquier y conociendo la parte que nos es accesible, podemos comprender el Universo entero.

Si nosotros somos una consciencia evolucionante que recorre los caminos de la vida para aprender y amar más y más, quién nos dice que los astros y planetas no serán también consciencias vivas y evolucionantes que recorren el Cosmos para aprender y amar más y más.

Nuestros ancestros ya conocían esta realidad de un planeta vivo, una conciencia planetaria de la que formamos parte. Para ellos siempre ha sido evidente que cabalgamos el cosmos en un ser vivo y con consciencia. Y si también el Sol sería un ser cósmico, sembrador de vida en cada planeta al que sus rayos acceden.

¿Qué somos nosotros en ese ser inmenso? Vayamos de nuevo a lo pequeño para comprender lo grande, a nuestro cuerpo, especialmente a los intestinos, donde más de 400 especies de microbios distintos conviven en una simbiosis fluida. Esta flora intestinal es la responsable de la fabricación de diversos neurotransmisores como la serotonina, de la que fabrica mucha más que la que se produce en el cerebro. Este microbioma en equilibrio, nos aporta salud y regeneración, en desequilibrio una flora alterada es poblada de organismos que modifican nuestra química corporal y puede llevarnos a enfermar física, mental o emocionalmente.

En esta Tierra, en esta Gaia nosotros somos esos microorganimos, que de estar en equilibrio entre nosotros y con nuestro entorno contribuimos al bienestar de Gaia, o de lo contrario somos como parásitos que alteran el entorno para su bien, pero llevan al planeta por el camino de la enfermedad. Una infección que Gaia tratará de combatir con fiebre (calentamiento global), temblores, etc. Al igual que los microbios de nuestra flora están conectados con nosotros e influyen en nuestro cuerpo y mente (de hecho podríamos decir que somos uno con nuestros microbios), los humanos somos consciencias evolucionantes conectadas a la conciencia de la Madre. Somos neuronas de ese cerebro cósmico y por ese motivo somos tan importantes en la cadena de vida planetaria y cósmica. La suma de muchas consciencias pueden fortalecer o alterar la conciencia de ese ser que en su viaje por el universo nos lleva consigo para evolucionar conjuntamente.

Como siempre digo “Todo está vivo, todo tiene conciencia y todo evoluciona”[1]

[1] Para más información al respecto podrás encontrarla en mi libro “La conciencia de Gaia” que se puede adquirir en nuestra tienda online www.tiendaeljardidelesessencies.com