Blog ¿ Hablas Planta?

Contemplación, el silencio de la mirada perdida – Curso de comunicación con la naturaleza VII

Cuando me acuerdo de los años que pasaron hasta que fui capaz de aquietar la mente lo suficiente como para atisbar la voz de mi conciencia,… son tantos,…

Si, hasta que no fui capaz de creer, no escuché, pero algo fue sucediendo en las entretelas de mi relación con la naturaleza.

De pequeño pasaba horas y horas solo en el bosque escuchando los pájaros, viendo a los insectos relacionarse con las flores o como el polen de los pinos lo espolvoreaba todo al ser las ramas mecidas por el viento suave del noroeste. Cada estación distinta.

Entraba al bosque tan temprano como me era posible y a menudo los abuelos se enojaban conmigo por llegar tarde a la hora del almuerzo. Para mí era un rato, un paseo, un instante incontable. Para ellos habían transcurrido 4 o 5 horas.

Al estudiar botánica en la universidad los paseos se hicieron más largos porque mi razón entró en juego y se cultivó en mi interior el deseo de nombrar y nombrar especies botánicas. Nombres científicos en latín que construían listas interminables en mi mente. Si alguien hubiera escrutado mis pensamientos fácilmente hubiera podido pensar en mi como en un antiguo romano viajero del tiempo. Fue una etapa feliz, de aprender mucho, pero comprender poco y con el tiempo y la repetición llegó el hastío y las listas de especies se me antojaron aburridas. Por el camino convencional de la ciencia había perdido algo que en mi niñez y adolescencia hacía tan especial mi contacto con la naturaleza.

Pero no hay árbol sin raíz y de la inocente niñez de conexión inconsciente a la juventud científica de inocencia perdida, le sucedió una etapa de volver a una conexión más pura, desde el corazón, pero también consciente. Me di cuenta, con el tiempo, que podía cambiar mi registro interno y podía escoger el “modo” de relacionarme con la naturaleza. ¡Beeep! Modo Ciencia, y empezaba las listas botánicas y los estudios de polinización. ¡Beeep! Modo paseo, mi caminar se hacía más lento, mi respiración más profunda y mis ojos veían sin mirar.

Todo importante, todo necesario, todo parte de la evolución de mi ser. Y del tuyo. Y del de todas. Todo recordar. Recordarte a ti mismo en forma de pájaro, de flor, de hongo o de humano. Todo Consciencia.

La contemplación del niño, el aprendizaje del adolescente, la conciencia del que empieza a ver que solo dicha conciencia importa y ES.

En la contemplación eres aquello que ves. La naturaleza es el espejo de la conciencia Una y por eso en ella volvemos a casa.
¿Quieres conectar con la naturaleza? Contempla. Mira sin mirar. Mira sin juzgar. Maravíllate de la perfección del Todo. Si, también de ti y de tu cuerpo. Al contemplar sin juzgar aprendes como un niño pero con la conciencia del adulto.
No ves las olas del mar lamiendo la arena de la playa. Ves el grano de arena como ola tras ola avanza y retrocede y se pule con los embates de cada nuevo viaje. Y el guijarro largo tiempo puliéndose te cuenta de las vidas que son necesarias para aprender. Y te ves en él. Y eres él y todo lo que existe te habla.
Eres gota y eres mar. Te evaporas, te elevas a otro nivel de realidad solo para volver a caer, al mar, pero más sabio, más pleno. Y esa gota que eres es imprescindible pues su experiencia nueva forma parte de ese mar infinito que no deja de crecer con cada nueva toma de consciencia. Eres todo lo que contemplas, porque ERES TODO.
Mira sin juzgar. Siente la maravilla y belleza como te llena y en ese momento ya dejará de importarte conectar con tu entorno, pues no hay nada con que conectar. No hay nada fuera de ti. Tú Eres Todo. Tú Eres Yo. Yo Soy Tú. Y juntos formamos este nuevo mundo de conciencia expandida. Y juntos gritamos al eco de las montañas que Somos Uno.
Contempla la naturaleza, mi hermana, mi hermano, para recordar Quién Eres.

platja

Los árboles no hablan. ¿O si? – Curso de comunicación con la naturaleza VI

Esta comunicación es de Inda Jani, otra de las sanadoras que forman parte del grupo de trabajo de El Jardí de les Essències. Ella aprendió hace años a comunicarse con los árboles y otras fuerzas de la naturaleza y este año, por primera vez en El Jardí , vamos a poder contar con su maestría al ofrecer unos cursos presenciales para aprender a conectar con los árboles y recibir sus mensajes.p1060048

Hace un tiempo, un niño me preguntó: “¿cómo es que tú hablas con los árboles?, ¡los árboles no  hablan!”

No era una pregunta fácil de responder, en primer lugar, porque debía adaptar mi lenguaje al suyo, y no soy muy hábil en ésto; en segundo lugar, porque sentía el tono de “esta chica está loca…” Le conté que los árboles nos pueden ayudar a encontrar respuestas cuando no sabemos qué hacer, pero que su voz no la oiremos con los oídos, si no con el corazón… que cuando se encontrara en una determinada situación que le resultara difícil, buscara un arbolito que le pareciera especialmente bonito, o fuerte, o diferente, y se sentara cerca de él. Que prestara atención a los colores, a las hojitas, al tronco, que escuchara los sonidos cercanos de la vida del bosque. Podía presentarse al árbol y explicarle su inquietud, incluso abrazarle, y que tal vez en un ratito, como por arte de magia, le vendría a la cabeza una fabulosa idea, o de pronto se inventaría un cuento y daría con la solución a su problema. Porque los árboles hablan de mil formas diferentes.

Los árboles “hablan”, claro que sí, pero tenemos que abrirnos a “escuchar”.

No hay unos determinados pasos ordenados e infalibles para poder conectar con un árbol, y creo que nadie nos puede enseñar el secreto, porque de hecho ya sabemos hacerlo, aunque hay que estar dispuestos y despertar esa capacidad.  Es más bien cuestión de actitud y disposición. A veces la comunicación tarda un tiempo en producirse, y otras, tiene lugar al instante.

Para mí, lo esencial, es parar la cháchara interna en la que acostumbramos a vivir, y llevar nuestra vibración a un estado de calma y escucha consciente. Cada uno irá descubriendo sus métodos. El mío pasa por una primera observación del entorno, con una actitud de admiración hacia todo lo que tiene lugar a nuestro alrededor. Esta observación incluye todos los sentidos: la vista, el oído, el tacto, el sabor, el olfato…  y esos otros sentidos que no tienen que ver con lo físico… Con esta primera observación, conseguiremos olvidarnos de nosotros mismos y nuestra importancia y disminuiremos los pensamientos que tanto incomodan a los árboles.

Acostumbro también a enraizarme, a imaginarme en el papel de un árbol que se desarrolla al sol, recogiendo su luz y la energía que necesita para crecer. Si me dirijo a un árbol nuevo, me presento, y le hago saber porqué estoy ahí. Si es un árbol que ya me conoce, simplemente le saludo y le muestro mis respetos. Normalmente me siento en su regazo y cierro los ojos y siento con amplitud y abertura, dispuesta a recibir y dar desde otro punto. Otras veces, utilizo técnicas diversas que he ido descubriendo, o me han enseñado mis Maestros: observación Ghoeteana, lanzamiento de sekes, unión de auras…

Es desde este estado de calma que puedo recibir información valiosa, ya sea en forma de una imagen, o de un diálogo interno que no es mental, o de una idea, o de una quietud y reconocimiento, o de ver claro un porque y para qué, que me facilitará encontrar la respuesta por mí misma.

Ésto es para mí conectar con un árbol. No se trata únicamente de abrazar y cerrar los ojos, tampoco es algo esotérico, si no un momento profundo, de comunión con uno mismo.

Se dice que cada especie aporta un determinado aprendizaje. Es una buena guía de inicio para empezar a caminar. Mi opinión, con el tiempo, ha ido derivando a la creencia de que en el fondo lo que sucede es que conectas contigo mismo, con tu Yo Superior, y con una Conciencia Colectiva que va mucho más allá de lo que para nuestro Ego es la Vida. Puedes llegar a acceder a un Conocimiento Superior que está disponible para todos, y que se encuentra más allá de cualquier valoración u opinión. Son Verdades que no se rebaten. Simplemente Son, y cada uno de nosotros las llevamos en nuestro interior, pero no siempre sabemos acceder a ellas. Los árboles, con su presencia, nos facilitan este proceso.

Así pues, cuando desees empezar este trabajo, simplemente escucha tu intuición y dirígete al árbol que te llame la atención. Te dará justo lo que necesitas en tu momento vital, independientemente de la especie a la que pertenezca, porque lo que harás será acceder a una Sabiduría Común, a una Conciencia Colectiva, a la Unidad que está presente en todo… Déjate guiar por tu Ser. Es interesante que anotes en una libreta tus conexiones, porque a menudo se olvidan detalles importantes al cabo de unos minutos. Además, al llevar un registro, puedes comprobar con el tiempo tus propios avances.

Una de las conexiones realizada con mi Roble:

Este bello árbol ya me conoce, pues he venido a hablar con él decenas de veces. Es un ejemplar anciano, tal vez 300 o 400 años. Dos personas no se bastan para abrazar su tronco. Es inmenso y majestuoso… Con un porte hermoso, bien formado y fuerte. Es el único como él en todo el entorno. Como el guardián de este bosque.

He llegado a pié (se puede llegar en coche por una pista), y durante el camino he ido haciendo una meditación interna a través de unas oraciones con reiki.

Me he sentado a un metro de su tronco y cerrado los ojos, y casi de inmediato he empezado a pendular. Poco a poco, la rotación ha pasado a ser un movimiento de vaivén, delante-detrás, y finamente he ido deteniéndome. Siento que ha estado equilibrando todos mis chakras.

Vengo a trabajar el perdón.

Y surge una conversación interna (las frases en mayúscula son la sabiduría del roble):

– No sé si estoy preparada para aceptar la culpa.

– LO ESTÁS?

– Lo estoy?

– LO ESTÁS. EMPIEZA POR PERDONARTE A TÍ MISMA. NO TE HAS PERDONADO. COMO QUIERES PERDONAR A TU PADRE SI NO TE HAS PERDONADO A TÍ MISMA? DEBES PERDONARTE EL NO HABER ESTADO AL LADO DE TU ABUELA, AL LADO DE TU PRIMA, AL LADO DE TU MADRE. NO ESTUVISTE PORQUE ERA NECESARIO PARA TU SUPERVIVENCIA.

– … sí??

– NO PODÍAS HACERLO DE OTRO MODO. CREES QUE SI HUBIERAS PODIDO, SI HUBIERAS  ESTADO PREPARADA PARA LA CRUDEZA DEL MOMENTO, NO LO HABRÍAS HECHO DE OTRA FORMA? DE VERAS LO CREES?

(….)

– NO ESTABAS PREPARADA, TE SUPERABA, NO SABÍAS AFRONTARLO, NO SABÍAS HACERLO DE OTRA FORMA, ERAS JOVEN. PERDÓNATE, PERDONA A LA  NIÑA QUE ERAS Y TENÍA TODO AQUEL SUFIRMIENTO. AQUELLA NIÑA QUE ERAS, NO TUVO BASTANTE? POR QUÉ LA SIGUES CULPANDO?

(…)

– AHORA ERES TÚ LA ADULTA RESPONSABLE DE CUIDARLA. AHORA SÍ PUEDES PERDONARLA/PERDONARTE, Y LIBERARTE DE TODA ESA CULPA. AHORA SÍ PUEDES, TIENES TUS RECURSOS Y MADUREZ NECESARIA, Y DEBES HACERLO. NO ES QUE LO TENGAS QUE CONSEGUIR AHORA MISMO, QUÍTATE ESA PRESIÓN, LA COSA ES QUE TIENES LA OBLIGACIÓN DE IR HACIÉNDOLO, AHORA QUE TIENES LA CONCIENCIA. UNA VEZ LO HAYAS CONSEGUIDO, TENDRÁS LA CLAVE PARA PERDONAR A TU PADRE Y A CUANTAS PERSONAS NECESITES PERDONAR, PORQUE EL PROCESO ES EL MISMO: CUALQUIER PERSONA ACTÚA DESDE SU CONCIENCIA Y CAPACIDAD PRESENTE. Y LA VIDA ES APRENDIZAJE.

DISCULPAR Y PERDONAR DESDE TU CENTRO NO ES LO MISMO… LO VES? DISCULPAR ES LO QUE HAS ESTADO HACIENDO HASTA AHORA… Y HA LLEGADO EL MOMENTO DE DAR UN PASO MÁS Y PERDONAR.

(…)

– Un millón de gracias.

– GRACIAS A TÍ POR VENIR Y CREER EN TÍ MISMA.

Y el Almendro en flor me dijo …. – Curso de comunicación con la naturaleza V

nenufarEsta comunicación es de Mercè Pàmies, una de las sanadoras que forman parte del grupo de trabajo de El Jardí de les Essències. Un ser de gran sensibilidad y comunicación con lo natural que tenemos suerte de tener en el Jardí.

Hablamos.

Vivimos en un entramado de instantes que solamente desde la consciencia sabemos relacionar como partes integrantes del Todo. Cuando nos sentimos Uno con esos instantes, todo toma sentido, se nos amplía la conciencia del conocimiento y vemos la verdad inmutable ante nosotros. El Tu, el Yo y el Eso, confluyen en el mismo punto y lo sentimos en nuestro interior como Luz que teje Luz.

Desde ese Ser de Luz, estamos tan conectados que sentimos más allá de lo que está estipulado socialmente como verdadero. Y, nos llegan comunicaciones, informaciones, de lugares estipuladamente cegados y de todo ser parejo que habla. No importa el idioma ni el código; simplemente el mensaje se descodifica a través de la Fuente de Luz común…

Las plantas hablan. Siempre hablan, aunque solamente cuando las escuchamos sabemos identificar, sentir y reaccionar a  lo que nos dicen. Siempre están para algo en nuestra vida e igualmente nosotros nos cruzamos con unas u otras, para algo. Ese algo lo vamos descubriendo a medida que vamos incrementando la conciencia de ello.

Cuando fluimos en la red de instantes, los puntos bailan armónicamente y se producen conexiones entre las partes.

No hace mucho, estando en casa, unos quilómetros apartada del Jardí de les essències, sin intención previa, pero sí en estado de paz interior, sentí que había algo en el Jardí, que reclamaba ser atendido. Conozco ese espacio bastante bien y al día siguiente, tras avisar previamente a Jordi, me personé allí sin saber muy bien lo qué iba a hacer. En el mismo instante que crucé la puerta de entrada sentí que debía acudir a la zona baja. Fui descendiendo, y, como si estuviera conectada a una antena, cada vez podía escuchar más el reclamo de Criptomeria japonica. No era la primera vez que estaba ante ella; nos conocíamos. Entonces, se intensificó el diálogo y me mostró su ramaje, el cual estaba impregnado de pequeños parásitos: se sentía ahogada. Por unos minutos unimos nuestra respiración y pusimos la intención en sanear la situación: todo ocurre para algo. Luego, me sentí guiada a seguir el riachuelo y pararme, pocos metros más allá de esa gran Maestra, delante de una zona de agua estancada que dificultaba y condensaba mucho el ambiente, y pude propiciar la libre circulación del agua. Respiramos, respiramos Todos.

Mi comunicación consciente con las plantas empezó hablando con una Malva, hace ya unos años, y que me guió para seguir el camino de formarme como terapeuta holístico. Y, de ahí, a sentir, en numerosas ocasiones más, como esos seres de alma cristalina interactúan con nosotros generosamente, para el bien común.

Cuando ofrecemos sin la necesidad de ofrecer, es cuando más libre es la comunicación entre el Ser que está en todo, y más puede  abarcar la voluntad de dar, sintiendo que te estás dando a ti mismo. La Naturaleza Es, y como gran Maestra  nos ofrece siempre, nos acoge en ella en la medida que nos permitimos ser con ella, y ella con nosotros, es una aliada más.

Cuando algo en el interior te hace sentir que todo es posible, des de la esencia, se deja de anhelar, perseguir, pedir, querer…, simplemente y sencillamente se atiende a lo que llega, sin juicios, sin dudas, sin miedos; y una ventana abre una puerta, y una puerta un portón y éste un pórtico, y de ahí…, donde ya no existen barreras arquitectónicas, todo es libre y los conceptos espacio-tiempo se flexibilizan, se relativizan. Desde este punto, en cualquier sitio podemos sentir a la Naturaleza. El Jardí de les essències contribuye a esa toma de conciencia, para ser cada vez más los que sentimos que vivimos el Cielo en la Tierra.

El pasado viernes viví la siguiente experiencia. Fui a realizar un trámite bancario a Esparreguera. Cuando finalicé, una vez ya en una de las calles del centro del pueblo, algo fuera de lo común empezó a suceder. Yo andaba a paso ligero. Me empezó a invadir una paz difícil de describir y todo a mi alrededor parecía llevar una velocidad distinta a mi paso; todo iba más despacio, como si fueran dos películas a ritmos distintos. Respiré hondo y me nació una gran sonrisa. A partir de ese instante hubo una secuencia de evidencias. Seguí andando. Primero se me mostraron en mi ruta tres Gorriones, dispuestos en forma de triángulo y jugando delante de la Puerta de un supermercado; me cubrí de una energía muy especial. Seguí la marcha, y en segundo lugar, a poca distancia se me ofreció un Almendro en Flor, que me embriagó con su fragancia, aportándome aún más sosiego. Simplemente acogí en mí lo que me ofrecía, sin saber muy bien el para qué; confié, sentí que me llenaba aún más de  serenidad. Se lo agradecí, y decidí seguir. Acto seguido, en tercer lugar, entre multitud de emisiones sonoras, el canto de un Mirlo resaltó entre el cuchicheo estridente de los patios de los centros docentes de la zona. Pude localizar al pájaro. Estaba cantando a pleno sol, en la punta más alta de una antena ubicada en la cubierta de un edificio de tres plantas. Lo observé un rato. Parecía indicarme una dirección con el pico anaranjado. Decidí reiniciar la marcha, ahora a paso lento, me sentía flotando. Llegué al coche, aparcado de frente al patio del instituto. Había distintos grupos de clase practicando distintos deportes. Desde allí me percaté que el Mirlo me estuvo señalando dicho patio y, como en un flash, se me centró la atención en un niño, de aspecto corpulento, que estaba practicando con sus patines. Desvié un momento la mirada, y al regresar a él lo vi postrado en el suelo, hiperventilando, con la piel del rostro roja y el profesor dándole indicaciones de lo que debía hacer. Después, intentó levantarse sin éxito y desconsolado, tras un tremendo culetazo, se puso a llorar mientras se quitaba los patines. El patio estaba repleto de compañeros que se cruzaban con él como si no lo vieran. Finalizó la hora de deporte y debían regresar a su aula franqueando unes escaleras muy empinadas. El patio quedó vacío, solamente quedaba en él ese Chico, de frente a las escaleras, abatido, bajando los hombros y soplando, hasta que decidió subir la escalera, peldaño a peldaño, muy despacio y cojeando… Yo me sentía repleta de energía y de forma espontánea empecé a transmitírsela, con la intención de ayudarle. Algo sucedió en él, pues los últimos cinco peldaños los subió corriendo…

¿Para qué se me cruzó ese Chico en mi experiencia vital? Nada ocurre por casualidad. Los unos experimentamos con los otros y los otros con los unos. Siempre para el bien común. Seguro que contribuí de alguna manera a paliar el bochorno que estaba viviendo el niño. Pero él también me ayudo a mí, recordando una situación vivida durante mi adolescencia, donde un hombre, en estado de embriaguez, que parecía transparente para los ojos del resto de la gente que transitaba a su vera y que se encontraba delante de unas empinadas escaleras mecánicas, no supe cómo ayudarle. Sentí impotencia y entré en un mar de juicio de valores.

Siempre se nos ofrecen nuevas oportunidades para armonizar situaciones vívidas desde la incomprensión y generadoras de angustia. La historia en sí cada vez carece más de importancia, va perdiendo peso, y se va ganando en la gestión de emociones y sentimientos. Todo para ir encontrándonos a nosotros mismos a través de los otros. Se nos van presentando las oportunidades en distintos formatos, y sabemos aprovecharlas en la medida que aprendemos a leerlas y vamos aumentando la conciencia. Así, nos volvemos más diestros, al utilizar las herramientas que vamos integrando, desde la Consciencia. La Naturaleza, con todos los seres que alberga, habla y es una Fuente de nutrición de todas esas herramientas, una Gran Maestra. Gracias, gracias Jardí.

 

Abrazo de mercè.

La Maestra Criptomeria II – Curso de comunicación con la naturaleza IV

La maestra Criptomeria ha seguido sus enseñanzas desde el día que por primera vez la vimos y escuchamos de verdad.

Hace un par de años en la temprana primavera pocos días antes de iniciarse la brotación de las yemas dormidas de invierno, nuestra maestra empezó a curvarse fuertemente en su extremo más alto. Ladeaba su ápice casi medio metro y con el paso de los días llegó a curvarse casi en ángulo recto. Parecía alejarse de algo.

No entendíamos qué sucedía hasta que vimos que a su misma altura pero a unos cuatro metros de distancia, al otro lado del riachuelo, crecía un fresno de hoja pequeña (Fraxinus angustifolia) que iniciaba su brotación. Si la punta del brote del fresno hubiera crecido esos cuatro metros  hubiera impactado directamente en la Criptomeria. Pero faltaban meses sino años para que dicho contacto se produjera.

Como el cuerpo etérico de los seres vivos es el molde y precede al cuerpo físico, deducimos que probablemente, a nivel etérico,  la distancia entre ambas plantas era menor de lo que pensábamos. Además en la primavera la proyección de cuerpo etérico es muy intensa pues expande el molde sobre el que el cuerpo físico se formará y es una época de gran energía y expansión.

Cortamos esa rama del fresno y esperamos una, dos, tres semanas y nada. La Criptomeria seguía torcida, como si tuviera tortícolis, esquivando la energía de su vecino, que, parecía claro, no era de su agrado.

Un día, reflexionando sobre ese suceso, me percaté que habíamos cortado solamente la rama física del fresno, pero que su patrón etérico seguía intacto.

Mentalmente me acerqué al Fresno y visualicé el corte de su rama etérica. En tres días la Criptomeria crecía de nuevo tan derecha como siempre.

Detrás de este hecho hay tanta información útil para todos,…

Imaginemos a la gente que siente el dolor fantasma de sus miembros amputados porque se cortó lo físico pero no el patrón que lo crea, el cuerpo etérico, que es llamado a menudo el cuerpo de sensaciones.

El miembro no está, pero sí el cuerpo de sensaciones y estas siguen: molestias, picores, dolores. Cabría la posibilidad que cortando el cuerpo etérico estas desaparecieran.

Otra consecuencia de este aprendizaje es, para mí,  la confirmación de la existencia e importancia de los cuerpos energéticos, y es más, de que estos son previos al físico.

Si, como dicen algunos, el cuerpo físico es el que origina el campo electromagnético, que llaman aura, por un simple fluir de electrones de una parte a otra de la célula, ¿Por qué al cortar la rama del Fresno, Criptomeria no se endereza y solo lo hace cuando se corta la rama etérica?

¿No será que el cuerpo etérico (y antes que él otros menos densos aún) es el molde dentro del cual se construye el cuerpo físico?

Así lo afirman los místicos, y así parece ser, confirmado de una forma clara y rotunda por un “simple” árbol.

¿Os imagináis lo que podemos llegar a aprender si escuchamos los mensajes que la vida expresa a través de la naturaleza entera?

Otro día Criptomeria nos hizo entender que se sentía sola, que le gustaría compartir el Jardí con otra de su misma especie. En unas semanas plantamos cerca de ella un ejemplar muy pequeño, de unos 50 o 60 cm. A pesar de su juventud este año (mide un metro escaso en estos momentos) ha producido sus primeras flores (masculinas y femeninas), en suficiente cantidad como para poder elaborar su esencia floral por ebullición.

¿Podéis imaginar qué aspectos trabajará esta esencia?

Esa demanda de compañía de Criptomeria ha contribuido a un replanteamiento del Jardí. En la actualidad al introducir nuevas especies preguntamos antes si se trata de una especie que necesita la compañía de otras plantas o puede crecer sola sin problemas.

Un claro ejemplo de la necesidad de compañía de algunas especies lo tenemos con la magnolia que vivía sola en el Jardí. En uno de nuestros paseos grupales observamos que sus hojas habían perdido su brillo y que estaban llenas de hongos negros en el reverso y líquenes grises creciendo en su anverso. Toda ella parecía enferma y con poca vitalidad. Le preguntamos qué sucedía y nos dijo que se sentía sola, que deseaba compañía.

Le prometimos de corazón una compañera y en pocos días, antes de tener la oportunidad de plantar otra magnolia a su lado, las hojas brillaban y los líquenes y hongos habían desaparecido.

Magnolia percibió nuestra intención sincera y antes de tener la compañera a su lado, la esperanza y certeza de una soledad que terminaba la hizo brillar de nuevo.

La necesidad de una compañera nada tenía que ver con la reproducción, pues tanto en el caso de Magnolia, como de Criptomeria, tienen flores de ambos sexos en un mismo árbol y no requieren de plantas distintas para su polinización. La necesidad de cada especia es distinta, algunas siempre crecen en grandes grupos y solas siente que les falta algo, otras, en cambio, ya crecen de forma más aislada y entra dentro de su normalidad que hay cierta distancia con sus congéneres.

Somos como niños, disfrutando de cada día y cada nuevo aprendizaje.

Hay tanto para comprender,….

Un abrazo desde el Jardídav

La Maestra Criptomeria – Curso de comunicación con la naturaleza III

En el Jardí, como sucede en la mayoría de los espacios naturales de nuestra amada Tierra, la naturaleza nos habla continuamente.

El murmullo de un arroyo, siempre cambiante, que con sus voces cristalinas alegra el corazón;  el Sol de invierno con sus cálidos rayos que iluminan el alma oscurecida por la falta de luz; el viento que mece las hojas y que en otoño las hace viajar más allá de su origen para fertilizar la tierra con la presencia de lo ajeno… una tierra que exhala la humedad de la lluvia y acoge tanto las raíces de nuestros hermanos verdes como nuestros pies descalzos.

En el Jardí esta vida habla, porque muchos de los que paseamos en el, anhelamos escucharla.

De entre todas las vidas que se comunican con nosotros hoy os quiero presentar a una maestra muy querida, que no ha dejado de enseñarnos desde que fue introducida en este espacio sagrado. Se trata del cedro japonés o Criptomeria japonica (su nombre científico).

Recuerdo que en los inicios llamábamos a éste árbol “el árbol de los abrazos” y en las visitas de Ramas Abiertas fomentaba que la gente lo tocara y lo abrazara.

¿Por qué motivo? Por su aspecto engañoso. Sus hojas de conífera de aspecto puntiagudo, y pinchoso, nunca te llevarían a desear tocar y mucho menos abrazar a este árbol. Pero contrariamente  a la apariencia son suaves y por más que las aprietes nunca se defienden. A mas presión, más suavidad.

Los abrazos y manoseos continuaron hasta que Maite Salgado, una de los miembros del grupo de trabajo del Jardí conectó con ella y sintió su desespero.

¿Árbol de los abrazos? – me preguntó Maite con mirada extraña. Me dice la planta que no le gusta ni el nombre que le das, ni que la toquen y abracen sin su permiso, tanta gente desconocida estrujando sus hojas, sus ramas.

Al reflexionar sobre su mensaje pusimos atención en su nombre: Criptomeria japonica, es decir, criptomeria del Japón ¿Y si la planta tenía aspectos comunes con los pobladores humanos de las islas niponas? ¿Y si al igual que los japoneses necesitaban espacio y distancia física en sus relaciones con otros?

Pedimos perdón a la planta por nuestra ignorancia, construimos un pequeño cercado para humanos y jabalíes y nos comprometimos a no llamarla más “el árbol de los abrazos” ni a fomentar el contacto físico con ella.

Un par de meses más tarde su respuesta a nuestro cambio de actitud se hizo patente. La respuesta de la naturaleza es siempre generosa e imbuida por el perdón. En una de sus jóvenes ramas apareció la primera flor femenina del arbolito, que un poco después se convirtió en una piña preciosa. Un par de meses más tarde unos pajaritos insectívoros construyeron su nido en las ramas más altas.

Criptomeria era en extremo acogedora, tanto que debía protegerse del abuso y simular irascibilidad con sus aparentes espinas. Era capaz de darse, de regalarse si el acercamiento era desde el respeto y la consideración. Podía darse cuando ella lo sentía ¿No sería acaso como nosotros, que podemos ser generosos si se nos trata con respeto? ¿Que damos cuando sentimos que podemos hacerlo?

Ese fue un gran aprendizaje para nosotros, una lección que nos permitió abrir nuestra mente a un diálogo real entre humano y vegetal, un tratar de respetar sus necesidades.

A menudo por nuestra ignorancia, nuestras prisas, nuestros pensamientos y deseos nos comunicamos a través de monólogos en los que los seres verdes no son escuchados y seguimos nuestros criterios si mayor consideración. No siempre nuestra sensibilidad está lista para la escucha o nuestra mente abierta y tranquila para recibir y atender a los mensajes sutiles del verdor. Pero damos pasos en este lenguaje nuevo, hijo de la analogía, que trata de huir del antropocentrismo para anclarnos en una conciencia que es universal y que está en toda vida. Los humanos no estamos solos en esta bella tierra.

Al percibir las plantas desde la óptica humana, confundimos quietud con pasividad, silencio con ignorancia o lentitud  con incapacidad.

Nada más lejos de la realidad. Pero igual que cuando viajas a lugares remotos de ignotos idiomas y debes adaptarte a sus construcciones y semántica para aprenderlo y hablarlo, este nuevo lenguaje requiere de toda nuestra apertura, inteligencia y paciencia.

La adaptación a esta nueva lengua, al mismo tiempo tan antigua como la primera materia del universo, requiere de nosotros algo más difícil que el simple aprendizaje de un idioma humano, requiere de un cambio de conciencia que permita una visión nueva y más amplia de lo que consideramos seres sintientes.

La conciencia está en todo y la evolución nos conduce, de forma inexorable a compartir nuestro Ser humano con el Ser de todo lo que existe.

Un abrazo desde el Jardí.

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Si las piedras hablaran,… – Curso de Comunicación con la Naturaleza II

Recordemos de la primera entrada del Blog ¿Hablas Planta? Que debemos primero Creer, para después poder Ver.

Debo confesar que mi prioridad en la conexión con la naturaleza siempre fueron las plantas y las devas con las que forman una unidad. El motivo de tal centramiento era evidente. De las plantas obtenía las esencias florales que serían útiles para mi trabajo como terapeuta y el de muchos otros. Necesitaba saber de primera hoja cuales eran las utilidades de las esencias que se obtenían de plantas que nunca antes se habían elaborado, al menos según mi conocimiento.

Después de unos días de ayuno y de no salir del marco del Jardí para nada, sentía una gran  calma mental y mi sensibilidad estaba aumentada. En una de mis visitas a la cueva del Jardí sentí el silencio habitual exterior e interior en que el espacio te sumerge y en mi  se hizo evidente una presencia a la que le di nombre: “Chloe”. Desde aquel día de conexión la deva de la cueva siempre ha tenido a bien el comunicarse conmigo con gran facilidad. Ese día me propuso de ser mi maestra. Me enseñaría a comunicar mejor con los seres de mi entorno. Lo acepté y lo agradecí en gran medida porque ni mente inquieta no siempre encuentra la calma necesaria para detenerse y escuchar.

Después de meditar en el silencio de la cueva Chloe me dijo que saliera, que estaba listo para mi primera conexión consciente con una roca cercana.

Me siento encima de la roca. Cierro los ojos y pido la conexión, que llega enseguida, gracias, me dice, a la ayuda recibida por la deva de la cueva. Siento mi corazón acelerarse. Una vibración en el corazón y sobretodo en la boca del estómago. Es debido, dice la roca, a la alta vibración energética de las rocas. Esa vibración es lo que les da su fortaleza. Son lentas en su vibración física, rápidas en la espiritual.

Pregunto:

  • Si la gente medita sentada encima de vosotras. ¿Podrán encontrar silencio interior?

“No especialmente- siento que dice- . Sí encontraran energía, fortaleza, capacidad de materialización, ganas de hacer cosas. Experimenta sentándote en rocas diversas.

Percibo, mientras estoy centrado encima de la roca, solidez, estabilidad, energía y quietud extrema.

Sigue su mensaje:

“Pertenecemos a la influencia del Elemento Tierra. Estamos vivas y como has podido constatar nos ha faltado tiempo para contestar a tu llamada de conexión. Nuestra vibración física es más lenta, y por ese motivo somos tan sólidas. Pero somos inquietas en nuestro interior. Es difícil de expresar. No corremos porque no podemos, pero nuestra vibración es alta para compensar nuestra quietud física.

Nosotras asumimos nuestro papel físico, pero nuestra consciencia no es estática, viaja con una gran facilidad porque no necesitamos ocuparnos mucho del mundo de los sentidos”.

Entiendo que las rocas no tienen necesidad de procurarse alimento, ni agua, ni protegerse y por lo tanto su atención no necesita estar dedicada a su entorno inmediato o no al menos en gran medida.

  • ¿Se podrían preparar esencias en vuestras formas de piedras o rocas?

“Indudablemente y te animamos a que lo pruebes. A veces comentas que te gustaría poder dar mayor solidez a los que tienen un exceso del Elemento Aire en sus vidas. Aquí estamos para servirlos.

Somos los huesos de la Tierra. Su esqueleto son las cordilleras, formadas de muchas de nosotras, fusionadas en una única conciencia”.

Después de esta experiencia de comunicación con las rocas, volví a ver a mi maestra Chloe en la cueva y le pregunté:

  • ¿Por qué puedo hablar con las piedras, y las plantas? ¿Por qué puedo hablar con todo?

“Puedes preguntar a todo y todo te puede responder porque todo es una única conciencia universal. Las formas son solo apariencia, porque en realidad una sola mente y un solo espíritu es el que nos anima”.

“Cuando contactas conmigo o con las devas de las plantas estas conectándote a la conciencia única y por ese motivo todo te puede hablar de todo”.

“La piedras hablan, las plantas hablan, todos los seres visibles e invisibles, todo lo que ves, te puede hablar si abres tu conciencia. Debéis recordar quienes sois. Nosotros lo recordamos. Vosotros, humanos, estáis en el camino. Por eso los antiguos estaban en lo cierto cuando creían que todo estaba vivo. Solo un error, lógico en esa fase de la evolución, que era pensar que toda vida era distinta. Todo está vivo porque comparte una misma Mente, un mismo Espíritu, una misma Conciencia. Una sola Vida. Dios en todo”.

  • ¿Chloe, puedo hablar de ti a los demás humanos?

“Puedes hablar de mí, pero recordando que todos pueden conectar con todo. No se trata de personas especiales con dones exclusivos y que solo ellas son capaces de conectar. Los que lo hacen es porque lo han creído posible. Al hablar de nuestro contacto más gente sabrá que esta comunicación es posible y tratará de experimentarla. Al hacerlo lo conseguirán y su nivel de conciencia dará un salto hacia la Unidad.

¿Conectamos?

  • Escoge una roca que te gusta, que siempre hayas admirado, que te atraiga de alguna manera.
  • Acércate a ella. Tócala con suavidad, siéntela, sin prisas. Pídele permiso para sentarte encima o si no es posible para sentarte apoyándote de espaldas. Habla con ella como hablarías a un amigo, con respeto y desde el corazón. Con los ojos cerrados para no distraerte del entorno, que en plena naturaleza siempre se mueve.
  • Siéntate y siéntela de nuevo, su dureza, su firmeza, su solidez. Y entonces dirige la atención del exterior a tu interior. Siente como estás, qué se está moviendo en tu interior, qué está cambiando:
  • ¿Cambia tu temperatura?
  • ¿Cambia tu proceso de pensamiento? ¿Se acelera o se calma?
  • ¿Cambia tu respiración?
  • ¿Cambia el latido de tu corazón?
  • ¿En alguna zona de tu cuerpo sientes dolor, molestias, presencia, placer, etc.?
  • Cuando estés sintiendo como te afecta su presencia en la tuya, pregúntale aquello que quieras saber sobre ella, sobre la naturaleza, sobre ti. Pero no se trata de un oráculo, es una amiga con la que compartís una misma Conciencia.
  • Es posible que no escuches palabras en tu interior. No importa, a menudo la amistad se fortalece con el tiempo y también a través de silencios compartidos. Sigue sintiendo como tu cuerpo va modificándose, percibe. Es posible que nunca escuches ningún mensaje, pero seguro que vas a sentir como ese contacto consciente te cambia a ti.
  • También puedes pedirle que te ayude en un problema físico, en una rigidez, en la dificultad para fluir con la vida, en la falta de solidez o constancia. En la falta del elemento Tierra.
  • Escucha. No fuerces. Acepta completamente lo que sientas, lo que suceda, sin juzgar ni analizar. Disfruta. Sois Una. Amplía tu conciencia. Tu Eres la Roca. Sois Una.

Cuando lo hayas experimentado, si te apetece, escríbenos unas líneas y así más gente sabrá que esa conexión es posible. Somos Roca. Lo son nuestros dientes, uñas y huesos. Hasta los cálculos renales. Lo que es duro en nosotros es roca. La roca forma parte de nuestra vida y de nuestro cuerpo (también los minerales que circulan por la sangre y las células). Somos Uno y ya es hora de recordarlo plenamente, de Realizarlo.

Con Amor desde el Jardí

 

Creer para Ver – Curso de comunicación con la naturaleza I

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Cuando conseguimos, en 2002, el primer huerto de los cuatro que forman la totalidad del Jardí no conocía aún la existencia de los espíritus de la naturaleza, los elementales o las devas de las plantas. A lo sumo conocía algunas referencias propias de la tradición celta y para mí solo eran meros cuentos para niños, puro folclore, leyendas de tierras más verdes y tiempos más antiguos.

Por aquel entonces cayeron en mis manos unos libros interesantes de dos autoras, una escocesa y otra estadounidense que contaban sus experiencias de comunicación consciente con las fuerzas de la naturaleza.

Una comunicación real, con seres reales que iba mucho más allá que una recopilación de leyendas y mitos. Era una vivencia en primera persona que había llevado a esas mujeres y a gentes de su entorno a establecer proyectos tangibles en lugares concretos. En Escocia el Proyecto Findhorn, hoy ampliamente conocido y en EEUU el Jardín de Perelandra.

A pesar de la distancia los proyectos tenían en común una gran coherencia en la comunicación con esos seres intangibles. Compartían un lenguaje común y unos mensajes con un mismo trasfondo místico y espiritual.

Hasta leer sus libros nunca hubiera tratado  de establecer una relación consciente con las plantas y menos aún con los seres invisibles que, decían, estaban ligados a ellas.

No hubiera tratado de conectar con algo que no sabía que existía. Así al leer y sentir la coherencia empecé a creer y al creer empecé a “ver”. Aunque mi “ver”, debo confesar, nunca ha tenido nada de visual. Se trata más bien de un sentir, un saber sin palabras. Pero por mi deformación científica fueron sobretodo las pruebas las que me convencieron, definitivamente, de la existencia de un mundo invisible, inter-penetrando la naturaleza entera.

Permitidme que comparta mi recuerdo de las excursiones que organizábamos en la facultad de biología con otros compañeros biólogos de distintas especialidades. Buscábamos las respuestas que los libros no daban y sobretodo la experiencia directa de observar las especies de seres que pueblan nuestro planeta y que motivaron nuestra vocación común. En nuestro grupo eran mayoría los ornitólogos, grandes conocedores de los pájaros.

Sucedía a menudo que en las jornadas de observación mis compañeros más avezados observaban especies de pájaros raras que yo no había visto nunca. Iban nombrando las especies que veían mientras que yo, como un idiota, movía los prismáticos de aquí para allá sin ver nada. Eso pasaba solamente con las especies nuevas para mí, y especialmente con las que no había visto nunca ni en fotografía. Cuando por fin la veía por primera vez, ésta entraba a formar parte de mi mundo y  sin dificultad podía observarla en cualquier lado en el que estuviera.

Este hecho que le sucedía a mi mente es extrapolable  a casi todo en nuestra vida. Solo vemos lo que creemos que existe y lo nuevo o no lo vemos o lo clasificamos dentro de lo que conocemos aunque se trate de algo bien distinto. No vemos lo que hay, vemos lo que creemos que puede haber. Es la mente la que inicia la percepción y no nuestros ojos. No puedes ver el “pájaro” que está ante ti a menos que sepas que existe, o tengas una descripción de cómo debería ser.

No puedes ver, sentir, escuchar, oler aquello que está delante de nuestras narices a menos que demos permiso a nuestra mente para nombrarlo e introducirlo como algo factible en lugar de cómo algo imposible.

Así pues, si queréis ver para creer, lamento deciros que os habéis equivocado de curso y que la decepción será la única compañera que tendréis y os llevará, como no, a confirmar que no hay nada que ver pues vuestra mente ya ha decidido de antemano.

Pero si decidís creer, puede ser que en un futuro próximo lleguéis a “ver”. El “ver” para cada uno será distinto. Algunos ven con su “visión interna”, otros escuchan palabras, mensajes, algunas siente el contacto en lo físico, “la piel de gallina”; a otras las guía una intuición, una sensación de certeza, de saber que eso es así a pesar que en el nivel racional trate de negarlo. Una certeza que parte del Corazón.

Algunas escriben lo que les van dictando, otras conectan con partes de su pasado, o se les despiertan emociones o sentimientos de regreso a su hogar espiritual. El “ver” que viene del creer es diverso, aunque comparte un aspecto común. El inicio fue el creer, dar oportunidad a la duda, sentir que todo es posible, sentir que pedir una comunicación con el mundo de la naturaleza, no era una locura. Por eso tan poca gente “ve”. No porque la capacidad no esté, sino porque no cree. El miedo a hacer el ridículo, a la locura, a romper con lo establecido. La tendencia a la inercia, a dejar todo como está.

O creer, pero solo lo que la ciencia oficial ha pre-digerido. Si solo existe lo que la ciencia oficial bendice, el resto, aquello que queda fuera de su confirmación, no puede existir. Eso ciega la posibilidad de ver lo que hay en realidad.

Negar sin más es cerrar los ojos a la oportunidad. Negar es, sobre todo, miedo ante un mundo que es, todavía, mas grande de lo que imaginábamos.

Mi primera experiencia con las fuerzas de la naturaleza fue muy física, palpable. Una prueba clara para quién duda de todo.

Después de leer los libros que os comentaba y empezar a creer sentí la necesidad de experimentar dicha comunicación en el Jardí. Subí a una roca en lo alto y hablé, como lo haría con un conocido. Pedí una prueba de la existencia de los seres invisibles de la naturaleza. Necesitaba ver, aunque ya había empezado a creer. Aunque mi corazón ya sabía que debía de haber algo más que bullía en el interior de todo lo existente.

Por aquel entonces un muro de piedra separaba los dos niveles del Jardí y solo se podía acceder por uno de los extremos de forma que para bajar agua, rocas, abono o lo que necesitáramos debíamos andar y desandar más de 50 metros cada vez. Siempre pensaba que en el centro de ambos niveles deberíamos construir una escalera para facilitar el acceso.

Un par de días después de pedir de corazón una prueba de que las fuerzas invisibles del Jardí me escuchaban y querían que trabajáramos juntos, la acequia que llevaba el agua por el nivel superior se llenó de hojas y barro y se taponó, de forma que el agua inundó la tierra y la empapó de tal manera que el muro de piedra cedió exactamente por el centro de ambas parcelas dejando un bajante de rocas en forma de escalera. Solo tuvimos que colocar las piedras un poco mejor para facilitar que se formaran escalones armónicos y ligarlo todo con cemento para mantenerlo firme.

Para mi mente racional esa fue una gran prueba, en un lenguaje claro, contundente. Un grito en alto que le decía a mi parte científica que sí, aquí estamos. Sí, queremos colaborar, sí, podemos trabajar juntos y, como no, sí, existimos, así como tu existes.

Solo me quedó decir Gracias. Y desde entonces agradecemos su disponibilidad, paciencia, asistencia, confianza y el hecho de saber que no estamos solos en este universo inmenso y multidimensional.

Abre la mente a creer que es posible que exista más de lo que ves.

Abre la mente a desear el contacto consciente con las fuerzas de la naturaleza.

Abre la mente con la intención de restablecer ese contacto que siempre ha existido entre tú y la naturaleza. Pues Somos Uno con ella. Y al Ser Uno esa comunicación es posible y constante.

Abre para recordar Quien Eres.

 

Referencias de los libros por si, como yo, necesitas abrir una brecha en la mente racional

  • “Obrando como si el Dios en todo lo creado fuera importante” Machaelle Small Wright. 1996 Perelandra
  • “Comunicación con los ángeles y los devas” Dorothy Maclean. 2003. Ed. Deva’s