Blog ¿ Hablas Planta?

Curso de comunicación con la naturaleza XXXI – El Mar

Hace mucho tiempo que conozco a la Maestra del Mar como persona, pero hace poco que sé de su maestría. Claro, ella no se llama así a sí misma, sino todo lo contrario, se ríe cuando la llamo de esta manera. Para ella el mar es una parte de sí misma y no ve la conexión que tiene con él como algo especial. Una conexión tan fuerte es rara en los seres humanos, que demasiado a menudo, estamos anclados en lo temporal y superficial. Sin apenas palabras y desde su adolescencia, el mar ha sido una parte importante de su vida.

Este pequeño gran texto está escrito por ella. Sin mente, sin explicación formal ni intelectual, desde la sencillez de la vivencia casi diaria, Mayte Barrera nos acerca al Mar. A mí me ha permitido descubrir otra manera de sentirlo y de relacionarme con él y en la siguiente entrada de este curso, me atreveré a ponerle mente y a comentaros un poco de la manera de acercarme a él por si os puede servir de algo, será su guía la que estará también en mis palabras, pero mi forma de acercarme estará teñida también de mi forma de ser.

Ahora os dejo las palabras de la Maestra del Mar, para que la sal de su conexión entre por vuestros poros, y las olas tengan la fuerza que necesitáis en cada momento.

Ella siempre dice: “El Mar siempre te da lo que necesitas”. Que así sea.

“Había nacido en una ciudad de mar, había crecido junto a él. Formaba parte de su paisaje diario, saltaba sus olas en días de viento y construía castillos de arena en su orilla.

El mar formaba parte de su vida, formaba parte de “sus cosas”, igual que aquella canción que tanto le gustaba, las fotos del viaje a Italia, o su libro favorito.

Un día nublado, todavía era muy joven, estaba llorando (pasaba la mayor parte de la adolescencia en una montaña rusa, en la que alternaba la alegría más expansiva con el dolor de una tristeza que le parecía insoportable).

Ese día se encontraron en la punta del espigón. El ruido intenso de las olas cortando la roca, el viento frío de tormenta y el agua salada que mojaba su cara y se mezclaba con sus lágrimas, la despertaron y por fin lo VIÓ. Comprendió que llegarían olas más altas, más fuertes y poderosas pero que también se acercarían a ella otras pequeñas y silenciosas que le harían crecer. Dejó de compadecerse y se puso a Escuchar.

Ahora después de muchos años todavía baila con La Mar y esa adolescente, ya mujer, me dice:

“Acércate desnuda (puede que no haga falta quitarse la ropa…o si). El único ritual es perderse en su azul, estar presente. Siéntate si quieres o quédate de pie.  Detén el discurso, el movimiento del pensamiento.  Él Mar se mueve por ti y te viste.  Tú suelta, déjate llevar, que Él recoge, renueva, devuelve y fortalece.

Observa esas olas diferentes unas de otras como lanzan mensajes diversos, se asemejan a aquellas personas que llegan a nuestra vida y de las que aprendemos tanto.  Escucha el sonido del agua al deshacerse en la arena y como la arena la acepta, responde y vibra. Siente el viento como roza el agua y la mece, píntate con sus colores y brilla con el reflejo del Sol, fúndete con Él y Baila libre al son de la naturaleza”.

Doy gracias por conocerle, doy gracias por ser Mar y recibir constantemente su Regalo”.

Mayte Barrera Salcedo

Curso de comunicación con la naturaleza XXIX – Por sus frutos les conoceréis

Esta frase bíblica ilustra una realidad que se puede extrapolar al lenguaje de la signatura, a ese diccionario planta-humano que estoy tratando de mostraros a través de este curso y también de los vídeos gratuitos de la web, mis libros, etc.

Si las flores, según esta traducción, simbolizaban las ideas, el aspecto creativo, los frutos y semillas representan aquellas ideas que llegan a concretarse. Una planta puede tener miles de flores y apenas unas pocas dar semillas, en otros casos miles de flores son miles de semillas o unas pocas flores ser todas fecundadas al cien por cien o apenas dar una semilla. Las semillas pueden ser abundantes pero tener una corta vida, como las de Willow o Aspen de Bach, que apenas tienen una vida de unos tres días, a partir de los cuales su vitalidad cae en picado.

Las semillas de Elm, no se sabe exactamente el motivo, a pesar de ser muy abundantes, apenas germinan y la reproducción de esta especie suele ser asexual. De la raíz de un árbol adulto emergen brotes que con el tiempo parece arboles distintos, pero en cambio, comparten una misma genética.

Muchos de los frutos que pertenecen a plantas que simbolizan rasgos de obsesión en los humanos, como los estados White Chestnut, Red Chestnut, Cherry Plum, Holly, Honeysuckle, etc. dan frutos amargos, ácidos o con unas ciertas dosis de toxicidad.

El fruto de la obsesión es la amargura, podríamos aventurar.

En el fruto se vuelve a ver la polaridad negativa que se manifestaba en raíces, hojas y tallos y que solo se positivizó en las flores. Siempre desde el punto de vista humano, porque está claro que la planta no tiene ningún desequilibrio como tal, pues en ella todo está compensado.

Veamos algunos ejemplos del sistema Bach:

Impatiens lanza los frutos a propulsión, llegando a los 6 m. A menudo antes que la mayoría estén maduros. El fruto es el proyecto concretado y si lo da por completado antes de tiempo, eso manifiesta precipitación, pues no estará bien terminado.

En Cherry Plum, la almendrita del interior de la ciruela es rica en ácido cianhídrico, que al consumirla se convierte en cianuro en nuestro cuerpo y acelera la respiración y el latido cardíaco. Si se ingiere en bastante cantidad podría llevar a la muerte por un descontrol del corazón. Descontrol. ¿Os suena de algo?

Las semillas de Agrimony están envueltas de unos ganchos que le permiten dispersarse al adherirse al pelo animal y a la ropa de los humanos y así extender su distribución. Esa forma de dispersión requiere de otros seres, al igual que la personalidad Agrimony necesita de los demás para perpetuar su forma de ser y poder huir de sus ansiedades a través de un rico vínculo social en el que nunca está sola.

Water Violet deja que sus semillas caigan al agua y al iniciar su germinación, la semilla fabrica una burbuja de aire mediante la cual asciende a la superficie y allí empieza a desarrollar raíces y hojas y se aleja flotando de la planta madre. Independiente.

La dispersión de las semillas de Clematis por el viento se realiza gracias a una arista plumosa que emerge de su semilla, semilla que por otro lado se parece bastante a un espermatozoide. ¿Podría esa forma en común con las células germinales masculinas tener que ver en que Clematis-5, sea usada con bastante éxito en el incremento del número de espermatozoides en el varón y eso ayude a la capacidad reproductiva?

Podríamos hablar de cada semilla de cada flor de Bach y de muchas otras especies y veríamos que la semilla nos cuenta mucho de la personalidad o el estado correspondiente. Realmente conocemos a la gente, no tanto por lo que cuenta, por lo que cree, o por lo que dice que va a hacer, sino por lo que finalmente hace. Y todos sabemos lo fácil que es pensar o crear en nuestra mente y lo difícil que es realizar en nuestra vida de tres dimensiones, aquello que hemos ideado. Los frutos nos dicen de cada cual, su relación con las ideas, su capacidad de materializar, la energía para hacerlo, o la falta de la misma.

Realmente analizar nuestra capacidad de materializar, nos puede mostrar la esencia floral que podría ayudarnos a mejorar este aspecto y también nos puede ayudar a conocernos en general y a través de un mejor conocimiento de nuestra personalidad es que podemos trascenderla. Que las plantas y sus frutos y semillas sean nuestras maestras.

 

 

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Curso de comunicación con la naturaleza XXVIII – El lento pero inexorable aprendizaje humano

Con atención y cierta calma pasear por la naturaleza deviene una escuela de vida, porque lo que te pasa en tu relación con las plantes y animales y el entorno natural es lo que te pasa contigo mismo y con el resto de humanos.

Os voy a poner un ejemplo reciente, del jueves pasado. Salía del Jardí después de una mañana de trabajo para volver a mi casa. En la puerta de entrada al Jardí se encontraba, delante de mí, un lución de buen tamaño (un lución, por si no lo sabéis, es un saurio sin patas, como una lagartija grande, pero sin los apéndices que las caracterizan, de hecho, casi todo el mundo los confunde con serpientes y eso hace que sean tratados con miedo y violencia. Ver la foto). Son animales muy pacíficos y casi nunca muerden.

De joven había trabajado varios años como voluntario en un centro de recuperación de anfibios y reptiles y estoy un poco acostumbrado a coger serpientes, lagartos y demás. Mi actitud al ver un lución siempre había sido agacharme y rápidamente cogerlo con la mano antes de que pudiera huir. Se debatía un rato hasta que el calor de mis manos lo calmaba, pero era evidente que se debatía intranquilo y asustado y con seguridad, no entendía que mis intenciones eran pacíficas.P1050713

Esta vez la situación fue distinta. El apenas se movía. Me agaché pensando que quizás estaba enfermo. Acerqué mi mano lentamente hasta que lo toqué con gran suavidad. Se movió y empezó a reptar. Estaba vivo y bien, pero muy tranquilo. Y por primera vez, no lo cogí. Le agradecí por su presencia en el Jardí, le dije lo precioso que era con sus brillantes escamas rosado-plateadas y puse mi mano a una cierta distancia ofreciendo mi contacto solo si él lo deseaba. Podía huir en cualquier dirección y decidió seguir adelante, acercándose a mi mano y virando hasta contactarla y frotar todo el lateral de su cuerpo con ella. Con lentitud y suavidad.

Mi felicidad fue completa.

Allí entendí que el acercamiento debía ser siempre así. Allí entendí que la conciencia que está en todas partes, vestida de lución, se convirtió una vez más en mi maestra. Entendí también que los humanos, acostumbrados a dominar, interaccionamos con el mundo con una cierta agresividad y poca empatía.

Con un acto tan simple, entendí. Espero que además de entender, haya integrado. Esa relación que siempre había sido forzada por mi intención, envergadura y dominio, se convirtió en una relación de igualdad. Si estoy abierto, me doy cuenta, que la conciencia universal me muestra como actuar y me dice que está en todas partes, en todos los seres sintientes.

Y ahora gracias al maestro lución, os puedo transmitir este mensaje de la conciencia Una. Sé que soy lento aprendiendo, que en general los humanos lo somos, pero también se que la conciencia nos despertará y que solo aprendiendo que Somos Uno con todo y volviendo a la naturaleza, nuestra auténtica naturaleza humana se manifestará. Para la supervivencia humana como especie, este aprendizaje es inexorable.

Un abrazo de escamas brillantes

Jordi

Curso de comunicación con la naturaleza XXVII – Luz, plantas y humanos

p1050816Hoy, cuando me disponía a plantar unos hermosos Corazones de María en el Jardí, me he dado cuenta de la luz que plantas y humanos anhelamos. Luz que nos hermana. He grabado un audio antes de ponerme a trabajar. Puede ser también una forma de enriquecer este curso. Un abrazo de Luz.

Curso de comunicación con la naturaleza XXVI – Las Flores

Las flores son, sin lugar a duda, la parte en que el vegetal expresa su más exuberante creatividad. Y no solo me refiero a una creatividad en el sentido reproductivo más estricto, es decir, belleza a cambio de fecundación, sino una creatividad en sí misma.

El ser humano expresa su creatividad no solo a través de tener hijos, que es una bella manera de colaborar con la naturaleza, la propia especie y la autorealización, porque a través de los hijos se aprende muchísimo de uno mismo. El ser humano la expresa en toda su vida a través del arte en todas sus expresiones, pero también a través de aquello que se inicia en su mente y que es capaz de llevar a la realidad física, aunque no sea propiamente arte.

La mayor parte de la creatividad humana se basa en el hacer. La creatividad vegetal se basa, en cambio, en el ser. Cada especie, al tiempo que prepara sus flores para conseguir una mayor tasa de fecundación y por lo tanto de perpetuación de la especie, se embellece. Muchas especies de orquídeas, algunas de nuestro hábitat mediterráneo, a pesar de tener una elevada tasa de fecundación en sus flores, es decir, que la mayor parte de flores son fecundadas, llenando sus ovarios de diminutas semillas, modifican sus formas y colores florales. Siguen explorando, no para mejorar la fecundación, sino porque su forma de creatividad es a través de ser, de su crecimiento, de la exploración del cambio de forma, de estructura, del matiz de sus colores.

Así, mientras las raíces representaban las relaciones con el pasado, el inconsciente y la disponibilidad de energía vital; los tallos la estructura de la personalidad, el como somos; las hojas nuestras relaciones con el exterior y con los demás; las flores simbolizan aquella energía creativa, una energía potencial en forma de ideas, que terminaran concretándose o no, dando lugar a los frutos y las semillas. Son el símbolo de la mente.

Una planta puede dar miles de flores cada año, otra da un solo tallo floral en una vida de 12 años y después muere (como el ágave americana). Unas producen mucho néctar y polen, otras no regalan nada, excepto su belleza. Unas son polinizadas por otros seres, como abejas, moscas, mariposas o murciélagos, otras simplemente por el viento.

Cuando preparamos la esencia floral, los elaboradores tenemos muy en cuenta el momento de su ciclo. Las flores deben ser recién abiertas, para evitar que ya se hayan polinizado, porque una vez el polen entró en el ovario la energía deja de ser potencial y va mutando en crear fruto. Una esencia de gran calidad requiere que la flor aporte toda su información en el momento álgido de su expresión creativa.

Por eso el Dr. Bach se dio cuenta, a pesar de haber realizado también la elaboración de esencias de semillas, que en la flor se encontraba la esencia de la virtud de la planta.

La virtud de la flor es como la vela encendida en una habitación oscura. Su simple presencia desplaza la oscuridad. La virtud desplaza al defecto, que suele ser una expresión exagerada de la virtud, o una falta de la misma.

Cuando observamos una especie vegetal analizamos sus raíces, tallos, hojas y frutos para entender en que se parecen a nuestra forma de ser. Si nos sentimos representados por estas particularidades o “defectos” que llamaría Bach, la polaridad que representa la flor nos habla de la virtud a trabajar o fomentar en nosotros. Simplemente siendo conscientes de ello ya nos mueve a entender, aprender, aceptar y finalmente cambiar si es necesario. Pero además está la esencia, que nos ayuda a sentir, a recordar esa virtud en nosotros que por momentos hemos olvidado. Una esencia floral es un recuerdo viviente de uno de los dones de la totalidad que hemos olvidado o bloqueado por las circunstancias de nuestra vida. No es algo realmente externo a nosotros, se trata de una información que ya siempre hemos tenido en nuestro interior como hijas e hijos de la totalidad que somos. Las flores nos recuerdan nuestra belleza interna con su belleza externa. De hecho, la conmoción que nos provoca la belleza de un atardecer, de una flor que se abre, del sol que sale del mar, del canto de los pájaros o el murmullo de un arroyo son, “solo”, recuerdos de lo que realmente somos. Por un momento nuestra mente egoica calla, pues no puede entender la totalidad ilimitada de esa experiencia y entonces, aunque sea por un instante, Somos, y claro, solo podemos Ser Todo.

Por eso la humanidad necesita volver a la naturaleza. Es el único remedio que puede sanar en profundidad la única enfermedad que sufrimos, la única enfermedad que las abarca a todas: el olvido.

Mira la flor. Y recuerda tu belleza interior. Que tus pensamientos sean tan bellos como el amanecer. Siente el fluir del agua en el arroyo. Que tus emociones fluyan sin juzgar, viviendo el momento presente. Mira tus manos y ámalas porque las células que las forman son naturaleza también.

Nada hay que aprender. Solo Amar, solo Recordar.

Recuérdate flor preciosa. Ábrete.

Con cariño

Jordi Cañellas

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Curso de comunicación con la naturaleza XXV – Sanación en la Naturaleza

El viento sopla fuerte y nuestra mente se agita.

El agua corre riachuelo abajo, llevando nuestras emociones al gran mar.

El calor del Sol calienta la roca y nos pegamos a ella como lagartijas.

La luz penetra entre las ramas de la secuoya para alcanzar la oscura tierra.

Y entre el viento, acontece la calma.

Y el agua se remansa en la suave orilla.

Y el calor del Sol nos cierra los ojos, para abrir corazones.

La luz está en cada rincón, meciendo el silencio.

Y escapamos buscando consuelo y sanación en el gris cemento cuando deberíamos recordar de dónde venimos, qué Somos.

Yo Soy Agua, y Aire, Y Fuego. También Tierra. En mi están los vientos más huracanados y las brisas más suaves. En mi el agua fluye, sale, entra, se evapora y enfría. El fuego calienta mi cuerpo con su sol interior y la tierra resiste el embate de los elementos desgastándose con los años y cediendo su rigidez, redondeando sus asperezas.

Y el árbol me dice como debo respirar, y la primavera me habla de florecer en mi mente, y las raíces de compartir lo que me sobra para que no falte nada a nadie, y en el tallo sostengo a muchos. Y doy frutos y frutos como para dar más frutos.

¿Como puedo sanar? Pregunto al viento:

-Recuerda quién eres, Señor de los Elementos, -me sopla una brisa en el oído.

Y al recordar sano

Y me lo dice a mí, como humano, pero te lo dice a ti, mi hermana, mi hermano. Señores de los Elementos.

El ego en su complicada búsqueda para permanecer, nos aparta de la sencillez que lo anularía.

Pensamos que solo una complicada química aliviará nuestros sufrimientos. Que solo aquello que requiera de mil filosofías elevará nuestro ser. Que sanaremos solo tras encontrar la piedra filosofal, que por otro lado nunca hallaremos.

El agua del arroyo canta al agua de nuestro cuerpo y le recuerda que debe fluir y la resonancia de ambas consigue su equilibrio.

El árbol que lleva miles de años como especie penetrando con sus raíces la tierra nos lleva la ventaja de la edad y del silencio que nosotros, como la más recién especie, al igual que un niño pequeño solo sabe correr de aquí para allá, explorando sin conciencia aún su entorno.

Silencio nos dice, mientras las hojas caen al suelo en otoño para callar para siempre.

La roca, permanece para señalar la fortaleza que llevamos dentro, pero a pesar de la tozudez de las edades cede ante el viento y el agua y nos cuenta de la flexibilidad que es la vida, aunque sea inorgánica.

¿Qué puedo deciros que no sepáis ya? ¿Que no nos contara nuestro maestro, el Dr. Edward Bach? Decía él: “Salgamos al Sol”.

Y hablaba de como serían los hospitales del futuro, situados en plena naturaleza, rodeados de verdor y vida. Os digo, hermanos, que ese futuro ya ha llegado.

Acercaos a la mar, la gran maestra de las emociones de la Tierra que en su infinito Amor, disuelve y libera emociones y sentimientos y los purifica con la sal, el Sol, y sus corrientes. Como dice un ser muy especial que llena mi vida: “La Mar a todos les da lo que necesitan a cada momento”. Qué razón tiene.

Acercaos al bosque a celebrar la vida que bulle. Echados en el suelo veréis cuanta vida diminuta hay por todas partes y toda, toda ella, es animada por la misma luz que nos anima a nosotros.

Subid al monte más alto de vuestra zona y mirad los valles. Esta es la vista que tienen los pájaros con su mirada distante de otros reinos. Subid para pedir consejo a las alturas de vuestro ser. Viendo el paisaje como una maqueta, así veréis vuestra vida. Y desde el alejamiento, podréis acercaros al centro de vosotras mismas.

La naturaleza sana porque nosotros somos naturaleza. Sana porque las vibraciones de un mar, un bosque, una montaña, un desierto, una estepa, un glaciar, etc, en equilibrio, resuenan con nuestros mares, glaciares, montes y bosques interiores y les devuelven el equilibrio que perdieron antaño por un uso excesivo de la mente y un dominio del ego desenfrenado.

La naturaleza sana, sobre todo, porque nos lleva más allá del ego y nos recuerda Quienes Somos.

Un abrazo de Oso

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