Blog ¿ Hablas Planta?

Yo Soy Tierra – Curso de comunicación con la naturaleza XI

Esta comunicación sigue a la introducción sobre los 4 elementos que colgué en el blog el 14 de mayo con el título:  Comprender y Traducir. Los 4 Elementos – Curso de comunicación con la naturaleza VIII

Como ya os decía en la octava entrega, los 4 Elementos son mucho más que el material físico con los que los asociamos. Así la tierra en la que plantamos una semilla y la dureza y rigidez de nuestros huesos, forman parte de un entramado universal al que llamamos Tierra (y con la mayúscula distinguiremos la Tierra como elemento universal y multidimensional de la tierra que pisamos y en la que cultivamos).

Cuando percibo mi ser siento aspectos duros, rígidos y densos en mi cuerpo, en mis emociones y en mi forma de pensar. Los huesos, dientes, uñas, las partes más densas de mi musculatura forma parte de esta Tierra que Soy. También el miedo a los cambios, que a veces puede cristalizar en cálculos renales ilustra el Elemento. Y asociado a este miedo está también el valor y la fortaleza, y la constancia, a menudo preñada de rigidez. Tierra es el elemento que cristaliza, que materializa, el más denso de todos, también el más joven y reciente, el último que se formó en un universo naciente pleno de energía. Es la base sólida sobre la que el resto se mueven y unen para formar la vida.

A veces imagino a Tierra como a un ser casi infinito que encarna un mandato divino, el de ser el sostén del mundo material en todo el Universo. Pero Tierra, como ya os adelantaba, es también el patrón de aquello que no se mueve, aquello estático, rígido, fuerte, inconmovible.

Para conocer lo que no vemos del elemento Tierra (y de cualquier otro) podemos tratar de conocer los aspectos que sí vemos a partir de la tierra.

¿Qué características tiene la tierra que pisamos? ¿Se mueve por si misma? ¿Con que fuerzas está vinculada?

Las respuestas a estas preguntas son sencillas. La tierra que pisamos no se mueve (a eso los amigos chilenos y de otros países sísmicos seguro le pondrán alguna objeción, aunque es la fluidez del Agua la que mueve las placas tectónicas y las hace colisionar). Es estática, sólida, rígida, vinculada especialmente a la fuerza de la gravedad que la atrae sin remedio. Es densa y a pesar de la gran variabilidad de materiales que existen, es más densa que el agua, el fuego o el aire. En un ser vivo no se la encuentra sola porque para la vida el agua, el aire y el fuego, son también imprescindibles. Quizás las rocas sean las únicas partes del universo en que tierra y Tierra coincidan completamente. Por eso su gran potencia en encarnar las virtudes y cualidades del Elemento.

Tierra es el Elemento que encarna la seguridad, porque es el único estático, el más denso o sostenedor. O acaso alguno de nosotros construiría castillos en el aire o su hogar en las aguas de una marisma, por no decir al lado de un río de lava. Esa misma solidez e inmutabilidad que a veces convierte a quien tiene un exceso de este Elemento en un ser rígido, confiere también esa seguridad inconmovible de una cierta permanencia en un mundo, el humano, completamente cambiante.

A parte de formar nuestro cuerpo físico, decíamos, Tierra también forma parte de nuestro cuerpo emocional y de nuestro cuerpo mental. Constancia, rigidez, tozudez, solidez, estabilidad, sostenimiento, dureza, acogimiento, confiabilidad, nutrición, fertilidad, plenitud, enraizamiento, riqueza, resistencia, conservación, perseverancia, fortaleza, permanencia, quietud, miedo, especialmente al cambio, inmovilismo, pesadez, concreción, etc.

Es el Elemento de la forma y la estructura, el que permite materializar, construir, el que es lo suficientemente tangible como para trabajar en él. Lo podemos tocar, sentir y da la sensación de realismo a este mundo onírico en el que parecemos vivir.

Los griegos decían del Elemento que era frío y seco. Los chinos lo llamarían Yin. Y los hindúes lo vincularían al primer chakra, responsable de la conexión energética del ser humano con la Madre Tierra.

Estas características del Elemento, como habréis percibido, pueden ser positivas o negativas en función del individuo y de su falta o exceso. Dicho de otra manera, pueden existir personas que sufran de un exceso de Tierra y otras de carencia de la misma.

Si cada uno de nosotros nos analizamos a partir de las características del Elemento nombradas más arriba, podremos ver si este Elemento se encuentra en equilibrio y si no es así, si nos sobra o falta Tierra.

Si tenemos muchas ideas, imaginación y deseos pero no materializamos ninguna de ellas, seguramente estamos sufriendo de un defecto de Tierra. Es entonces que podemos acudir a sentarnos en una gran roca y pedir su asistencia y sus lecciones de vida (ver en el Blog “¿Y si las piedras hablaran?). Ellas entienden cómo materializar porque vive su vida estática aunque su espíritu inquieto viaje por el universo entero. También podemos buscar una esencia floral que nos ayude a materializar, como Clematis de Bach, que fomenta la “toma de tierra” en nuestro ser. La tomaremos y también nos la pondremos en nuestros chakras de los pies. Es altamente eficaz para ayudarnos a enraizar y materializar.

Si te falta Tierra, búscala. Está en todas partes.

Puede darse también que seamos muy rígidos en nuestros pensamientos, en nuestra forma de ser y que impidamos que la fluidez entre en nuestras vidas. Todo cuesta, todo son normas de las que no podemos sustraernos. A esa falta de movilidad le sobra Tierra, pero le falta algo que aporte fluidez. Podemos tomar Oak de Bach que nos ayudará a fluir, a procesar nuestras necesidades, a escucharnos y respetar al cuerpo.

A veces para activar una Tierra excesivamente rígida nos convendrá un elemento que la ponga en movimiento. El Elemento Agua sería de inestimable ayuda para fluir. Bañarnos en el mar, ríos o arroyos, hablarle al Agua al ducharnos, pedir su fluidez en cuerpos y mentes. Las características del Agua vienen a vitalizar el universo de la Tierra. Pero del Agua ya hablaremos en una próxima entrega.

Un Abrazo

 

¿Te hablan las plantas? Yo sé que si! Solo hay que saber escucharlas… – Curso de comunicación con la naturaleza X

Esta es una comunicación de Esther García, una profesional de la sanación y de las regresiones que hace ya muchos años que conoce y colabora con el Jardí. Es una miembro del grupo de trabajo del Jardí de les Essències y una entregada, como podréis ver, difusora del Jardí y todo lo que allí se da. Siempre alegría, entrega y expansión.

Tuve el gran placer de conocer a Jordi y su hermoso Jardí  hará ahora 10 años, aun recuerdo el primer día que entré, como si estuviera ahí.

Me forme con él e íbamos a preparar una esencia in situ, preparamos CHICORY y CLEMATIS, por aquellos tiempos, la hermosa CLEMATIS ya florecía con 5 pétalos e incluso había algunas de 6 pétalos y Jordi nos explicaba que iba a hacer esencia de CLEMATIS 5 y probarla. (A día de hoy esta suficientemente probada y con unos resultados extraordinarios, la de niños que han nacido gracias a CLEMATIS 5, jejeje).

Recuerdo que junto a la planta Clematis, mientras Jordi nos explicaba, sentía una necesidad imperiosa de ir a explorar el Jardí, (en esa época el Jardí no era tan grande como hoy, solo había una primera parcela),  mientras Jordi explicaba, yo sentía que quería ir hacia mi derecha, algo o alguien me llamaba… no podía dejar de mirar, aunque solo veía plantas, pero esa sensación persistía. En aquel entonces yo era muy tímida, me callé y seguí escuchando a Jordi, haciendo caso omiso a lo que sentía.

Fue una mañana estupenda, Jordi no solo me había enseñado sobre las Flores de Bach, al llevarme al Jardí, se  despertó en mi una consciencia sobre la importancia de las Plantas que hasta ese momento no tenía, y gracias a eso, antes de marchar me atreví a confesarle a Jordi lo que había estado sintiendo toda la mañana… había un lugar al que yo quería ir, pero no visitamos. Esta fue otra de las razones por la que me atreví a hablar.

Con timidez le pregunté: ¿Jordi, podemos ir a ver esa parte del Jardí? Le señalaba la parte derecha del Jardí, donde había mucha espesura vegetal. Con su sonrisa picara, me contesto: ¿Por qué? Y le fui sincera: Porque desde que he llegado aquí, tengo la sensación que debó ir allí, algo me llama…

Por poco me caigo de culo con la contestación, ja ja ja ja:

  • “Ahí no puede entrar ningún humano, cuando decidí cultivar aquí las plantas de Bach, le prometí a la naturaleza que esa parte de ahí, seria para las devas y los seres que cuidan el Jardí, para que pudieran vivir tranquilos sin qué ningún humano les molestara”.

No me lo podía creer!!! Y me habían llamado! Y lo mejor… lo había sentido!! Ese día la Esther que salió del Jardí, no fue la misma. Gracias Jardí!!

Pasó el tiempo y volví en una visita al Jardí, seguía siendo el mismo, ese día lo disfrute más todavía, me deje sentir por la magia de ese lugar, había algo ahí que me fascinaba.

Después de esa segunda visita al Jardi, tarde tres años más en volver, pero el Jardí siempre estuvo en mi corazón, ya me había Formado como Terapeuta profesional en flores y  vivía en mí y en mis clientes los beneficios de estas.

La tercera vez que volví al Jardí no puedo explicaros con palabras lo que viví y sentí…. Nada mas entrar, ya sentí que el Jardí era “otro”, sus energías eran más elevadas, había mayor expansión (yo sabía que Jordi había comprado tierras y el Jardí era más grande, pero nunca imaginé, la belleza que se había creado).  Empezamos la visita, por donde yo ya conocía, me encanta oír explicarse a Jordi, no me canso (je, je je) y me deje disfrutar con su maravillosas explicaciones sobre el precioso WHITE CHESTNUT, CHICORY, AGRIMONY, etc… que hay al comienzo de la visita. Pero a medida que andábamos, Jordi nos llevo a la parte baja del Jardí… UFFFFF cuando lo vi!!!… No podía parar de llorar!! Había abierto la parte que yo, desde el primer día, había querido ir, ante mí se mostro una hermosa pared de piedra llena de plantas, que a través de sus fisuras corría el agua, ese instante para mí fue mágico… sentí tanto AMOR ahí, no lo puedo explicar, pero siempre supe que ese era un sitio muy especial.

Las sorpresas no acabaron ahí… Seguimos nuestro paseo, y entramos como en un laberinto de cañas, parecidas al bambú, ese paseo fue como un viaje por mi interior, sentí  miedos, incertidumbre, desasosiego etc., no fue agradable… pero al salir se hizo la Luz, ese camino terminaba en una preciosa explanada donde vive un viejo y hermoso WILLOW justo al lado de una hermosa cascada. Uff nuevamente me volví a emocionar, OTRO LUGAR MAGICO, pensé!  Ese día, cuando terminamos la visita, me fui llena, pensando, que ese lugar era mágico, que ahí no solo estaban las plantas que nos ayudan a sanar con sus preciosas vibraciones, sino que habría mucho mas.

Poco tiempo después recibí un correo de Jordi diciéndome, que si quería colaborar con él y unos cuantos más en el Jardí, Os imagináis que dije? Jajaja desde entonces, voy cada mes con Jordi y mis compañeros al Jardí, nos conectamos con las plantas, les escuchamos, intentamos ayudar a que estén lo mas a gusto posible, al igual que hacen ellas con nosotros, y mucho mas…  Podría seguir explicando vivencias, pero prefiero que seáis vosotros mismos los que las viváis, por eso desde aquí os animo a que si podéis, os pongáis en contacto con Jordi y visitéis el Jardí, y si no podéis no importa, tomar sus esencias, pues en ellas esta esa preciosa energía que impregna el Jardí.P1040955

El Jardí crece cada día, sus energías son mágicas, las plantas que viven allí están ayudando a muchísima gente a sanarse. Cada día que pasa el Jardí se expande más y más y yo con él. Desde aquí quiero dar las gracias infinitas a Jordi, a mis compañeros y como no al JARDI! Porque las plantas no solo nos hablan… sino que nos ayudan a expandir nuestra conciencia, solo hay que saber escucharlas…

 

¡Claro que hablas, planta! – Curso de comunicación con la naturaleza IX

Esta comunicación es de Daniel Roda, uno de los sanadores del grupo de trabajo del Jardí de les Essències. Pero más que eso a menudo, como dice él mismo, es también mis manos y brazos, mi fuerza física, llegando a donde yo no llego por tiempo y energía. Es también un corazón sensible que al tiempo que desmaleza el Jardí, infunde un orden armónico y natural, de una bendita sencillez.

Trabajé varios años como alguacil del pueblo donde crecí, aprendiendo a hacer un poco de todo, arreglando averías comunitarias, repartiendo avisos para los vecinos, limpiando plazas, jardines y barriendo mis miedos a la vez que las calles.

…y la Vida nos hizo coincidir con Jordi, y con él, el mundo de las esencias florales, conocí al Jardí. Congeniamos y empezamos a trabajar…

Mi cometido principal es preparar y mantener en vida (feliz) las especies que el Jardí va adoptando.

Nos agrada pensar que mis brazos son extensiones de los de Jordi, y hoy escribo porque quiero compartir algunas vivencias de estos últimos nueve años laborando por este mágico lugar.

Y no se trata de un lugar más mágico que otro, simplemente creemos que el respeto a la vida natural y la relación de su impulsor con las plantas, va transformando unos antiguos huertos en un espacio de investigación, descubrimiento, recuerdo y a su vez, crecimiento.

Las herramientas utilizadas son las mismas que las de los demás jardineros; guantes, tijeras podadoras, sierra, maquina desbrozadora, rastrillo, pala, etc…

La diferencia con otros jardines la comprendí después de unos cuantos ataques de las espinas de las zarzas y de maquinas que no querían funcionar…
En ocasiones, cuando uno intenta desbrozar con maquina una zona donde mamá Naturaleza pide silencio, no hay manera de avanzar; o se acaba la gasolina, se rompe el hilo desbrozador continuamente, o los arbustos de la zona se encargan, con sus “ramas-látigo”, de avisar que se cambie nuestra forma de acercamiento a ellos.
Entonces uno hace lo que sencillamente llamamos “pasar a modo manual”. Nada de ruido, máquinas guardadas y desbroce con tijeras de mano… y el avance es asombroso.

Emulando a los jabalíes y siguiendo sus senderos, descubrimos el hermoso Sauce (Willow) y conocimos lo que en un futuro seria parte del laberinto del Jardí.

Como si fuera una sopa de letras o un juego de pistas, fuimos encontrando entre los restos de desbroce y ramas caídas, las letras para conformar el nombre del lugar: El Jardí de les Essències.  Aparecieron todas, incluso la “R”!! Entendimos que al espacio le gustaba el nombre…

Al pasar, siempre miraba de reojo aquella gran piedra rectangular al lado del camino, y me fue imposible moverla cuando quise utilizarla para hacer un peldaño de escalera, era demasiado pesada. Un día percibí que, a unos metros de donde se encontraba la gran piedra, un punto concreto del Jardí, parecía reclamarla. Fue como encajar la pieza de un rompecabezas, nada de esfuerzo. Aún cuesta entender cómo se dejó mover tan fácilmente… Pero ese movimiento generó nueva energía en el espacio, nuevas aperturas sanadoras.

Para construir la verja de madera de la entrada externa del Jardí, utilizamos la idea menorquina de “ses tanques” aprovechando troncos de árboles caídos. Faltaba uno para acabar y estuve buscando en las inmediaciones…

Al otro lado del riachuelo apareció el tronco que necesitaba. Un sanguino crecía inclinado buscando luz entre la maleza enmarañada del margen del río. Había varios y no pensé. Corté “por lo sano” y finalicé el cercado. “Buen trabajo”, me dije…

Una semana más tarde, Jordi sin saber de dónde conseguí las maderas, me pregunto si sabía que había pasado en esa zona concreta del riachuelo…

Se había paseado y percibido dolor en dicho lugar. Entonces recordamos!! Había segado la vida de un árbol, sin pedir permiso ni dar las gracias por su nueva función.

Como todo trabajador y humano, uno comete errores, y en todo este tiempo, cada baja vegetal que ha producido la falta de atención en el manejo de alguna herramienta, ha ayudado a aprender que nuestra unión con este reino vegetal puede llegar a ser muy pero que muy íntima, intensa, y a veces dolorosa…

…y también pasan cosas bonitas…

En cierta ocasión, estaba desayunando sentado en un banco hecho con un viejo trozo de pino, cuando apareció una comadreja, un pequeño mamífero carnívoro habitual en el bosque mediterráneo. Nos quedamos mirando fijamente, a unos cinco metros de distancia…cual fue mi sorpresa cuando arrancó a correr en mi dirección pasando justo por debajo de mis piernas!!

Jabalíes, tejones, zorros, visones, ardillas, todo tipo de aves locales y foráneas, lagartos, peces, anfibios, duendes y devas conviven en, y con toda la familia de plantas que conforma este precioso paraje. Queremos ser capaces de ser uno más.

La Naturaleza nos da continuamente señales de cómo tenemos que acercarnos a ella. Y si realmente todo está unido, ¿serán señales para conocerse mejor y aprender a respetarse?

Sí, estoy de acuerdo, las plantas hablan…

Daniel

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Comprender y Traducir. Los 4 Elementos – Curso de comunicación con la naturaleza VIII

La naturaleza, decíamos, nos habla, pero su lenguaje no es como uno de los idiomas humanos. Nos habla a través de signos, de símbolos que hay que saber comprender y traducir. Es un lenguaje  común a todos los pueblos de la Tierra. Es el lenguaje que precedió a todas las lenguas humanas y que sigue desde el inicio de los tiempos en el trasfondo de nuestras culturas. Es un lenguaje universal y analógico. Cada parte visible en la Tierra, cada animal, planta, hongo, cada forma, estructura y paisaje tiene una información para nuestra mente a un nivel no consciente, pero llena de significado profundo.

Contemplar es una forma directa de comprender, sin palabras, pero los humanos vivimos inmersos en idiomas, lenguajes simbólicos, palabras y signos y nuestro hemisferio izquierdo está entrenado en la lógica del lenguaje, en el significado de las palabras.

Habrá quién para conectar con la naturaleza prefiera la intuición, esa conexión directa, mientras otras personas necesitaran de una cierta explicación racional, una cierta coherencia formal.

De esta fusión de ambas formas de acercarse a una comprensión profunda del mundo, nace la analogía, que permite la profundidad de relacionar aspectos del mundo aparentemente diversos. Como cuando comparamos el sistema solar con su sol central y los planetas girando en órbitas a su alrededor con el modelo atómico de un núcleo central sobre el que orbitan los electrones. O el cerebro humano y la nuez del nogal. Se comparan formas, estructuras y sobretodo, sentidos.

Gracias a la analogía podemos deducir informaciones trascendentes de aspectos, en apariencia, intrascendentes. Nos ayuda a entender que la forma no está dictada por el azar, sino que es hija de la función y que la función  se expresa en diferentes planos de la creación.

Dos hemisferios, dos formas de ver al mundo y sobre todo, un cuerpo calloso que los integra.

Personalmente descubrí la analogía al intentar comprender como hizo el Dr. Bach para averiguar qué funciones tenían las esencias que elaboró. Cómo relacionaba la impaciencia con una planta, o el apego, o el miedo y porqué las esencias aportaban paciencia, desapego o valor, por ejemplo. Al final la mayoría de significados se podían leer en el libro abierto de la naturaleza, en las semillas propulsadas prematuramente, o los pigmentos de la flor extremadamente solubles o hasta en el color amarillo intenso de las flores.

Por “azares” de la vida sentí desde pequeño gran interés en leer algunos libros que mi hermano mayor tenía en su biblioteca personal. De entre ellos el Kybalion, y dentro del mismo el Principio de Correspondencia: “como es arriba, es abajo, como es abajo, es arriba” se instaló en mi mente y ya nunca la ha dejado.

Aquello que parecía infinito, invisible, inalcanzable, podía ser escrutado a través de su expresión material. Por lo tanto observando la materia, la naturaleza, podía inferir como serían aquellas regiones del universo inalcanzables (por lejanas, pequeñas o invisibles).

Con la analogía podía “observar el universo en un grano de arena”.

Una de las formas de conectar con la Tierra Una es comprender de qué está formada. Y no me refiero a sus componentes geológicos sino a los significados primigenios, a los 4 Elementos (5 si contáramos con el escurridizo éter).

La Tierra, el Agua, el Fuego, el Aire (nótese que están escritos en mayúscula) forman la totalidad de lo creado, también en nosotros, que estamos hechos de Tierra (huesos, dientes, cristales celulares, uñas, minerales,…), Agua (que circula abundante en nuestra sangre y fluidos corporales), Fuego (por la temperatura de nuestro cuerpo y la combustión de la digestión), Aire (que nos llena a cada respiración, llegando hasta el nivel más oculto de la célula). Pero los 4 Elementos van más allá de lo meramente físico y nos transportan a los planos emocionales o mentales: Tierra, para ser constantes, resistentes, sólidos; Agua, para fluir con los cambios que la vida no cesa de traernos; Fuego, para crear, generando hijos o creaciones mentales, para defender nuestras ideas y Aire, para expandirnos y llegar a todos los rincones.

Las expresiones de los 4 Elementos son amplias en nuestras vidas. A menudo vemos los elementos de los que tenemos exceso o defecto: esa persona quema etapas (Fuego), o siempre está en las nubes (Aire), que testarudo, nunca cambia de opinión (Tierra), es tan emocional (Agua). Conociendo el significado de los 4 elementos podemos ver si tenemos exceso o defecto de uno y tratar de equilibrarlo. A menudo el hecho que pasear por una naturaleza nos siente tan bien se debe a que nos aporta el elemento que nos falta y equilibra el que está expresándose en exceso.

En las próximas entregas iremos hablando de cada uno de los 4 Elementos, que significan, como los detectamos en nosotros y como los podemos equilibrar en nuestras vidas.

Al igual que una semilla que germina necesitamos los 4 elementos en armonía. Una semilla requiere, para germinar, de la tierra, pero una tierra que esté húmeda, y al mismo tiempo aireada para evitar pudrirse y con el calor necesario para activar su fuerza vital. Buscaremos los 4 elementos para germinar a esta nueva vida de conexión con  la Naturaleza. Un abrazoP1050996

Contemplación, el silencio de la mirada perdida – Curso de comunicación con la naturaleza VII

Cuando me acuerdo de los años que pasaron hasta que fui capaz de aquietar la mente lo suficiente como para atisbar la voz de mi conciencia,… son tantos,…

Si, hasta que no fui capaz de creer, no escuché, pero algo fue sucediendo en las entretelas de mi relación con la naturaleza.

De pequeño pasaba horas y horas solo en el bosque escuchando los pájaros, viendo a los insectos relacionarse con las flores o como el polen de los pinos lo espolvoreaba todo al ser las ramas mecidas por el viento suave del noroeste. Cada estación distinta.

Entraba al bosque tan temprano como me era posible y a menudo los abuelos se enojaban conmigo por llegar tarde a la hora del almuerzo. Para mí era un rato, un paseo, un instante incontable. Para ellos habían transcurrido 4 o 5 horas.

Al estudiar botánica en la universidad los paseos se hicieron más largos porque mi razón entró en juego y se cultivó en mi interior el deseo de nombrar y nombrar especies botánicas. Nombres científicos en latín que construían listas interminables en mi mente. Si alguien hubiera escrutado mis pensamientos fácilmente hubiera podido pensar en mi como en un antiguo romano viajero del tiempo. Fue una etapa feliz, de aprender mucho, pero comprender poco y con el tiempo y la repetición llegó el hastío y las listas de especies se me antojaron aburridas. Por el camino convencional de la ciencia había perdido algo que en mi niñez y adolescencia hacía tan especial mi contacto con la naturaleza.

Pero no hay árbol sin raíz y de la inocente niñez de conexión inconsciente a la juventud científica de inocencia perdida, le sucedió una etapa de volver a una conexión más pura, desde el corazón, pero también consciente. Me di cuenta, con el tiempo, que podía cambiar mi registro interno y podía escoger el “modo” de relacionarme con la naturaleza. ¡Beeep! Modo Ciencia, y empezaba las listas botánicas y los estudios de polinización. ¡Beeep! Modo paseo, mi caminar se hacía más lento, mi respiración más profunda y mis ojos veían sin mirar.

Todo importante, todo necesario, todo parte de la evolución de mi ser. Y del tuyo. Y del de todas. Todo recordar. Recordarte a ti mismo en forma de pájaro, de flor, de hongo o de humano. Todo Consciencia.

La contemplación del niño, el aprendizaje del adolescente, la conciencia del que empieza a ver que solo dicha conciencia importa y ES.

En la contemplación eres aquello que ves. La naturaleza es el espejo de la conciencia Una y por eso en ella volvemos a casa.
¿Quieres conectar con la naturaleza? Contempla. Mira sin mirar. Mira sin juzgar. Maravíllate de la perfección del Todo. Si, también de ti y de tu cuerpo. Al contemplar sin juzgar aprendes como un niño pero con la conciencia del adulto.
No ves las olas del mar lamiendo la arena de la playa. Ves el grano de arena como ola tras ola avanza y retrocede y se pule con los embates de cada nuevo viaje. Y el guijarro largo tiempo puliéndose te cuenta de las vidas que son necesarias para aprender. Y te ves en él. Y eres él y todo lo que existe te habla.
Eres gota y eres mar. Te evaporas, te elevas a otro nivel de realidad solo para volver a caer, al mar, pero más sabio, más pleno. Y esa gota que eres es imprescindible pues su experiencia nueva forma parte de ese mar infinito que no deja de crecer con cada nueva toma de consciencia. Eres todo lo que contemplas, porque ERES TODO.
Mira sin juzgar. Siente la maravilla y belleza como te llena y en ese momento ya dejará de importarte conectar con tu entorno, pues no hay nada con que conectar. No hay nada fuera de ti. Tú Eres Todo. Tú Eres Yo. Yo Soy Tú. Y juntos formamos este nuevo mundo de conciencia expandida. Y juntos gritamos al eco de las montañas que Somos Uno.
Contempla la naturaleza, mi hermana, mi hermano, para recordar Quién Eres.

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Los árboles no hablan. ¿O si? – Curso de comunicación con la naturaleza VI

Esta comunicación es de Inda Jani, otra de las sanadoras que forman parte del grupo de trabajo de El Jardí de les Essències. Ella aprendió hace años a comunicarse con los árboles y otras fuerzas de la naturaleza y este año, por primera vez en El Jardí , vamos a poder contar con su maestría al ofrecer unos cursos presenciales para aprender a conectar con los árboles y recibir sus mensajes.p1060048

Hace un tiempo, un niño me preguntó: “¿cómo es que tú hablas con los árboles?, ¡los árboles no  hablan!”

No era una pregunta fácil de responder, en primer lugar, porque debía adaptar mi lenguaje al suyo, y no soy muy hábil en ésto; en segundo lugar, porque sentía el tono de “esta chica está loca…” Le conté que los árboles nos pueden ayudar a encontrar respuestas cuando no sabemos qué hacer, pero que su voz no la oiremos con los oídos, si no con el corazón… que cuando se encontrara en una determinada situación que le resultara difícil, buscara un arbolito que le pareciera especialmente bonito, o fuerte, o diferente, y se sentara cerca de él. Que prestara atención a los colores, a las hojitas, al tronco, que escuchara los sonidos cercanos de la vida del bosque. Podía presentarse al árbol y explicarle su inquietud, incluso abrazarle, y que tal vez en un ratito, como por arte de magia, le vendría a la cabeza una fabulosa idea, o de pronto se inventaría un cuento y daría con la solución a su problema. Porque los árboles hablan de mil formas diferentes.

Los árboles “hablan”, claro que sí, pero tenemos que abrirnos a “escuchar”.

No hay unos determinados pasos ordenados e infalibles para poder conectar con un árbol, y creo que nadie nos puede enseñar el secreto, porque de hecho ya sabemos hacerlo, aunque hay que estar dispuestos y despertar esa capacidad.  Es más bien cuestión de actitud y disposición. A veces la comunicación tarda un tiempo en producirse, y otras, tiene lugar al instante.

Para mí, lo esencial, es parar la cháchara interna en la que acostumbramos a vivir, y llevar nuestra vibración a un estado de calma y escucha consciente. Cada uno irá descubriendo sus métodos. El mío pasa por una primera observación del entorno, con una actitud de admiración hacia todo lo que tiene lugar a nuestro alrededor. Esta observación incluye todos los sentidos: la vista, el oído, el tacto, el sabor, el olfato…  y esos otros sentidos que no tienen que ver con lo físico… Con esta primera observación, conseguiremos olvidarnos de nosotros mismos y nuestra importancia y disminuiremos los pensamientos que tanto incomodan a los árboles.

Acostumbro también a enraizarme, a imaginarme en el papel de un árbol que se desarrolla al sol, recogiendo su luz y la energía que necesita para crecer. Si me dirijo a un árbol nuevo, me presento, y le hago saber porqué estoy ahí. Si es un árbol que ya me conoce, simplemente le saludo y le muestro mis respetos. Normalmente me siento en su regazo y cierro los ojos y siento con amplitud y abertura, dispuesta a recibir y dar desde otro punto. Otras veces, utilizo técnicas diversas que he ido descubriendo, o me han enseñado mis Maestros: observación Ghoeteana, lanzamiento de sekes, unión de auras…

Es desde este estado de calma que puedo recibir información valiosa, ya sea en forma de una imagen, o de un diálogo interno que no es mental, o de una idea, o de una quietud y reconocimiento, o de ver claro un porque y para qué, que me facilitará encontrar la respuesta por mí misma.

Ésto es para mí conectar con un árbol. No se trata únicamente de abrazar y cerrar los ojos, tampoco es algo esotérico, si no un momento profundo, de comunión con uno mismo.

Se dice que cada especie aporta un determinado aprendizaje. Es una buena guía de inicio para empezar a caminar. Mi opinión, con el tiempo, ha ido derivando a la creencia de que en el fondo lo que sucede es que conectas contigo mismo, con tu Yo Superior, y con una Conciencia Colectiva que va mucho más allá de lo que para nuestro Ego es la Vida. Puedes llegar a acceder a un Conocimiento Superior que está disponible para todos, y que se encuentra más allá de cualquier valoración u opinión. Son Verdades que no se rebaten. Simplemente Son, y cada uno de nosotros las llevamos en nuestro interior, pero no siempre sabemos acceder a ellas. Los árboles, con su presencia, nos facilitan este proceso.

Así pues, cuando desees empezar este trabajo, simplemente escucha tu intuición y dirígete al árbol que te llame la atención. Te dará justo lo que necesitas en tu momento vital, independientemente de la especie a la que pertenezca, porque lo que harás será acceder a una Sabiduría Común, a una Conciencia Colectiva, a la Unidad que está presente en todo… Déjate guiar por tu Ser. Es interesante que anotes en una libreta tus conexiones, porque a menudo se olvidan detalles importantes al cabo de unos minutos. Además, al llevar un registro, puedes comprobar con el tiempo tus propios avances.

Una de las conexiones realizada con mi Roble:

Este bello árbol ya me conoce, pues he venido a hablar con él decenas de veces. Es un ejemplar anciano, tal vez 300 o 400 años. Dos personas no se bastan para abrazar su tronco. Es inmenso y majestuoso… Con un porte hermoso, bien formado y fuerte. Es el único como él en todo el entorno. Como el guardián de este bosque.

He llegado a pié (se puede llegar en coche por una pista), y durante el camino he ido haciendo una meditación interna a través de unas oraciones con reiki.

Me he sentado a un metro de su tronco y cerrado los ojos, y casi de inmediato he empezado a pendular. Poco a poco, la rotación ha pasado a ser un movimiento de vaivén, delante-detrás, y finamente he ido deteniéndome. Siento que ha estado equilibrando todos mis chakras.

Vengo a trabajar el perdón.

Y surge una conversación interna (las frases en mayúscula son la sabiduría del roble):

– No sé si estoy preparada para aceptar la culpa.

– LO ESTÁS?

– Lo estoy?

– LO ESTÁS. EMPIEZA POR PERDONARTE A TÍ MISMA. NO TE HAS PERDONADO. COMO QUIERES PERDONAR A TU PADRE SI NO TE HAS PERDONADO A TÍ MISMA? DEBES PERDONARTE EL NO HABER ESTADO AL LADO DE TU ABUELA, AL LADO DE TU PRIMA, AL LADO DE TU MADRE. NO ESTUVISTE PORQUE ERA NECESARIO PARA TU SUPERVIVENCIA.

– … sí??

– NO PODÍAS HACERLO DE OTRO MODO. CREES QUE SI HUBIERAS PODIDO, SI HUBIERAS  ESTADO PREPARADA PARA LA CRUDEZA DEL MOMENTO, NO LO HABRÍAS HECHO DE OTRA FORMA? DE VERAS LO CREES?

(….)

– NO ESTABAS PREPARADA, TE SUPERABA, NO SABÍAS AFRONTARLO, NO SABÍAS HACERLO DE OTRA FORMA, ERAS JOVEN. PERDÓNATE, PERDONA A LA  NIÑA QUE ERAS Y TENÍA TODO AQUEL SUFIRMIENTO. AQUELLA NIÑA QUE ERAS, NO TUVO BASTANTE? POR QUÉ LA SIGUES CULPANDO?

(…)

– AHORA ERES TÚ LA ADULTA RESPONSABLE DE CUIDARLA. AHORA SÍ PUEDES PERDONARLA/PERDONARTE, Y LIBERARTE DE TODA ESA CULPA. AHORA SÍ PUEDES, TIENES TUS RECURSOS Y MADUREZ NECESARIA, Y DEBES HACERLO. NO ES QUE LO TENGAS QUE CONSEGUIR AHORA MISMO, QUÍTATE ESA PRESIÓN, LA COSA ES QUE TIENES LA OBLIGACIÓN DE IR HACIÉNDOLO, AHORA QUE TIENES LA CONCIENCIA. UNA VEZ LO HAYAS CONSEGUIDO, TENDRÁS LA CLAVE PARA PERDONAR A TU PADRE Y A CUANTAS PERSONAS NECESITES PERDONAR, PORQUE EL PROCESO ES EL MISMO: CUALQUIER PERSONA ACTÚA DESDE SU CONCIENCIA Y CAPACIDAD PRESENTE. Y LA VIDA ES APRENDIZAJE.

DISCULPAR Y PERDONAR DESDE TU CENTRO NO ES LO MISMO… LO VES? DISCULPAR ES LO QUE HAS ESTADO HACIENDO HASTA AHORA… Y HA LLEGADO EL MOMENTO DE DAR UN PASO MÁS Y PERDONAR.

(…)

– Un millón de gracias.

– GRACIAS A TÍ POR VENIR Y CREER EN TÍ MISMA.

Y el Almendro en flor me dijo …. – Curso de comunicación con la naturaleza V

nenufarEsta comunicación es de Mercè Pàmies, una de las sanadoras que forman parte del grupo de trabajo de El Jardí de les Essències. Un ser de gran sensibilidad y comunicación con lo natural que tenemos suerte de tener en el Jardí.

Hablamos.

Vivimos en un entramado de instantes que solamente desde la consciencia sabemos relacionar como partes integrantes del Todo. Cuando nos sentimos Uno con esos instantes, todo toma sentido, se nos amplía la conciencia del conocimiento y vemos la verdad inmutable ante nosotros. El Tu, el Yo y el Eso, confluyen en el mismo punto y lo sentimos en nuestro interior como Luz que teje Luz.

Desde ese Ser de Luz, estamos tan conectados que sentimos más allá de lo que está estipulado socialmente como verdadero. Y, nos llegan comunicaciones, informaciones, de lugares estipuladamente cegados y de todo ser parejo que habla. No importa el idioma ni el código; simplemente el mensaje se descodifica a través de la Fuente de Luz común…

Las plantas hablan. Siempre hablan, aunque solamente cuando las escuchamos sabemos identificar, sentir y reaccionar a  lo que nos dicen. Siempre están para algo en nuestra vida e igualmente nosotros nos cruzamos con unas u otras, para algo. Ese algo lo vamos descubriendo a medida que vamos incrementando la conciencia de ello.

Cuando fluimos en la red de instantes, los puntos bailan armónicamente y se producen conexiones entre las partes.

No hace mucho, estando en casa, unos quilómetros apartada del Jardí de les essències, sin intención previa, pero sí en estado de paz interior, sentí que había algo en el Jardí, que reclamaba ser atendido. Conozco ese espacio bastante bien y al día siguiente, tras avisar previamente a Jordi, me personé allí sin saber muy bien lo qué iba a hacer. En el mismo instante que crucé la puerta de entrada sentí que debía acudir a la zona baja. Fui descendiendo, y, como si estuviera conectada a una antena, cada vez podía escuchar más el reclamo de Criptomeria japonica. No era la primera vez que estaba ante ella; nos conocíamos. Entonces, se intensificó el diálogo y me mostró su ramaje, el cual estaba impregnado de pequeños parásitos: se sentía ahogada. Por unos minutos unimos nuestra respiración y pusimos la intención en sanear la situación: todo ocurre para algo. Luego, me sentí guiada a seguir el riachuelo y pararme, pocos metros más allá de esa gran Maestra, delante de una zona de agua estancada que dificultaba y condensaba mucho el ambiente, y pude propiciar la libre circulación del agua. Respiramos, respiramos Todos.

Mi comunicación consciente con las plantas empezó hablando con una Malva, hace ya unos años, y que me guió para seguir el camino de formarme como terapeuta holístico. Y, de ahí, a sentir, en numerosas ocasiones más, como esos seres de alma cristalina interactúan con nosotros generosamente, para el bien común.

Cuando ofrecemos sin la necesidad de ofrecer, es cuando más libre es la comunicación entre el Ser que está en todo, y más puede  abarcar la voluntad de dar, sintiendo que te estás dando a ti mismo. La Naturaleza Es, y como gran Maestra  nos ofrece siempre, nos acoge en ella en la medida que nos permitimos ser con ella, y ella con nosotros, es una aliada más.

Cuando algo en el interior te hace sentir que todo es posible, des de la esencia, se deja de anhelar, perseguir, pedir, querer…, simplemente y sencillamente se atiende a lo que llega, sin juicios, sin dudas, sin miedos; y una ventana abre una puerta, y una puerta un portón y éste un pórtico, y de ahí…, donde ya no existen barreras arquitectónicas, todo es libre y los conceptos espacio-tiempo se flexibilizan, se relativizan. Desde este punto, en cualquier sitio podemos sentir a la Naturaleza. El Jardí de les essències contribuye a esa toma de conciencia, para ser cada vez más los que sentimos que vivimos el Cielo en la Tierra.

El pasado viernes viví la siguiente experiencia. Fui a realizar un trámite bancario a Esparreguera. Cuando finalicé, una vez ya en una de las calles del centro del pueblo, algo fuera de lo común empezó a suceder. Yo andaba a paso ligero. Me empezó a invadir una paz difícil de describir y todo a mi alrededor parecía llevar una velocidad distinta a mi paso; todo iba más despacio, como si fueran dos películas a ritmos distintos. Respiré hondo y me nació una gran sonrisa. A partir de ese instante hubo una secuencia de evidencias. Seguí andando. Primero se me mostraron en mi ruta tres Gorriones, dispuestos en forma de triángulo y jugando delante de la Puerta de un supermercado; me cubrí de una energía muy especial. Seguí la marcha, y en segundo lugar, a poca distancia se me ofreció un Almendro en Flor, que me embriagó con su fragancia, aportándome aún más sosiego. Simplemente acogí en mí lo que me ofrecía, sin saber muy bien el para qué; confié, sentí que me llenaba aún más de  serenidad. Se lo agradecí, y decidí seguir. Acto seguido, en tercer lugar, entre multitud de emisiones sonoras, el canto de un Mirlo resaltó entre el cuchicheo estridente de los patios de los centros docentes de la zona. Pude localizar al pájaro. Estaba cantando a pleno sol, en la punta más alta de una antena ubicada en la cubierta de un edificio de tres plantas. Lo observé un rato. Parecía indicarme una dirección con el pico anaranjado. Decidí reiniciar la marcha, ahora a paso lento, me sentía flotando. Llegué al coche, aparcado de frente al patio del instituto. Había distintos grupos de clase practicando distintos deportes. Desde allí me percaté que el Mirlo me estuvo señalando dicho patio y, como en un flash, se me centró la atención en un niño, de aspecto corpulento, que estaba practicando con sus patines. Desvié un momento la mirada, y al regresar a él lo vi postrado en el suelo, hiperventilando, con la piel del rostro roja y el profesor dándole indicaciones de lo que debía hacer. Después, intentó levantarse sin éxito y desconsolado, tras un tremendo culetazo, se puso a llorar mientras se quitaba los patines. El patio estaba repleto de compañeros que se cruzaban con él como si no lo vieran. Finalizó la hora de deporte y debían regresar a su aula franqueando unes escaleras muy empinadas. El patio quedó vacío, solamente quedaba en él ese Chico, de frente a las escaleras, abatido, bajando los hombros y soplando, hasta que decidió subir la escalera, peldaño a peldaño, muy despacio y cojeando… Yo me sentía repleta de energía y de forma espontánea empecé a transmitírsela, con la intención de ayudarle. Algo sucedió en él, pues los últimos cinco peldaños los subió corriendo…

¿Para qué se me cruzó ese Chico en mi experiencia vital? Nada ocurre por casualidad. Los unos experimentamos con los otros y los otros con los unos. Siempre para el bien común. Seguro que contribuí de alguna manera a paliar el bochorno que estaba viviendo el niño. Pero él también me ayudo a mí, recordando una situación vivida durante mi adolescencia, donde un hombre, en estado de embriaguez, que parecía transparente para los ojos del resto de la gente que transitaba a su vera y que se encontraba delante de unas empinadas escaleras mecánicas, no supe cómo ayudarle. Sentí impotencia y entré en un mar de juicio de valores.

Siempre se nos ofrecen nuevas oportunidades para armonizar situaciones vívidas desde la incomprensión y generadoras de angustia. La historia en sí cada vez carece más de importancia, va perdiendo peso, y se va ganando en la gestión de emociones y sentimientos. Todo para ir encontrándonos a nosotros mismos a través de los otros. Se nos van presentando las oportunidades en distintos formatos, y sabemos aprovecharlas en la medida que aprendemos a leerlas y vamos aumentando la conciencia. Así, nos volvemos más diestros, al utilizar las herramientas que vamos integrando, desde la Consciencia. La Naturaleza, con todos los seres que alberga, habla y es una Fuente de nutrición de todas esas herramientas, una Gran Maestra. Gracias, gracias Jardí.

 

Abrazo de mercè.