Blog ¿ Hablas Planta?

Equilibrando mis 4 Elementos – Curso de comunicación con la naturaleza XV

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En las cuatro últimas comunicaciones hemos visto como conocer mejor las características de los 4 Elementos. Uno por uno hemos analizado qué simbolizan en general y en nosotros, en nuestros cuerpos, en nuestra vida.

Leyendo atentamente éstas comunicaciones podemos aprender a conectar con ellos a visualizarlos en nuestro día a día, a verlos en nosotros y en los demás y a buscar aspectos de la naturaleza que nos ayuden a incrementar la presencia de determinado Elemento en nuestra vida o a regularlo, amplificando la presencia de su complementario.

Veamos algunos ejemplos: pensemos en una persona muy imaginativa, con muchas ideas, con facilidad para la visualización pero que en realidad no suele completar esta ideación con una concreción. Todo queda en el terreno de la mente. Podríamos pensar que tiene un exceso de Aire y que probablemente lo que necesite sea incrementar su Tierra, que parece escasa. A esta persona la animaría a conectar con el elemento Tierra, directamente comunicando con rocas, plantando algún ser verde con sus propias manos, caminar a menudo descalzo en el campo o la playa, y aceptar la vida material como parte de la espiritualidad de nuestro planeta.

Otro ejemplo: una persona que se enoja muy fácilmente, que siente que dicho enojo está justificado y vive la vida con ese exceso de Fuego, necesitará del Agua para que disminuya ese Fuego. Nadar, bañarse en el mar tan a menudo como pueda, comer alimentos frescos, con abundancia de vegetales y disminución de animales de tierra o carne roja. Ir a menudo a la naturaleza a contemplar los ríos y arroyos en sus fases más lentas. Beber más agua, todo para frenar un poco el Fuego.

Así con todas las combinaciones de elementos. Os recomendaría releer cada elemento y haceros una lista de las características de cada uno para que podáis analizar con cual os sentís más identificados, cual es más fuerte en vosotros, cual debería incrementarse, que otro refrenarse. Eso requiere de la capacidad de auto-observación y de un cierto tiempo para hacerlo. También este conocimiento nos puede ayudar como padres a tratar de inclinar a nuestros hijos hacia el Elemento que pueda necesitar y mostrarles las posibilidades que dicho Elemento, puede ejercer en sus vidas.

Aclaremos, vehementemente, que no existe, como ya imaginaréis, ningún elemento mejor o peor que otro. Solo el exceso o defecto nos lleva al desequilibrio. Esta observación nos conduce a conocernos cada vez mejor.

Alguno preguntará: ¿no hay alguna forma más concreta de averiguar qué Elemento está en exceso o cual en defecto? La respuesta es sí, (y es muy posible que quien haga esta pregunta sea alguien en el que domina el Aire y/o el Fuego, que les dan la urgencia en muchas facetas de su vida) aunque lo que ahora os voy a contar nunca tendría que ser una sustitución de la auto-observación y el auto-conocimiento, auténticas puertas de la maduración emocional y mental.

La carta natal

Con la fecha de tu nacimiento, la hora y el lugar del mismo, entra en alguna página web en la que hagan cartas natales o astrales gratuitas que sea fiable (yo uso www.astro.com, pero hay muchas webs en las que puedes consultar) e introduce tus datos. Obtendrás tu carta astral o de nacimiento que te dice en que signo estaba cada planeta en el momento de nacer. Tendrás tu Sol, tu Luna, tu ascendente, etc. Cada uno de los signos está asociado a uno de los 4 Elementos. Mira el cuadro que te adjunto para ahorrarte de buscarlos:

Tierra Agua Fuego Aire
Capricornio, Tauro, Virgo Cáncer, Escorpio, Piscis Aries, Leo, Sagitario Libra, Acuario, Géminis

Veras un recuadro en tu carta en la que saldrá el Sol, la luna, pero también Marte, Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón y también el ascendente. En total 11. Cada planeta está en un signo y conociendo el elemento de cada signo puedes contar el nº de planetas que tienes en Tierra, Agua, Fuego o Aire.

Imaginemos una carta con los siguientes porcentajes de los 4 Elementos (para hacerlo más realista os doy los porcentajes de los 4 Elementos en mi carta):

4 Fuego, 1 Tierra, 3 Agua y 3 Aire

Mucho Fuego y déficit de Tierra. ¿Qué puede convenir para mi equilibrio? Incrementar ligeramente el Agua para refrescar mi Fuego (no mucha porque ya hay 3 de Agua) y potenciar mucho el elemento Tierra, que está en franco déficit. Por eso el hecho de ser jardinero y tocar Tierra muy a menudo, es algo que me gusta y equilibra, aunque a veces me de pereza y prefiera la parte mental-espiritual del Fuego y el Aire.

Esto es solo un ejemplo y de alguien como yo que no conoce casi nada de astrología, pero que he podido comprobar que solo con eso ya tenemos mucha información general de nuestras tendencias. Si además sois conocedores de la auténtica astrología, podéis afinar muchísimo más porque sabréis cada elemento en que planeta trabaja y lo que ello simboliza.

Ahora os toca probar con vosotros y vuestros seres queridos. No olvidéis que se trata de un curso práctico y que para aprovecharlo debéis eso, practicar.

En la próxima entrega, como ya habréis practicado, hablaremos de las flores de Bach y los 4 Elementos y qué flores ayudan a incrementar o reducir dichos elementos. Os daré un listado de las 38 esencias y que elemento (o elementos) aporta cada una.

Un  Abrazo

 

Yo Soy Aire – Curso de comunicación con la naturaleza XIV

Sopla el viento meciendo los árboles. Cálido o frío el viento siempre mueve. El viento crea torbellinos que devienen tornados o se expande en forma de huracán. Es también capaz de soplar como brisa refrescante en una tórrida tarde al lado del mar.

El aire representa al Aire, ese elemento que tiene el don de la expansión y al que la gravedad parece afectar escasamente.

Recorramos de nuevo los 4 elementos: la Tierra estática y vinculada a la gravedad, solida y fuerte. El Agua, que aun siendo atraída hacia el punto más bajo en cualquier espacio tiene el don del movimiento y sin la rigidez de una forma estática se convierte en fluido. El Fuego, que transforma todo lo que toca extrayendo la esencia y liberando de la forma.

¿Y el Aire? El Aire tiene el don de la expansión. En una habitación cerrada abre un frasco de perfume y vuelve a cerrarlo de forma inmediata. En unos segundos el olor se extiende a todos los rincones del habitáculo. ¿Por qué no solo se expande hacia arriba, como hace el Fuego?

El Aire, al igual que el aire que respiramos debe tener la facilidad de llenar todos los espacios para que no queden lugares en los que su ausencia provoque el caos. ¿Te imaginas que el aire solo llenara la parte alta de una habitación y que para respirar debiéramos caminar de puntillas o que la gente bajita no pudiera hacerlo y muriera al igual que todos los animales que se arrastran? Inconcebible, ¿verdad? Inconcebible gracias a una propiedad del Aire (y el aire) como es la expansión, la tendencia a ocupar todo el espacio disponible por igual. Facilidad para difundir y extenderse.

El aire, gracias a estas propiedades, forma parte de nuestra vida y penetra en nosotros hasta el nivel celular, circulado en forma de oxigeno o dióxido de carbono por la sangre que corre en nuestras venas.

Desde la antigüedad al Aire se lo ha asociado con la mente, tanto como las emociones al Agua y la Luz a la Conciencia. El Aire siempre se mueve, se expande, difunde y difícilmente se aquieta. Observa una habitación cerrada en la que entre un rayo de luz entre los espacios de una ventana. Quédate quieto un rato, respira muy suave y observa que a pesar de la quietud las motas de polvo siguen su danza siguiendo los movimientos de un aire tranquilo. Siempre se mueve. El aire caliente asciende, el frío baja y eso crea un movimiento circular constante que todo lo abarca.

El Aire es imprescindible para que el Fuego, que está quemando Tierra (leña, carbón, etc.,) pueda prender y seguir su combustión transformadora. El Aire es el menos denso de los 4 elementos y quizás por ese motivo en su relación con los chakras, se vincula al 4º chakra, el chakra del corazón (y los pulmones, claro), un chakra bisagra que comunica a los 3 chakras inferiores o de la personalidad con los chakras superiores o más transpersonales.

Los pensamientos necesitan expandirse, como el Aire. Por eso los humanos tenemos necesidad compartir aquello que pensamos, descubrimos, sentimos. Lo llevamos a la mente y creamos y expandimos nuestro ser a través de nuestra música, poesía, escritos, y el arte en general, etc. El pensamiento, como el Aire, requiere de la expansión, porque, de hecho, forma parte de su naturaleza.

A las personas con mucho Aire les cuesta tocar con los pies en el suelo, les suele faltar Tierra. Los que se enojan por demasiado Fuego, carecen del Agua necesaria. En una próxima entrega ahondaremos en sus relaciones mutuas y os hablaremos de como aprovechar nuestros conocimientos de los 4 Elementos para nuestro equilibrio.

Gracias por permitir que mi Aire se expanda y llegue hasta vosotros para, quien sabe, contribuir a su vez a seguir esta expansión eterna de la conciencia.

Yo Soy Tierra, Yo Soy Agua, Yo Soy Fuego, Yo Soy Aire

Un abrazoP1050601

 

Yo Soy Fuego – Curso de comunicación con la naturaleza XIII

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Me estremece la visión del volcán en erupción, con ese fuego que emerge del interior de la Tierra. Me entristecen los bosques quemados, como los que hace poco han afectado a mis hermanos gallegos, en el noroeste de España, o en Portugal, en el oeste peninsular, o la devastación que el fuego provocó en diversas regiones de Chile este año.

Pero cuando miro más allá de la catástrofe no puedo sino ver al elemento trascendente, al Fuego que está tras el fuego y sin valorar los porqués, siento el poder que el Fuego simboliza.

Fuego es transformación, como la que en nuestro estomago se da cuando digerimos los alimentos ingeridos. La zona se calienta, la sangre acude para enriquecerse con el fruto de la digestión. Los ácidos, masculinos, fragmentan, transforman, usando el poder del Fuego.

Si tomáis en vuestras manos un tronco ardiendo y tratáis de hacer que la llama crezca hacia abajo, enseguida percibiréis la imposibilidad de tal intento. Probad con una cerilla. El fuego siempre crece hacia arriba, siempre intenta elevarse hacia el cielo. Quizás de ese intento y de la forma que toman las llamas su símbolo siempre ha sido el del triángulo porque realmente parece que tienda a vencer la gravedad, a ascender. El fuego siempre va hacia arriba.

Cuando veo una gran llama y recuerdo su representación triangular viene a mi mente el acto de la sublimación, la combustión de la dualidad, representada por los dos vértices inferiores del triángulo, o de la base de la llama. Esa dualidad es quemada, calcinada, transformada, elevando lo que queda hacia el vértice superior, la punta de la llama. Un solo vértice representación de la Unidad que queda cuando lo dual ha sido quemado, transformado. Por eso el Fuego es un elemento tan potente, peligroso y transformador.

El fuego está en mi células cuando usan el oxigeno para obtener su energía. En la digestión de los alimentos. Está en la llama de una vela y también en el Sol que calienta la tierra y permite la vida, una vida que no existiría sin esa llama cuasi eterna.

La luz que desprende el fuego ha sido, desde antiguo, asociada a la conciencia, porque en la Luz vemos, comprendemos.

Este elemento, como todos, tiene que estar en equilibrio. Sabemos algunos que cuando nos enojamos nuestro fuego ha crecido o que a veces la energía del fuego es apagada por el agua del miedo, una emoción de talante más acuoso.

Las épocas de mucho fuego en nuestras vidas son épocas intensas, quizás como las de ahora. Hay que cuidar que el Fuego no nos queme, pero al tiempo, es muy posible que agradezcamos ser el crisol de tal transformación.

Recordemos que la Tierra era muy estática y que la gravedad no permitía su movimiento y tampoco grandes cambios. Con el Agua el movimiento si existía, pero aún queriendo no nos era posible ir más allá de la prisión de la gravedad. Cuerpo y emociones mandaban en nuestra vida. Con la entrada en juego del Fuego las emociones se pueden quemar, como se quema a veces nuestra vida en los fuegos del karma que nos toca vivir. Ese calor que nos hace arder, también puede transformar nuestra vida y llevarnos en dirección a la unidad. Después del fuego solo queda lo incombustible, ese Amor en mayúscula. El Fuego es un elemento menos denso, más fluido, que asciende y no puede cesar en su poder transformador. Si solo somos Fuego nos quemaremos y quizás antes de tiempo dejaremos esta dualidad. Pero el Fuego, con el enfriamiento del Agua y la serenidad de la Tierra nos hará mejores. Es un paso más hacia la transformación interior.

Siéntate delante de las llamas. Sea una vela o una chimenea. Observa su movimiento, incesante, como lame la madera, como los colores cambian de rojo intenso, naranja, amarillo y blanco. Hasta plateado. Observa sin prisas y siente su calor. Un calor vivo que penetra en ti. Acerca las manos sin quemarte y como si ellas pudieran respirar, absorbe el calor de la llama. Absorbe y cuando las sientas llenas, lleva las  manos a donde te duela. Lleva el fuego transformador a tu cuerpo, tus emociones o tu espíritu y pide al fuego que te ayude a quemar la dualidad de tus días y te conecte con la Unidad que eres en realidad. Todo Luz, desde siempre y para siempre.

Yo Soy Tierra, Yo Soy Agua, Yo Soy Fuego

Para siempre,

Jordi

Yo Soy Agua – Curso de comunicación con la naturaleza XII

El río fluye por nuestras venas alimentando con su agua enriquecida de nutrientes y de oxigeno cada una de nuestras células. El agua baja por nuestra garganta y es absorbida por las paredes de nuestros intestinos. El agua sale de nuestro cuerpo con el sudor de los días cálidos de verano y drenándose por los riñones diluye las partículas de desecho y permite su liberación en la orina.

Esta es el agua de la vida, aquella que forma el 70 % de nuestro cuerpo. Nadie duda, pues, que somos agua.

Pero esa agua simboliza el otro Agua, que también Somos. El Agua arquetípica que simboliza la Vida de nuestro planeta azul.

El agua fluye, atraída por la gravedad hacia el punto más bajo. El agua, a diferencia de la tierra está dotada de la capacidad del movimiento, la fluidez y la acción. El agua no ejerce una resistencia pasiva, sino un movimiento activo y siempre pujante. El agua como sabéis, no tiene forma propia. Se adapta fácilmente a su contenedor, adquiriendo su forma. El agua disuelve toda clase de sales y elementos en su interior y arropándolos en su sino, los transporta.

El agua es una página en blanco en la que se inscriben las memorias de los lugares por los que pasa. Cuando más largo es su recorrido, mayores son sus conocimientos ocultos.

No es de extrañar que el recorrido de un río pueda ser relacionado con el río que es la propia vida. Un nacimiento suave en el manantial de montaña, que se acelera en su adolescente bajada por las laderas, se enlentece en los llanos de la madurez, remansándose a menudo hasta llegar a desaparecer en el océano que todos nos acoge al final de nuestros días.

Como el agua es imprescindible para la vida, su simbolismo ha enriquecido al Agua de donde viene su significado profundo.

Agua es nuestra capacidad de fluir con los acontecimientos del día a día. Agua es disolver en nosotros los aprendizajes, propios y ajenos.

Agua es moverse para encontrar el camino de menor resistencia que nos permita llegar a nuestro océano.

Agua es adaptarse a los contenedores que la Vida nos presente, en forma de situaciones o relaciones.

El Agua es tantas cosas. En el agua hay tantos aprendizajes. Fíjate sino en una playa, con el ir y venir de las olas. Unas olas que llevan gotas de esa agua, unas gotas que rompen en la playa y experimentan una corta vida como individuos antes de volver al mar del que salieron. Esa visión del Agua nos cuenta en realidad como somos o, mejor dicho, lo que Somos. Somos océano, siempre. Somos ola, con el grupo con el que compartimos nuestra existencia en cada vida, y somos gota, individuos, brevemente, como un suspiro que permite absorber los conocimientos de nuestra pequeña existencia para verterlos al océano, compartiendo lo aprendido con el resto de gotas, olas y el océano entero.

¿Quieres conocerte a ti mismo? Siéntate en la playa y observa el ir y venir de la olas. Mira el río en sus etapas, todas distintas, todas necesarias, todas comprensibles. Sucede a veces que siendo remansos, no entendemos la fuerza de las cascadas o de los rápidos de un río. Todo está bien. El Agua fluye y acepta. Seamos Agua.

Siéntate al lado de un arroyo y escucha. El agua canta, siempre lo hace, pero no solemos escucharla. A menudo sus cantos parecen voces humanas que se acerca o se alejan. Cada instante lleva un agua distinta y aunque sea el mismo río, una rama cae en él y entorpece el fluir. El agua sortea el obstáculo y al saltar, se activa un nuevo sonido.

Escúchala, déjate llevar por esa voz, ese canto y la aceptación del río. Hazlo con los ojos cerrados, centrado en escuchar y en unos minutos percibirás ese canto y en unos más ya no dudaras nunca que el agua está viva y nos habla del Agua, gracias  a la cual se originó la vida y el movimiento.

Si la Tierra nos aportaba su fortaleza y nos recordaba que también somos sólidos y fuertes. El Agua nos cantará el mensaje de la fluidez, la adaptabilidad, la memoria, etc.

Y en nosotros el aspecto que más se parece al Agua, son las emociones, que fluyen, o deberían hacerlo. A veces rápidas, otras lentas. También estancadas, pero entonces se pudren y nos hacen mal. Somos Agua y el Agua es fluir.

Yo Soy Tierra. Yo Soy Agua.

Una abrazo.

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Yo Soy Tierra – Curso de comunicación con la naturaleza XI

Esta comunicación sigue a la introducción sobre los 4 elementos que colgué en el blog el 14 de mayo con el título:  Comprender y Traducir. Los 4 Elementos – Curso de comunicación con la naturaleza VIII

Como ya os decía en la octava entrega, los 4 Elementos son mucho más que el material físico con los que los asociamos. Así la tierra en la que plantamos una semilla y la dureza y rigidez de nuestros huesos, forman parte de un entramado universal al que llamamos Tierra (y con la mayúscula distinguiremos la Tierra como elemento universal y multidimensional de la tierra que pisamos y en la que cultivamos).

Cuando percibo mi ser siento aspectos duros, rígidos y densos en mi cuerpo, en mis emociones y en mi forma de pensar. Los huesos, dientes, uñas, las partes más densas de mi musculatura forma parte de esta Tierra que Soy. También el miedo a los cambios, que a veces puede cristalizar en cálculos renales ilustra el Elemento. Y asociado a este miedo está también el valor y la fortaleza, y la constancia, a menudo preñada de rigidez. Tierra es el elemento que cristaliza, que materializa, el más denso de todos, también el más joven y reciente, el último que se formó en un universo naciente pleno de energía. Es la base sólida sobre la que el resto se mueven y unen para formar la vida.

A veces imagino a Tierra como a un ser casi infinito que encarna un mandato divino, el de ser el sostén del mundo material en todo el Universo. Pero Tierra, como ya os adelantaba, es también el patrón de aquello que no se mueve, aquello estático, rígido, fuerte, inconmovible.

Para conocer lo que no vemos del elemento Tierra (y de cualquier otro) podemos tratar de conocer los aspectos que sí vemos a partir de la tierra.

¿Qué características tiene la tierra que pisamos? ¿Se mueve por si misma? ¿Con que fuerzas está vinculada?

Las respuestas a estas preguntas son sencillas. La tierra que pisamos no se mueve (a eso los amigos chilenos y de otros países sísmicos seguro le pondrán alguna objeción, aunque es la fluidez del Agua la que mueve las placas tectónicas y las hace colisionar). Es estática, sólida, rígida, vinculada especialmente a la fuerza de la gravedad que la atrae sin remedio. Es densa y a pesar de la gran variabilidad de materiales que existen, es más densa que el agua, el fuego o el aire. En un ser vivo no se la encuentra sola porque para la vida el agua, el aire y el fuego, son también imprescindibles. Quizás las rocas sean las únicas partes del universo en que tierra y Tierra coincidan completamente. Por eso su gran potencia en encarnar las virtudes y cualidades del Elemento.

Tierra es el Elemento que encarna la seguridad, porque es el único estático, el más denso o sostenedor. O acaso alguno de nosotros construiría castillos en el aire o su hogar en las aguas de una marisma, por no decir al lado de un río de lava. Esa misma solidez e inmutabilidad que a veces convierte a quien tiene un exceso de este Elemento en un ser rígido, confiere también esa seguridad inconmovible de una cierta permanencia en un mundo, el humano, completamente cambiante.

A parte de formar nuestro cuerpo físico, decíamos, Tierra también forma parte de nuestro cuerpo emocional y de nuestro cuerpo mental. Constancia, rigidez, tozudez, solidez, estabilidad, sostenimiento, dureza, acogimiento, confiabilidad, nutrición, fertilidad, plenitud, enraizamiento, riqueza, resistencia, conservación, perseverancia, fortaleza, permanencia, quietud, miedo, especialmente al cambio, inmovilismo, pesadez, concreción, etc.

Es el Elemento de la forma y la estructura, el que permite materializar, construir, el que es lo suficientemente tangible como para trabajar en él. Lo podemos tocar, sentir y da la sensación de realismo a este mundo onírico en el que parecemos vivir.

Los griegos decían del Elemento que era frío y seco. Los chinos lo llamarían Yin. Y los hindúes lo vincularían al primer chakra, responsable de la conexión energética del ser humano con la Madre Tierra.

Estas características del Elemento, como habréis percibido, pueden ser positivas o negativas en función del individuo y de su falta o exceso. Dicho de otra manera, pueden existir personas que sufran de un exceso de Tierra y otras de carencia de la misma.

Si cada uno de nosotros nos analizamos a partir de las características del Elemento nombradas más arriba, podremos ver si este Elemento se encuentra en equilibrio y si no es así, si nos sobra o falta Tierra.

Si tenemos muchas ideas, imaginación y deseos pero no materializamos ninguna de ellas, seguramente estamos sufriendo de un defecto de Tierra. Es entonces que podemos acudir a sentarnos en una gran roca y pedir su asistencia y sus lecciones de vida (ver en el Blog “¿Y si las piedras hablaran?). Ellas entienden cómo materializar porque vive su vida estática aunque su espíritu inquieto viaje por el universo entero. También podemos buscar una esencia floral que nos ayude a materializar, como Clematis de Bach, que fomenta la “toma de tierra” en nuestro ser. La tomaremos y también nos la pondremos en nuestros chakras de los pies. Es altamente eficaz para ayudarnos a enraizar y materializar.

Si te falta Tierra, búscala. Está en todas partes.

Puede darse también que seamos muy rígidos en nuestros pensamientos, en nuestra forma de ser y que impidamos que la fluidez entre en nuestras vidas. Todo cuesta, todo son normas de las que no podemos sustraernos. A esa falta de movilidad le sobra Tierra, pero le falta algo que aporte fluidez. Podemos tomar Oak de Bach que nos ayudará a fluir, a procesar nuestras necesidades, a escucharnos y respetar al cuerpo.

A veces para activar una Tierra excesivamente rígida nos convendrá un elemento que la ponga en movimiento. El Elemento Agua sería de inestimable ayuda para fluir. Bañarnos en el mar, ríos o arroyos, hablarle al Agua al ducharnos, pedir su fluidez en cuerpos y mentes. Las características del Agua vienen a vitalizar el universo de la Tierra. Pero del Agua ya hablaremos en una próxima entrega.

Un Abrazo

 

¿Te hablan las plantas? Yo sé que si! Solo hay que saber escucharlas… – Curso de comunicación con la naturaleza X

Esta es una comunicación de Esther García, una profesional de la sanación y de las regresiones que hace ya muchos años que conoce y colabora con el Jardí. Es una miembro del grupo de trabajo del Jardí de les Essències y una entregada, como podréis ver, difusora del Jardí y todo lo que allí se da. Siempre alegría, entrega y expansión.

Tuve el gran placer de conocer a Jordi y su hermoso Jardí  hará ahora 10 años, aun recuerdo el primer día que entré, como si estuviera ahí.

Me forme con él e íbamos a preparar una esencia in situ, preparamos CHICORY y CLEMATIS, por aquellos tiempos, la hermosa CLEMATIS ya florecía con 5 pétalos e incluso había algunas de 6 pétalos y Jordi nos explicaba que iba a hacer esencia de CLEMATIS 5 y probarla. (A día de hoy esta suficientemente probada y con unos resultados extraordinarios, la de niños que han nacido gracias a CLEMATIS 5, jejeje).

Recuerdo que junto a la planta Clematis, mientras Jordi nos explicaba, sentía una necesidad imperiosa de ir a explorar el Jardí, (en esa época el Jardí no era tan grande como hoy, solo había una primera parcela),  mientras Jordi explicaba, yo sentía que quería ir hacia mi derecha, algo o alguien me llamaba… no podía dejar de mirar, aunque solo veía plantas, pero esa sensación persistía. En aquel entonces yo era muy tímida, me callé y seguí escuchando a Jordi, haciendo caso omiso a lo que sentía.

Fue una mañana estupenda, Jordi no solo me había enseñado sobre las Flores de Bach, al llevarme al Jardí, se  despertó en mi una consciencia sobre la importancia de las Plantas que hasta ese momento no tenía, y gracias a eso, antes de marchar me atreví a confesarle a Jordi lo que había estado sintiendo toda la mañana… había un lugar al que yo quería ir, pero no visitamos. Esta fue otra de las razones por la que me atreví a hablar.

Con timidez le pregunté: ¿Jordi, podemos ir a ver esa parte del Jardí? Le señalaba la parte derecha del Jardí, donde había mucha espesura vegetal. Con su sonrisa picara, me contesto: ¿Por qué? Y le fui sincera: Porque desde que he llegado aquí, tengo la sensación que debó ir allí, algo me llama…

Por poco me caigo de culo con la contestación, ja ja ja ja:

  • “Ahí no puede entrar ningún humano, cuando decidí cultivar aquí las plantas de Bach, le prometí a la naturaleza que esa parte de ahí, seria para las devas y los seres que cuidan el Jardí, para que pudieran vivir tranquilos sin qué ningún humano les molestara”.

No me lo podía creer!!! Y me habían llamado! Y lo mejor… lo había sentido!! Ese día la Esther que salió del Jardí, no fue la misma. Gracias Jardí!!

Pasó el tiempo y volví en una visita al Jardí, seguía siendo el mismo, ese día lo disfrute más todavía, me deje sentir por la magia de ese lugar, había algo ahí que me fascinaba.

Después de esa segunda visita al Jardi, tarde tres años más en volver, pero el Jardí siempre estuvo en mi corazón, ya me había Formado como Terapeuta profesional en flores y  vivía en mí y en mis clientes los beneficios de estas.

La tercera vez que volví al Jardí no puedo explicaros con palabras lo que viví y sentí…. Nada mas entrar, ya sentí que el Jardí era “otro”, sus energías eran más elevadas, había mayor expansión (yo sabía que Jordi había comprado tierras y el Jardí era más grande, pero nunca imaginé, la belleza que se había creado).  Empezamos la visita, por donde yo ya conocía, me encanta oír explicarse a Jordi, no me canso (je, je je) y me deje disfrutar con su maravillosas explicaciones sobre el precioso WHITE CHESTNUT, CHICORY, AGRIMONY, etc… que hay al comienzo de la visita. Pero a medida que andábamos, Jordi nos llevo a la parte baja del Jardí… UFFFFF cuando lo vi!!!… No podía parar de llorar!! Había abierto la parte que yo, desde el primer día, había querido ir, ante mí se mostro una hermosa pared de piedra llena de plantas, que a través de sus fisuras corría el agua, ese instante para mí fue mágico… sentí tanto AMOR ahí, no lo puedo explicar, pero siempre supe que ese era un sitio muy especial.

Las sorpresas no acabaron ahí… Seguimos nuestro paseo, y entramos como en un laberinto de cañas, parecidas al bambú, ese paseo fue como un viaje por mi interior, sentí  miedos, incertidumbre, desasosiego etc., no fue agradable… pero al salir se hizo la Luz, ese camino terminaba en una preciosa explanada donde vive un viejo y hermoso WILLOW justo al lado de una hermosa cascada. Uff nuevamente me volví a emocionar, OTRO LUGAR MAGICO, pensé!  Ese día, cuando terminamos la visita, me fui llena, pensando, que ese lugar era mágico, que ahí no solo estaban las plantas que nos ayudan a sanar con sus preciosas vibraciones, sino que habría mucho mas.

Poco tiempo después recibí un correo de Jordi diciéndome, que si quería colaborar con él y unos cuantos más en el Jardí, Os imagináis que dije? Jajaja desde entonces, voy cada mes con Jordi y mis compañeros al Jardí, nos conectamos con las plantas, les escuchamos, intentamos ayudar a que estén lo mas a gusto posible, al igual que hacen ellas con nosotros, y mucho mas…  Podría seguir explicando vivencias, pero prefiero que seáis vosotros mismos los que las viváis, por eso desde aquí os animo a que si podéis, os pongáis en contacto con Jordi y visitéis el Jardí, y si no podéis no importa, tomar sus esencias, pues en ellas esta esa preciosa energía que impregna el Jardí.P1040955

El Jardí crece cada día, sus energías son mágicas, las plantas que viven allí están ayudando a muchísima gente a sanarse. Cada día que pasa el Jardí se expande más y más y yo con él. Desde aquí quiero dar las gracias infinitas a Jordi, a mis compañeros y como no al JARDI! Porque las plantas no solo nos hablan… sino que nos ayudan a expandir nuestra conciencia, solo hay que saber escucharlas…

 

¡Claro que hablas, planta! – Curso de comunicación con la naturaleza IX

Esta comunicación es de Daniel Roda, uno de los sanadores del grupo de trabajo del Jardí de les Essències. Pero más que eso a menudo, como dice él mismo, es también mis manos y brazos, mi fuerza física, llegando a donde yo no llego por tiempo y energía. Es también un corazón sensible que al tiempo que desmaleza el Jardí, infunde un orden armónico y natural, de una bendita sencillez.

Trabajé varios años como alguacil del pueblo donde crecí, aprendiendo a hacer un poco de todo, arreglando averías comunitarias, repartiendo avisos para los vecinos, limpiando plazas, jardines y barriendo mis miedos a la vez que las calles.

…y la Vida nos hizo coincidir con Jordi, y con él, el mundo de las esencias florales, conocí al Jardí. Congeniamos y empezamos a trabajar…

Mi cometido principal es preparar y mantener en vida (feliz) las especies que el Jardí va adoptando.

Nos agrada pensar que mis brazos son extensiones de los de Jordi, y hoy escribo porque quiero compartir algunas vivencias de estos últimos nueve años laborando por este mágico lugar.

Y no se trata de un lugar más mágico que otro, simplemente creemos que el respeto a la vida natural y la relación de su impulsor con las plantas, va transformando unos antiguos huertos en un espacio de investigación, descubrimiento, recuerdo y a su vez, crecimiento.

Las herramientas utilizadas son las mismas que las de los demás jardineros; guantes, tijeras podadoras, sierra, maquina desbrozadora, rastrillo, pala, etc…

La diferencia con otros jardines la comprendí después de unos cuantos ataques de las espinas de las zarzas y de maquinas que no querían funcionar…
En ocasiones, cuando uno intenta desbrozar con maquina una zona donde mamá Naturaleza pide silencio, no hay manera de avanzar; o se acaba la gasolina, se rompe el hilo desbrozador continuamente, o los arbustos de la zona se encargan, con sus “ramas-látigo”, de avisar que se cambie nuestra forma de acercamiento a ellos.
Entonces uno hace lo que sencillamente llamamos “pasar a modo manual”. Nada de ruido, máquinas guardadas y desbroce con tijeras de mano… y el avance es asombroso.

Emulando a los jabalíes y siguiendo sus senderos, descubrimos el hermoso Sauce (Willow) y conocimos lo que en un futuro seria parte del laberinto del Jardí.

Como si fuera una sopa de letras o un juego de pistas, fuimos encontrando entre los restos de desbroce y ramas caídas, las letras para conformar el nombre del lugar: El Jardí de les Essències.  Aparecieron todas, incluso la “R”!! Entendimos que al espacio le gustaba el nombre…

Al pasar, siempre miraba de reojo aquella gran piedra rectangular al lado del camino, y me fue imposible moverla cuando quise utilizarla para hacer un peldaño de escalera, era demasiado pesada. Un día percibí que, a unos metros de donde se encontraba la gran piedra, un punto concreto del Jardí, parecía reclamarla. Fue como encajar la pieza de un rompecabezas, nada de esfuerzo. Aún cuesta entender cómo se dejó mover tan fácilmente… Pero ese movimiento generó nueva energía en el espacio, nuevas aperturas sanadoras.

Para construir la verja de madera de la entrada externa del Jardí, utilizamos la idea menorquina de “ses tanques” aprovechando troncos de árboles caídos. Faltaba uno para acabar y estuve buscando en las inmediaciones…

Al otro lado del riachuelo apareció el tronco que necesitaba. Un sanguino crecía inclinado buscando luz entre la maleza enmarañada del margen del río. Había varios y no pensé. Corté “por lo sano” y finalicé el cercado. “Buen trabajo”, me dije…

Una semana más tarde, Jordi sin saber de dónde conseguí las maderas, me pregunto si sabía que había pasado en esa zona concreta del riachuelo…

Se había paseado y percibido dolor en dicho lugar. Entonces recordamos!! Había segado la vida de un árbol, sin pedir permiso ni dar las gracias por su nueva función.

Como todo trabajador y humano, uno comete errores, y en todo este tiempo, cada baja vegetal que ha producido la falta de atención en el manejo de alguna herramienta, ha ayudado a aprender que nuestra unión con este reino vegetal puede llegar a ser muy pero que muy íntima, intensa, y a veces dolorosa…

…y también pasan cosas bonitas…

En cierta ocasión, estaba desayunando sentado en un banco hecho con un viejo trozo de pino, cuando apareció una comadreja, un pequeño mamífero carnívoro habitual en el bosque mediterráneo. Nos quedamos mirando fijamente, a unos cinco metros de distancia…cual fue mi sorpresa cuando arrancó a correr en mi dirección pasando justo por debajo de mis piernas!!

Jabalíes, tejones, zorros, visones, ardillas, todo tipo de aves locales y foráneas, lagartos, peces, anfibios, duendes y devas conviven en, y con toda la familia de plantas que conforma este precioso paraje. Queremos ser capaces de ser uno más.

La Naturaleza nos da continuamente señales de cómo tenemos que acercarnos a ella. Y si realmente todo está unido, ¿serán señales para conocerse mejor y aprender a respetarse?

Sí, estoy de acuerdo, las plantas hablan…

Daniel

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