Han pasado al menos 35 años desde que escuche decir a André Malby, un maestro espiritual francés que ocasionalmente hablaba en un programa de Catalunya Radio, decir que en la vida todo lo que veníamos a hacer era Recordar.
“Sintonia Alfa” se llamaba esa joya que escuchaba los domingos desde las 00.00 h hasta las 2.00 h de la madrugada. André era magnético, intenso, a veces brutal, sin contemplaciones y siempre hablaba de la gran importancia de recordar quienes éramos.
Nunca entendí que estaba queriendo decir con eso de recordar. Nunca. Pero su voz me atrapaba. Después de tantos años el otro día sus palabras vinieron a mi mente. Ahora, no solo sé que quiso decir con Recordar, sino que estoy plenamente de acuerdo con él. Antes me faltaban datos, experiencias y conocimientos y, sobre todo, recordar.
Cada esencia floral que he tomado, cada ejercicio de Tai-Chi, cada imposición de manos, cada esencia elaborada, cada conexión realizada con una planta, roca, Deva o lugar, cada persona a la que escuché en profundidad. Todo, todo, me ha llevado a recordar. A recordar Quien Soy. A recordar mi Yo olvidado.
Siempre, conscientes o no, el Universo no cesa de recordarnos Quienes Somos. A cada momento de cada día.
Como elaborador y terapeuta floral mi camino para recordar se ha centrado más en las flores. Pero para cada uno puede ser algo distinto. Todo nos lleva a nosotros mismos a pesar de que nuestro entorno parece luchar para que eso no sea así y nos marea con movimientos centrífugos constantes con la intención de mantenernos alejados de nuestro centro. Pero ese movimiento hacia la periferia no puede ser permanente. De serlo nos llevará a la tristeza, a la falta de sentido de nuestra vida, al hastío, o a la búsqueda de un placer constante que se va manifestando más vacío cada vez. También ese cansancio está bien. El fruto madura a su tiempo, no antes. Sino fijaos en mí y lo que tardé en empezar a recordar.
Y un día, sin saber porque, entiendes un poco más y recuerdas, recuerdas más y más Quién Eres. A veces el mensaje de alguien, una esencia o la lectura de un libro que te conmueve.
Pero para mi cada esencia que tomé fue un recuerdo que se destapó. Mi primera Impatiens en mi acelerada juventud le dijo a mi personalidad que correr estaba bien, pero que tenía que hacerlo con sentido. Que la energía para iniciar proyectos era parte de un principio cósmico, el Principio Cósmico del Impulso, un principio universal que yo tenía, quizás en exceso. La esencia me recordó, sin quitarme la energía, que hay que terminar lo que se empieza antes de iniciar algo nuevo. Que iniciar siempre cosas nuevas es una forma de huir hacia delante, de no tener la paciencia de esperar a que los proyectos se consoliden. Ahí recordé que puedo ser paciente y empecé a plantar árboles que quizás jamás llegaré a ver florecidos.
Una vida siempre cerca de la naturaleza y de su seguridad. A menudo muy lejos de la otra gente que a veces hacía que me sintiera saturado. Y llegó la esencia de Water Violet y me dijo que me mezclara con todos, aunque me sintiera saturado. Que la vida requería a veces del aislamiento, pero no habitualmente, ya que solo se evoluciona en el contacto con los demás. Y recordé mi hermandad con todos y me fui a vivir un año a Paraguay en contacto frecuente con las comunidades indígenas del Chaco paraguayo.
Cada esencia me hablaba de su don y me decía que ese don ya era mío, que siempre lo había sido. Que las plantas estaban para ayudarnos a recordar las infinitas maravillas de Dios. Unas 400.000 especies de plantas eran unos 400.000 tipos de dones del Creador. Unos 400.000 dones que estaban en mi interior y que yo había olvidado.
Los había olvidado de común acuerdo con mi Presencia Divina. Los había olvidado para que pudiera experimentarlos de nuevo al recordarlos, como si fuera la primera vez. Y como yo, creo que todos estamos en lo mismo. Tenemos el infinito en nuestro interior y nos preocupamos por todo aquello que nos falta. Que en realidad es una única cosa: Recordar.
Doy gracias a Dios cada día por la posibilidad de recordar y a cada nuevo recuerdo, el puzzle adquiere una nueva pieza que lo hace más reconocible, hasta el momento en que éste estará completo y ya seremos Dios.
