¡Claro que hablas, planta! – Curso de comunicación con la naturaleza IX

Esta comunicación es de Daniel Roda, uno de los sanadores del grupo de trabajo del Jardí de les Essències. Pero más que eso a menudo, como dice él mismo, es también mis manos y brazos, mi fuerza física, llegando a donde yo no llego por tiempo y energía. Es también un corazón sensible que al tiempo que desmaleza el Jardí, infunde un orden armónico y natural, de una bendita sencillez.

Trabajé varios años como alguacil del pueblo donde crecí, aprendiendo a hacer un poco de todo, arreglando averías comunitarias, repartiendo avisos para los vecinos, limpiando plazas, jardines y barriendo mis miedos a la vez que las calles.

…y la Vida nos hizo coincidir con Jordi, y con él, el mundo de las esencias florales, conocí al Jardí. Congeniamos y empezamos a trabajar…

Mi cometido principal es preparar y mantener en vida (feliz) las especies que el Jardí va adoptando.

Nos agrada pensar que mis brazos son extensiones de los de Jordi, y hoy escribo porque quiero compartir algunas vivencias de estos últimos nueve años laborando por este mágico lugar.

Y no se trata de un lugar más mágico que otro, simplemente creemos que el respeto a la vida natural y la relación de su impulsor con las plantas, va transformando unos antiguos huertos en un espacio de investigación, descubrimiento, recuerdo y a su vez, crecimiento.

Las herramientas utilizadas son las mismas que las de los demás jardineros; guantes, tijeras podadoras, sierra, maquina desbrozadora, rastrillo, pala, etc…

La diferencia con otros jardines la comprendí después de unos cuantos ataques de las espinas de las zarzas y de maquinas que no querían funcionar…
En ocasiones, cuando uno intenta desbrozar con maquina una zona donde mamá Naturaleza pide silencio, no hay manera de avanzar; o se acaba la gasolina, se rompe el hilo desbrozador continuamente, o los arbustos de la zona se encargan, con sus “ramas-látigo”, de avisar que se cambie nuestra forma de acercamiento a ellos.
Entonces uno hace lo que sencillamente llamamos “pasar a modo manual”. Nada de ruido, máquinas guardadas y desbroce con tijeras de mano… y el avance es asombroso.

Emulando a los jabalíes y siguiendo sus senderos, descubrimos el hermoso Sauce (Willow) y conocimos lo que en un futuro seria parte del laberinto del Jardí.

Como si fuera una sopa de letras o un juego de pistas, fuimos encontrando entre los restos de desbroce y ramas caídas, las letras para conformar el nombre del lugar: El Jardí de les Essències.  Aparecieron todas, incluso la “R”!! Entendimos que al espacio le gustaba el nombre…

Al pasar, siempre miraba de reojo aquella gran piedra rectangular al lado del camino, y me fue imposible moverla cuando quise utilizarla para hacer un peldaño de escalera, era demasiado pesada. Un día percibí que, a unos metros de donde se encontraba la gran piedra, un punto concreto del Jardí, parecía reclamarla. Fue como encajar la pieza de un rompecabezas, nada de esfuerzo. Aún cuesta entender cómo se dejó mover tan fácilmente… Pero ese movimiento generó nueva energía en el espacio, nuevas aperturas sanadoras.

Para construir la verja de madera de la entrada externa del Jardí, utilizamos la idea menorquina de “ses tanques” aprovechando troncos de árboles caídos. Faltaba uno para acabar y estuve buscando en las inmediaciones…

Al otro lado del riachuelo apareció el tronco que necesitaba. Un sanguino crecía inclinado buscando luz entre la maleza enmarañada del margen del río. Había varios y no pensé. Corté “por lo sano” y finalicé el cercado. “Buen trabajo”, me dije…

Una semana más tarde, Jordi sin saber de dónde conseguí las maderas, me pregunto si sabía que había pasado en esa zona concreta del riachuelo…

Se había paseado y percibido dolor en dicho lugar. Entonces recordamos!! Había segado la vida de un árbol, sin pedir permiso ni dar las gracias por su nueva función.

Como todo trabajador y humano, uno comete errores, y en todo este tiempo, cada baja vegetal que ha producido la falta de atención en el manejo de alguna herramienta, ha ayudado a aprender que nuestra unión con este reino vegetal puede llegar a ser muy pero que muy íntima, intensa, y a veces dolorosa…

…y también pasan cosas bonitas…

En cierta ocasión, estaba desayunando sentado en un banco hecho con un viejo trozo de pino, cuando apareció una comadreja, un pequeño mamífero carnívoro habitual en el bosque mediterráneo. Nos quedamos mirando fijamente, a unos cinco metros de distancia…cual fue mi sorpresa cuando arrancó a correr en mi dirección pasando justo por debajo de mis piernas!!

Jabalíes, tejones, zorros, visones, ardillas, todo tipo de aves locales y foráneas, lagartos, peces, anfibios, duendes y devas conviven en, y con toda la familia de plantas que conforma este precioso paraje. Queremos ser capaces de ser uno más.

La Naturaleza nos da continuamente señales de cómo tenemos que acercarnos a ella. Y si realmente todo está unido, ¿serán señales para conocerse mejor y aprender a respetarse?

Sí, estoy de acuerdo, las plantas hablan…

Daniel

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