Jardines de Consciencia

Desde que trabajo con esencias florales, y en especial, desde que elaboro sus esencias, hace unos 20 años, he ido cambiando mi percepción de lo que es una esencia floral. Inicialmente pensaba que se trataba de un remedio al estilo de un medicamento, pero con su acción en el reino de las emociones. Al ir profundizando vi que no solo trabajaban con las emociones y sentimientos, sino también en el área de la mente y de la forma de pensar. Y como no en el equilibrio de la personalidad que no es sino un compendio de todo lo anterior. Realmente creía que la esencia nos daba algo que no teníamos, que nos faltaba por nuestra forma de ser o por nuestras circunstancias vitales.

Al ser elaborador y cultivar buena parte de las plantas de las que obtengo las esencias, mi contacto con estos seres verdes es estrecho, simbiótico diría a veces. Y con el tiempo no es posible separar la esencia de la planta de la que la obtengo. Tampoco puedo separar la planta de las devas con las que dicha especie forma unidad en la Conciencia.

Si vemos la signatura de cualquiera de las flores de Bach o de las especies que elaboro en El Jardí de les Essències, veremos que la planta nos cuenta en su crecer, en su forma o en sus colores lo que encarna dicha especie, lo que aporta como ser al todo que es nuestra Madre Tierra. Bach nos enseñó a extraer ese don y almacenarlo en una botellita, pero es el don que encarna la planta por entero, aunque nos centremos en la flor para preparar la esencia.  Por lo tanto, como la flor viene de la planta y no aparece sola en medio de la nada, la esencia deviene también una esencia de la planta, aunque se manifieste con mayor intensidad en la flor.

Por lo tanto, las plantas en su totalidad manifiestan el don. Un don entre miles posibles. El don que le da sentido a su existir, el don que la hace especial y única. Cada especie en este planeta jardín, tiene impronta del Ser, que Bach nos enseñó a elaborar.

Lo que quiero deciros es que más allá de las esencias que puede darnos cada especie, la planta entera encarna ese don y en su vivir manifiesta ese don al mundo.

Cada ecosistema es definido por el conjunto de relaciones que tejen los seres que en él viven. A nivel vegetal, si visitamos un hayedo en conciencia plena, en pura atención disfrutamos de la paz profunda de su silencio, tanto que hasta las hojas del suelo amortiguan nuestros pasos. La luz matizada por las hojas, la humedad por donde crece y por como sabe mantenerla en su interior. Así podríamos seguir en cada ambiente, en cada tipo de bosque o matorral.

Y un paso más allá sería crear nosotros estos ambientes conociendo los dones de las plantas. Como un jardinero crea un jardín conociendo los colores de las flores y los diseños de las hojas de cada especie y juega combinando para aportar belleza, nosotros, jardineros del alma humana, podríamos construir jardines de conciencia, incluso en las grandes ciudades.

Me imagino el “Jardín del Valor” en el que cultivaríamos Mimulus en un pequeño curso de agua, Rock Rose en la parte más seca y soleada del jardín, y todo jaspeado de Mimosas que llenarían de amarillo y de aroma los inviernos grises. Un jardín que nos enseñaría como afrontar el miedo, en el que los humanos, sentados entre plantas, conversaríamos de lo que nos da miedo y ansiedad y en el compartir conectaríamos con las especies vegetales y les pediríamos consejo. Así los seres verdes ayudarían a armonizar a los seres rojos. En cada ciudad el Jardín del Valor, el de la Paz Mental, El del Perdón, etc, etc. llenarían de sentido cada plaza. ¿Será posible algún día?

Las plantas están, y tienen la capacidad de armonizar y la intención de ayudar al reino humano a evolucionar. La pregunta es: ¿seremos los humanos lo bastante humildes para dejarnos en las manos tiernas de los seres verdes?

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4 comentarios sobre “Jardines de Consciencia

  1. que maravilla Jordi leer este pensamiento que te viene de convivir con seres verdes tan evolucionados. Espero algun día visitar los jardines. Infinitas gracias. Reenvío el texto para hijas de amigas y otras personas jovenes desorientadas. Un abrazo,

    Patricia H. Zapata

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  2. Gracias Jordi, si solo usaramos mas aire y respiraramos mas, algo tan natural como vital, hariamos mas silencio y podriamos escuchar /nos un poquito mas…sigamos cultivando jardines de conciencia…hermoso

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